Las administraciones no contemplan medidas no letales
La primera campaña de captura de coipús del año ha comenzado en Girona. Dado que esta especie se considera «invasora«, los individuos serán atrapados en jaulas trampa instaladas en distintos puntos de los ríos Ter y Onyar, para su posterior sacrificio.
La medida forma parte de un proyecto de control de las denominadas «especies invasoras», impulsado por la asociación Sorellona y financiado por la Generalitat de Catalunya, en colaboración con el Ayuntamiento de Girona.
La organización FAADA se ha hecho eco de la noticia y ha reclamado más recursos para desarrollar alternativas de control no letales, algo que ni siquiera se ha contemplado.
El coipú en Europa
El coipú es un roedor semiacuático procedente de América del Sur. A Europa llegó en el siglo XIX para su explotación por parte de la industria peletera. La historia de esta especie en el medio natural europeo es similar a la del visón americano. Los escapes y abandonos de granjas peleteras posibilitaron la llegada de los coipús a un hábitat nuevo al que se han adaptado, con una gran capacidad reproductiva y un clima y entorno favorables.
En Cataluña, la población existente se originó a partir de coipús llegados desde Francia a partir de 2010.
Al coipú se le acusa de causar daños en la vegetación y en los cultivos agrícolas, y de degradar las riberas fluviales.
Cuando una especie catalogada como «invasora» se ha establecido en un área, «la erradicación total resulta inviable», apunta FAADA. «Aún así, las administraciones continúan basando la gestión en campañas periódicas de control poblacional que no tienen en cuenta el bienestar animal y que, año tras año, ¡implican la muerte de cientos o miles de individuos!», denuncian.
Soluciones éticas
En sintonía con otras entidades animalistas, la organización aboga por la prevención como principio fundamental para poner freno al comercio y la importación de especies exóticas. «Es la herramienta más eficaz, pero llega tarde cuando el problema ya está consolidado», reconocen.
En casos como el de los coipús, «es imprescindible invertir en el estudio y desarrollo de métodos como el control reproductivo mediante anticonceptivos o la captura y traslado a centros especializados que garanticen la imposibilidad de escape y reproducción», sugieren. Pero «estas opciones apenas se contemplan y carecen de una dotación presupuestaria suficiente».
FAADA recuerda que la introducción de especies exóticas «es una responsabilidad exclusivamente humana. Por ello, también lo es la gestión de las consecuencias que se derivan de ello». La entidad define a los coipús como «víctimas de un sistema que primero los explota y después los elimina«, al igual que otras especies a las que se les otorga el apellido de «invasoras».
«Sería razonable que quienes generaron el problema -como las granjas peleteras-asumieran los costes de sus consecuencias, y que Catalunya y el resto de España se planteen prohibir el uso de animales para la peletería, tanto por motivos éticos como por el grave impacto ambiental que esta industria genera», concluyen.


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