Así financian los contribuyentes la ganadería intensiva y la deforestación

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La Unión Europea podría liberar 19’4 millones de hectáreas de tierra si apostara por la inversión en la alimentación vegetal

Los gobiernos de todo el mundo alimentan la deforestación y la crisis climática a través de subvenciones a la ganadería intensiva, procedentes de dinero de los contribuyentes. Países como China, Estados Unidos, India y el conjunto de la Unión Europea están involucrados en la financiación de esta industria devastadora. Así lo revela un informe publicado por World Animal Protection.

El informe revela las ingentes cantidades de dinero que reciben las granjas industriales, en comparación con los pequeños agricultores. El sector agroganadero es uno de los que más subvenciones recibe a nivel mundial. Solo lo supera el de los combustibles fósiles. A su vez, la ganadería representa el 15% de todo el consumo de estos combustibles.

Sin embargo, la ganadería es una de las principales responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global (34%). Esta actividad supone, así, un freno al cumplimiento de objetivos como los del Acuerdo de París. «Las granjas industriales contaminan, destruyen la biodiversidad y someten a los animales a un sufrimiento inmenso», señalan desde World Animal Protection.

Las subvenciones se dirigen, principalmente, a las grandes empresas cárnicas. Para Kelly Dent, directora de Relaciones Externas de la organización, estas «deberían impulsar sistemas alimentarios sostenibles y humanos».

Las claves

Entre los datos clave del informe, se encuentran los siguientes:

  • La industria agroganadera podría generar el 52% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero para 2053 si no se toman medidas.
  • La producción de alimentos insostenibles subvencionada impulsa la expansión de la superficie cultivada, lo que provoca aproximadamente un 14% de la deforestación en todo el mundo.
  • La cría de vacuno y la soja utilizada para la alimentación de los animales en granjas son las principales responsables de esa deforestación, que tiene lugar principalmente en Sudamérica.
  • Existe una importante falta de transparencia sobre las subvenciones a esta industria en todo el mundo. La mayoría de los países no revelan las cifras exactas de financiación a la producción animal.

En Brasil, sede de la COP30 que acaba de finalizar, las subvenciones concedidas a la ganadería vacuna ascienden a unos 3100 millones de dólares estadounidenses al año. Optar por otros modelos permitiría liberar 11’6 millones de hectáreas de tierra, aproximadamente el tamaño de Cuba. Por el contrario, fomentar la ganadería industrial aumentará la pérdida de biodiversidad, la deforestación y la crisis climática.

En la Unión Europea, la financiación media anual es de unos 88500 millones de dólares (más del 80% de las subvenciones agrícolas). Según el informe, si la mitad de esta cantidad se dirigiera hacia la promoción de las dietas basadas en plantas y los sistemas agrícolas sostenibles, cada año se liberarían 19’4 millones de hectáreas de tierra (dos veces Portugal) y se ahorraría un millón de litros de agua solo en territorio europeo.

Sin embargo, los alimentos de origen vegetal, que representan casi dos tercios de las calorías que consumen los europeos, reciben menos de una quinta parte del aporte a la ganadería industrial.

Según World Animal Protection, 76000 millones de animales viven confinados en granjas industriales en todo el mundo. Este modelo «nos hace daño a todos», manifiesta la organización. Además del sufrimiento animal, el informe recalca que la financiación pública a la ganadería industrial perjudica a los pequeños agricultores, distorsiona los mercados y aumenta las desigualdades. Los consumidores, por su parte, pagan dos veces: en sus impuestos y en la cesta de la compra.

Financiación privada

La industria agroganadera también recibe millones de dólares de financiación privada, por parte de bancos y otras entidades. «Redirigir ese capital es esencial para que el mundo cumpla sus objetivos climáticos y ambientales, y ponga fin al sufrimiento de los animales atrapados en la ganadería intensiva», apuntan desde World Animal Protection.

Durante la COP30, la iniciativa FARMS lanzó una campaña para la transición proteica. Se trata de un nuevo marco para orientar a los inversores y las instituciones financieras hacia sistemas alimentaros éticos y sostenibles que prioricen las proteínas alternativas en una transición justa.

Esta transformación «requiere la colaboración de diversos sectores, como las finanzas, las políticas públicas, la agricultura y la sociedad civil», sostienen. La transición, a su vez «debe empoderar a los agricultores, proteger a los trabajadores y restaurar los ecosistemas, así como garantizar que todos los animales vivan libres de crueldad«.

La iniciativa irá de la mano de una hoja de ruta para la transición alimentaria, que presentará más de un centenar de recomendaciones para gobiernos, empresas e inversores.

One Health

Durante la COP30 también se presentó el Plan de Acción en Salud de Belén. Pero las organizaciones de protección animal piden una acción más contundente que aborde la ganadería industrial, el comercio de animales salvajes y la crisis climática como causas de las crisis sanitarias, bajo el enfoque One Health.

El plan reconoce que más allá de la respuesta a emergencias, debe priorizarse la prevención y abordar los riesgos para la salud interconectados, que afectan a los animales humanos y no humanos y a los ecosistemas. «No podemos seguir manteniendo animales en confinamiento, donde las enfermedades proliferan y pueden transmitirse con facilidad de animales a humanos», indica World Animal Protection. «La explotación de la fauna silvestre y la cría industrial de animales no están llevando al límite».

El sistema ganadero crea escenarios donde las enfermedades pueden surgir y mutar con rapidez. Pero más allá de este riesgo, los alimentos de origen animal se han relacionado con patologías cardiovasculares, diabetes tipo 2 y otras enfermedades. Además, la contaminación provocada por la ganadería puede acarrear problemas respiratorios o exposición a aguas no potables.

Metano

Otro análisis abordado en la COP30 fue el primer Informe Mundial sobre el Estado del Metano (GMSR), elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Coalición Clima y Aire Limpio. El estudio muestra que el mundo todavía está lejos de cumplir el objetivo de reducir un 30% las emisiones de metano para 2030, con respecto a los niveles de 2020. A la presentación del informe acudieron representantes de 159 países.

El estudio destaca que todavía existe un importante potencial de cambio en sectores como los combustibles fósiles, los residuos y la agricultura. Esta última se identifica como una de las áreas más difíciles donde lograr soluciones rápidas.

La ganadería intensiva contribuye de forma crucial a las emisiones de metano, pero esto sigue sin abordarse en muchas estrategias nacionales de mitigación.

Estas estrategias siguen centrándose en parches como «soluciones» tecnológicas como la cría selectiva y los aditivos en piensos.

World Animal Protection ha lanzado una serie de propuestas al respecto:

  • Asegurar que las estrategias de reducción del metano tengan en cuenta la escala e intensidad de la producción ganadera.
  • Apoyar una transición justa hacia sistemas alimentarios más éticos y sostenibles.
  • Mejorar la transparencia y la precisión en la medición y reporte del metano.
  • Alinear los objetivos climáticos, de biodiversidad y bienestar animal con las políticas agrícolas nacionales.

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