Estas navidades, muchas personas veganas escucharemos el concepto de «isla desierta» al menos en uno de los encuentros familiares por los que vamos a pasar. Nos dirán que qué comeríamos si estuviésemos en una isla desierta con la única compañía de un cerdo, como si esa situación fuera tan probable como que al día siguiente vamos a ir a hacer la compra al supermercado donde dispondremos de un montón de opciones vegetales para elegir. Por supuesto, muchas más que en esas cenas navideñas donde solo comeremos lechuga y patatas fritas, a menos que nos preparemos algo para nosotros mismos o que la persona que cocine tenga la mente puesta en la realidad y no en islas desiertas.
No merece la pena perder el tiempo en responder a la clásica pregunta de la isla desierta con otras preguntas, como: ¿Qué hago yo en esa isla? ¿Y el cerdo? ¿De qué vive el cerdo si la isla está desierta? ¿De dónde ha salido? ¿Si no crecen plantas en la isla de las que poder alimentarme, cómo pueden vivir animales? Y de verdad, no merece demasiado la pena responder, pero es probable que a más de uno le explote la cabeza al darse cuenta de que un cerdo no puede vivir en una isla desierta.
Porque los animales considerados de granja no viven en islas desiertas, y tú tampoco. Los animales considerados de granja viven, en su mayoría, en instalaciones industriales donde son criados y mantenidos hasta su traslado al matadero, muchas veces con pocos meses de vida. Viven rodeados de suciedad, hacinados en jaulas, sin libertad de movimientos, estresados, lesionados; y en ocasiones, también enfermos sin recibir tratamiento alguno.
Tú tampoco vives en una isla desierta. Muy probablemente, vives en un país del llamado primer mundo, con la nevera llena y cientos de posibilidades de menús diarios. Tú puedes elegir no comer animales. Trasladar la mente a una isla desierta es no querer ver la realidad que sufren los animales para no llegar a la conclusión de que está en tu mano optar por no contribuir a ella.
Puede que existan personas, sobre todo en la ficción, que han naufragado en una isla desierta y se han tenido que conformar con alimentarse de pescado. Seguramente, no era de su agrado y preferirían estar en sus casas comiendo tofu marinado con verduras. También puede que haya personas en zonas polares que solo pueden alimentarse de carne de foca, o en aldeas tribales en las que el alimento principal procede de los animales cazados. Pero no es tu situación. Ni la tuya, ni la de la mayoría de las personas.
Nos dicen que el veganismo es extremo, y para desacreditarlo, intentan ponernos en situaciones que sí que son extremas, aunque también irreales. Porque lo que es verdaderamente extremo tiene un nombre: explotación animal.


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