A pesar de que los sacrificios a menudo resultan ineficaces para reducir poblaciones, siguen planteándose como único plan posible
El Departamento de Pesca y Vida Silvestre de California ha aprobado un plan de «restauración» de la Isla Catalina, la más grande de las costas de Los Ángeles, que contempla la matanza de 2000 ciervos.
La presencia de ciervos en este hábitat obedece a su introducción por el ser humano durante el siglo XX, con fines de caza. Desde 2010, las autoridades han probado la matanza de más de 200 ciervos al año, sin que ello haya servido como medida de control poblacional.
El plan, impulsado por la organización Catalina Island Conservancy, es otro de los tantos planteamientos que apuestan por la matanza de especies no autóctonas calificadas de «invasoras» como supuesto método de protección de las autóctonas.
En este caso, Catalina Island Conservancy ha asegurado que los cuerpos de los ciervos se utilizarán como alimento para los cóndores californianos, en peligro de extinción. Sin embargo, todavía no se ha definido el método de caza y los residentes locales han expresado su preocupación por propuestas como la matanza desde helicópteros.
¿Inversión en futuro o falta de humanidad?
La organización considera que la Isla Catalina se recuperará con la desaparición de especies como el ciervo. Incluso su directora, Lauren Dennhardt, ha defendido el proyecto como «una de las inversiones más importantes» para el futuro de la isla.
Por ahora, la caza recreativa de ciervos por parte de residentes locales seguirá permitida hasta otoño de 2026.
El proyecto también se ha topado con la oposición de las entidades animalistas y de la propia supervisora del condado de Los Ángeles, Janice Hahn, cuyo distrito incluye la isla. «Tenemos la responsabilidad de gestionar la fauna salvaje de forma humanitaria y de respetar del fuerte vínculo que la ciudadanía tiene con estos animales», ha señalado Hahn. Por su parte, un grupo de habitantes de la isla y ambientalistas con enfoque animalista han propuesto la reubicación de los animales como plan alternativo.
Lejos de controlar la población, tanto la caza como las grandes matanzas de animales salvajes calificados de «invasores» a menudo resultan medidas ineficaces que requieren grandes recursos. A veces menos población implica más espacio y alimento para los individuos supervivientes, y cuando hay intereses cinegéticos de por medio, nunca se busca la eliminación completa de una especie. Además, las especies catalogadas como «invasoras» no siempre resultan perjudiciales para el ecosistema o para otras especies.
Fuente: EFE Verde.


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