«Van a cerrar las explotaciones»

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«Los ganaderos españoles piden que se retire la propuesta europea sobre el transporte de animales vivos». Con este titular encabezábamos una noticia hace varios días, acerca de las quejas del sector ganadero sobre una iniciativa que a priori mejoraría la situación de los animales considerados de granja.

La sociedad cada vez es más sensible hacia el sufrimiento de los demás animales. A la mayoría de las personas no les gustan las macrogranjas, pero sí les gusta contemplar a animales pastando en el campo (con los que se cometen las mismas injusticias que con los de granjas intensivas, pero ese es otro tema). A la sociedad en general no le gusta escuchar que los animales que forman parte del menú diario han malvivido hacinados en jaulas sin ver la luz del sol, o que a un barco que transportaba animales se le impide la entrada a cualquier país y estos han muerto de hambre, sed y calor atrapados en el interior del buque.

En una sociedad cada vez más sensible a estos temas, las empresas cárnicas o lácteas se esfuerzan por crear campañas de promoción del supuesto bienestar animal que practican. Nos ponen imágenes de animales correteando en un prado verde, comiendo hierba, jugando, un ternero feliz junto a su madre, gallinas revolviendo la tierra con sus picos o cerdos revolcándose en el suelo, y todo ello en paisajes de ensueño. Esto lo vemos todo tipo de publicidad, como la que ponen en la televisión justo antes de que comience el telediario en el que lanzarán un titular similar a ese con el que comienza este artículo. Con otras palabras, dicho titular nos dirá que los ganaderos se quejan de las propuestas para la mejora del «bienestar animal».

Al lobby ganadero le parece mal cualquier mínimo e insuficiente cambio en el modelo de producción. Le parece mal que las jaulas desaparezcan de las granjas, que los animales no puedan permanecer en camiones o barcos durante semanas, que no se les pueda someter a temperaturas extremas, e incluso que tengan que cumplir con ciertas obligaciones vinculadas con la seguridad alimentaria. Mientras tanto, por detrás nos están preparando el próximo anuncio de la vaca que ríe para presumir de un bienestar animal inexistente.

Y sí, es cierto que el bienestar animal tampoco está en las granjas extensivas, en las vacas u ovejas que pastan en verdes prados, en las gallinas que se crían en el suelo en lugar de en jaulas o en los cerdos que comen bellotas. El bienestar animal, sencillamente, existirá cuando dejen de existir las granjas. Porque las gallinas felices son las que no ponen huevos, los cerdos felices son los que no se convierten en jamones y las vacas felices son las que pueden dar su leche a sus terneros sin temor a que estos se transformen en filetes.

Sin embargo, muchas personas siguen pensando que las vacas nos dan leche, que los cerdos nos dan jamón y que las gallinas nos dan huevos a cambio de alimentarlas. Y creerán también que lo hacen altruistamente y siendo respetadas en todo momento. Por eso la industria ganadera seguirá haciendo anuncios de la vaca que ríe.

Pero lo cierto es que a la industria ganadera no le interesa que la vaca ría. La industria ganadera sigue queriendo producir más al menor coste, algo incompatible con cualquier mínima mejora para los animales. También saben que este modelo es insostenible, que contribuye enormemente a la crisis climática y que, por supuesto, a nivel ético es totalmente cuestionable. Pero no les importa. Así es el capitalismo.

Si la Unión Europea quiere que los animales no pasen semanas en barcos y que las gallinas dejen de vivir en jaulas, automáticamente vendrá la organización ganadera de turno a amenazar con una frase que ya nos sabemos de memoria: «Van a cerrar las explotaciones«. Ojalá, José Luis, pero no.

Para las personas veganas esa frase no es una amenaza, sino más bien un deseo que sabemos que en estos momentos no va a hacer realidad la Unión Europea. Nos encantaría que cerraran todos los mataderos y granjas y que ningún animal más fuera sometido a viajes de días de duración para acabar en uno de estos dos destinos en un país tercero. Pero somos conscientes de que limitar la duración de los viajes o acabar con la cría en jaulas no va a suponer el fin de la explotación animal.

A algunas personas, el discurso de que «van a cerrar las explotaciones» sí les convence, por lo que no es extraño escuchar férreas defensas al sector ganadero por parte de algunos consumidores. Lo que estos no saben es que ese «van a cerrar las explotaciones» es un «dame más dinero para asumir los costes que requieren mínimos cambios en mi negocio basado en la explotación animal, y a ser posible, que tenga que hacer el menor esfuerzo posible».

Mientras el lobby ganadero sigue presionando para mejorar la situación de los bolsillos de los grandes empresarios del sector, otras personas seguiremos luchando para mejorar la vida de los animales, algo que pasa necesariamente por abolir su explotación.

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