La organización Veganuary organiza estos días su Semana Sin Lácteos, una iniciativa que pretende promover el consumo de alternativas vegetales a la leche y sus derivados. Lo cierto es que nunca ha sido tan fácil pasarse a estas como ahora, aunque buena parte de la población sigue anclada en sus varios cafés al día con leche de vaca, su queso o nata para dar un toque especial a cualquier comida y su yogur de postre. Pero sobre todo, todavía hay personas que quieren creer que la leche es el alimento más nutritivo del mundo, que el queso es un manjar sin el que no se puede vivir y que los yogures son necesarios para el crecimiento de los niños y niñas. Cada vez menos, por suerte.
Hasta hace unos diez años, no era tarea fácil encontrar en los supermercados españoles alternativas vegetales a la leche más allá de una marca de leche de soja perteneciente a una compañía láctea que, reconozcámoslo, no está buena, y la horchata de chufa. Hoy las leches vegetales han ganado espacio en el pasillo de las leches de origen animal, y contamos con una amplia variedad de marcas y sabores, y cómo no, cada vez más empresas lácteas crean sus líneas de bebidas vegetales. Esas mismas que se quejan porque a la leche de soja se la llame «leche».
¿Entonces por qué la leche sigue siendo un producto mayoritario en las neveras de los hogares y considerado de primera necesidad? La leche puede definirse con muchos adjetivos, pero necesaria no es, desde luego. Ningún otro animal toma leche tras la lactancia, sería absurdo que el ser humano sí la necesitara después de ese período. La industria láctea se ha encargado durante años de que no nos cuestionemos sobre ello, y no ha dejado de crear publicidad que presenta sus productos como indispensables para el crecimiento y para obtener calcio, entre otros nutrientes. Incluso ha vendido durante décadas productos lácteos para niños y niñas como ricos en nutrientes necesarios, pero que en realidad estaban cargados de azúcar.
Es sencillo. La leche sigue sin salir de las neveras de buena parte de la población por pura costumbre. Bueno, por eso y porque la mayoría de las personas prefieren no saber qué pasa en la industria láctea. Prefieren pensar que las vacas mueren de viejas, que no necesitan tener terneros que van al matadero para producir leche, y lo mismo con las ovejas y cabras de cuya leche se fabrican quesos.

Lo cierto es que dejar de consumir lácteos no necesariamente debe implicar salir de las costumbres. Y sí, en muchos bares todavía te ofrecen leche sin lactosa cuando preguntas por leche de soja, pero en líneas generales, sustituir la leche de vaca por leche vegetal, el queso rallado de los espaguetis por queso vegano y el yogur de postre por yogur de soja no implica grandes cambios. Puede que al principio notes ciertas diferencias en cuanto a sabor, pero para bien. Porque las alternativas vegetales ofrecen una amplísima variedad de sabores, mucha más que la leche de vaca. Pero no te preocupes, si eres fiel al sabor clásico de la leche, también tienes opciones.
La leche no es para nada insustituible. Con alternativas vegetales puedes hacer exactamente lo mismo que con lácteos de origen animal, incluso postres (también sin huevo, por supuesto).



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