Agricultura vuelve a ceder al lobby de la caza: unificadas las licencias en diez comunidades

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Andalucía y Castilla-La Mancha se suman al convenio que facilita la matanza de miles de animales

El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación ha firmado un convenio con diez comunidades autónomas por el que se unifican las licencias de caza. La medida facilita la matanza de animales por parte de cazadores en la mayor parte del territorio español e independientemente de su lugar de residencia. Estas diez autonomías son Andalucía, Aragón, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Comunidad Valenciana, Extremadura, Madrid, Galicia, Asturias y Murcia.

La nueva licencia interautonómica permitirá cazar en las distintas provincias de estas comunidades con un pago anual de 70 euros. También se unifican las licencias de pesca, por importe de 25 euros al año.

Aunque esta licencia unificada existía desde 2017, ahora se han incorporado dos nuevas autonomías donde la actividad cinegética es especialmente preocupante: Andalucía y Castilla-La Mancha. Andalucía ha considerado que la cuestión merecía un decreto-ley con carácter de urgencia para adaptar su legislación al convenio en la misma semana de su publicación en el BOE. La Comunidad cuenta con más de 162000 licencias de caza en vigor.

Por su parte, en Castilla-La Mancha y en Castilla y León las licencias de caza son gratuitas para los residentes que practican la actividad cinegética dentro de la Comunidad.

Eficiencia para matar animales

La organización AnimaNaturalis ha definido la unificación de las licencias de caza como una manera «de construir una arquitectura institucional más eficiente para matar animales en casi toda la España peninsular».

El apoyo de las administraciones al lobby cinegético ignora la evidencia existente sobre la falta de eficacia de la caza como medida de control poblacional en ciertas especies, argumento en el que a menudo se apoyan los defensores de esta actividad. La caza no solo puede aumentar aún más las poblaciones de animales cuyo principal instinto es el de supervivencia, sino que también es perjudicial para las especies que no son objeto de los cazadores, al destruir el equilibrio entre la biodiversidad y el ecosistema.

Más evidencia existe sobre el sufrimiento que causa la caza entre los animales abatidos, pero también entre los perros utilizados como herramientas por parte de los cazadores. Estos, además, están en riesgo de quedar totalmente desprotegidos por su exclusión del Real Decreto de Ordenación de Núcleos Zoológicos de Animales de Compañía.

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