La de Punch es una historia triste

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Si hay un animal que se ha viralizado en los últimos días, ese es Punch, el pequeño macaco japonés que no se separa de su orangután de peluche tras el rechazo tanto su madre como del resto de su manada. La de Punch es una historia muy triste. Y no porque los otros primates no lo acepten, sino por un motivo al que ningún medio de comunicación, ninguna de las cientos de cuentas de Punch que se han creado en redes sociales o que comparten sus imágenes y muy pocos comentarios han prestado atención: la cautividad. La condena de Punch es haber nacido en un zoológico en el que muy probablemente morirá.

Hoy Punch está en boca de todos. Pero pronto nadie lo recordará, porque lo viral pasa más rápido que las modas. Muchas de las personas que están pendientes del día a día del macaco pronto dejarán de seguirlo. O tal vez se enteren del momento en el que Punch será plenamente aceptado en su manada y se llevarán una alegría.

Porque en el fondo, la viralización de las imágenes de Punch apela a la ternura y a la emoción. A los sentimientos de los humanos que están tras la pantalla a miles de kilómetros. Pero nadie en absoluto está pensando en el macaco como un ser sintiente con sus propias necesidades e intereses. El cautiverio, por cierto, ni es una necesidad ni es un interés para Punch.

El papel de los medios

Una vez más, hay que reflexionar sobre el papel de los medios de comunicación generalistas, esos que llegan a las masas. Desde que existe Internet se han viralizado cientos de vídeos de animales en zoológicos, y los medios de comunicación todavía no han aprendido a interpretarlas a modo de denuncia. ¿Cuándo se atreverán a utilizar estos casos para informar sobre las implicaciones de la cautividad?

No lo hacen porque los medios son un reflejo de la sociedad. Y la sociedad en general es una gran desconocedora de los animales. O tal vez no lo hacen porque publicar el día a día de Punch genera clics. Los medios y las personas seguimos viendo a los otros animales como entretenimiento.

Lo que sabemos y lo que no

No sabemos absolutamente nada del macaco japonés. No tenemos ni idea de si la madre de Punch lo ha rechazado debido al estrés y las condiciones antinaturales del zoo o si la falta de aceptación de su manada es un comportamiento natural de la especie. Ni siquiera podemos adivinar si Punch busca consuelo en ese peluche o «un amigo», como mencionan numerosos comentarios. Y cuando vemos la dependencia extrema que Punch tiene de los trabajadores del zoo, no somos capaces de ver que eso no es normal ni natural.

Lo que sí sabemos es que Punch ha nacido en un zoo, que nunca conocerá su hábitat natural ni podrá hacerlo por las condiciones como ha sido criado. También sabemos que hay otros bebés de otras especies que no son rechazados por sus madres, pero somos los seres humanos quienes los separamos para comérnoslos.

La de Punch es una historia triste que debería provocar que todo el mundo se replanteara el papel de los zoológicos. Lejos de invitar a la reflexión, la viralización de las imágenes está atrayendo miles de visitantes al zoo japonés en el que se encuentra, muchos más de los que el centro esperaba recibir en todo un año. Incluso se han empezado a agotar las existencias del orangután de peluche de Ikea. Visto lo visto, no sería de extrañar que aumentara el mascotismo, y por ende, el tráfico de macacos japoneses. Encima quienes lo alimenten creerán que hacen un favor a los primates por alejarlos de una «naturaleza cruel».

La mejor forma de ayudar a Punch es huir de los zoológicos.

2 respuestas a «La de Punch es una historia triste»

  1. Tal vez la.madre de Punxh lo rechazo por el estrés de vivir en ese lugar
    Tan hostil hasta esos primates deben estar estresadoa

    1. Eso es algo que jamás nos dirá el zoológico que viraliza la historia para ganar visitantes

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