Científicos desmienten que consumir especies consideradas «invasoras» sea útil para controlar su expansión

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Cuando existen intereses económicos, la protección de la biodiversidad pasa a un segundo plano

Invasivorismo. Así se denomina la práctica que promueve el consumo de animales catalogados como «invasores» para controlar el crecimiento de su población. Un concepto que cuando se convierte en negocio, no solo no fomenta este objetivo, sino que puede agravar el problema. Una investigación liderada por científicos de la Estación Biológica de Doñana-CSIC ha desmentido que el consumo de especies consideradas «invasoras» sea útil para hacer frente a su expansión.

Administraciones, empresas e incluso algunas entidades conservacionistas han impulsado campañas para fomentar el consumo de especies consideradas «invasoras» en los últimos años. La medida se vende como una forma de gestión sostenible de un problema ambiental. Sin embargo, los objetivos de explotación comercial a menudo se oponen a los de gestión de fauna.

Según la lógica del invasivorismo, consumir especies denominadas «invasoras» genera riqueza y puede convertirse en un medio de vida, por ejemplo para pescadores que han dejado de capturar especies autóctonas por su desaparición.

Los expertos explican que permitir la comercialización de estos animales como comida incentiva su mantenimiento, y por ende, su impacto en los ecosistemas y la biodiversidad. En este contexto, las medidas de control poblacional chocan con los intereses económicos que perpetúan o aumentan este impacto. «Cuando el problema se convierte en negocio, surge una resistencia a acabar con este», explica el investigador Francisco Oficialdegui, autor principal del estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

Los científicos advierten de que ya se han dado casos en los que se han priorizado los intereses comerciales a la protección de la biodiversidad.

El cangrejo de Kamchatka

La investigación pone como ejemplo al cangrejo de Kamchatka. La Unión Soviética introdujo a esta especie en el Mar de Barents en los años 60 y desde entonces ha sido explotado y comercializado. Pero cuando la población empezó a decaer a causa de la sobreexplotación, se establecieron limitaciones a la pesca para garantizar el futuro del negocio.

En la Península Ibérica, podría experimentarse una situación similar con especies como la jaiba azul o el cangrejo rojo americano. Otras especies a las que afectaría el invasivorismo en distintas partes del mundo son el coipú o el pez león.

El estudio aclara que una estrategia de control de una especie requiere conocimiento ecológico y el planteamiento de objetivos de reducción tanto en distribución como en cantidad de individuos. «Las soluciones simples resultan atractivas, pero rara vez resuelven problemas ambientales complejos», apuntan los investigadores. Por ello, llaman a la cautela a la hora de promover el invasivorismo y piden desvincular esta práctica de la conservación de la biodiversidad.

Fuente: EFE Verde.

*NOTA: este medio NO apoya ninguna medida de gestión letal para las especies catalogadas como invasoras, sino alternativas éticas que prioricen el valor de los individuos como seres sintientes.

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