El impacto del sector sigue siendo al menos tres veces mayor al de cualquier alternativa vegetal
En su intento por presentar sus productos como sostenibles aún teniendo un impacto grave en las emisiones de gases de efecto invernadero, la industria láctea ha lanzado una nueva estrategia para calificar los alimentos procedentes de estas de respetuosos con el medio ambiente en Estados Unidos.
La compañía Athian, entre cuyos inversores se encuentra la propia industria láctea, ha puesto en marcha el primer sistema de comercio de derechos de emisión de gases de efecto invernadero. Su método consiste en proporcionar a las vacas un fármaco (Rumensin, comercializado por Elanco, uno de los principales fabricantes de medicamentos veterinarios y otro de los inversores de Athian) que promete aumentar la productividad de leche sin incrementar la cantidad de pienso para alimentar a las vacas, y por tanto, reduciendo las emisiones de metano que estas producen al hacer la digestión.
Athian también trabaja en otros métodos, como una estrategia de gestión de estiércol y la aplicación de otro aditivo para los piensos (Bovaer).
Su modus operandi consiste en la selección de prácticas que reducen las emisiones, hacer un seguimiento de su impacto, asignarles un valor que se traduce en créditos y conseguir que estos sean certificados por verificadores.
Sin embargo, la ganadería vacuna sigue sin ser una buena opción para el medio ambiente. Los lácteos emiten tres veces más emisiones de gases de efecto invernadero que cualquier alternativa vegetal y requieren nueve veces más tierra que la leche vegetal de mayor impacto.
El mercado del carbono
Cada vez más empresas buscan compensar sus emisiones dentro de los mercados de carbono, con créditos generados por acciones que reducen su impacto, como iniciativas de plantación de árboles. Sin embargo, algunas compañías abusan de la compra de estos derechos como forma de evitar la reducción de sus emisiones (greenwashing).
Fuente: Sentient Media.


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