El mundo de los reptiles es bastante desconocido para la mayoría de la población. No acostumbramos a ver todos los días serpientes y cocodrilos, y de hecho, asociamos a estos animales al peligro. Hay quienes los ven como monstruos, una visión totalmente alejada de la realidad y muy basada en la mitología y la religión.
La mayoría de las personas hemos visto inofensivas culebras en el campo, y muchas han expresado la palabra «asco» al observarlas, al igual que cuando las ven en documentales. Lo cierto es que es muy improbable que nos encontremos frente a frente con los reptiles que realmente pueden representar un peligro por su mordedura, más allá de los zoológicos que los confinan en jaulas de cristal, y si eso sucede, probablemente huirán de nosotros y seguiremos sin saber absolutamente nada sobre ellos.
Tampoco es la mejor idea del mundo acudir a zoológicos para aprender sobre reptiles o sobre cualquier otro animal, ya que jamás veremos cómo se desenvuelven en su hábitat natural, cómo es su comportamiento real. Pero el confinamiento de animales no solo se da en zoos. También es uno de los rasgos que definen las granjas, incluidas las peleteras.
Cuando hablamos de granjas peleteras, automáticamente nuestra mente piensa en visones, chinchillas, zorros o mapaches, y si no estamos muy al tanto de la lucha animalista, tal vez únicamente pensemos en la piel de las vacas como subproducto de la industria cárnica con la que se fabrica el cuero, aunque realmente también existen granjas de vacas exclusivamente criadas por su piel. En definitiva, independientemente de que hablemos de visones, zorros o vacas, nos estamos refiriendo a mamíferos. Pero la crueldad de la peletería va mucho más allá y también la sufren los reptiles, fundamentalmente serpientes, cocodrilos y caimanes.

Organizaciones animalistas como PETA han denunciado el sufrimiento de los reptiles criados por su piel y han emprendido campañas contra las grandes marcas de lujo que la utilizan, pero la mayoría de acciones contra la peletería desde los inicios del movimiento se han centrado en los mamíferos. Las propias marcas de moda que se han comprometido a dejar las pieles de animales, en algunos casos, se han olvidado de que las serpientes y los cocodrilos también son animales, al igual que las aves de las que obtienen sus plumas o las ovejas explotadas por su lana.
El negocio de las pieles de reptiles genera mucho dinero a costa de la explotación de animales salvajes. PETA ha investigado granjas asiáticas de serpientes y cocodrilos, pero estos también se crían en Estados Unidos y otros países para nutrir al sector del lujo. De la piel de estos animales podemos encontrar bolsos, botas, monederos o cinturones a precios desorbitados asequibles para muy pocos bolsillos cuyos portadores solo esperan aparentar. Hace mucho tiempo que las pieles dejaron de satisfacer la necesidad de abrigarse, y la industria del lujo es el mejor ejemplo de ello.

El bolso más barato de la marca Hermès supera los 1000 euros. El más caro puede llegar al medio millón. Algunos de sus accesorios se venden en el mercado de la segunda mano por entre 30000 y 50000 euros. Esta marca generó mucha polémica hace unos años por haber utilizado piel de elefante en una serie de bolsos, que nunca llegaron a ser puestos a la venta de forma oficial. Supuestamente, se confeccionaron con la piel de un paquidermo asesinado en un safari en los años 80.
La indignación que causaron estos bolsos de piel de elefante no la causan los bolsos de piel de cocodrilos o caimanes que a día de hoy fabrica esta marca, que por cierto, también tiene el cuero como uno de sus materiales estrella. Eso sí, su piel de vaca es «tradicional, poco común y de características únicas», «natural» y «curtida de forma totalmente vegetal». ¿Qué es esto? Básicamente, una forma de decirle a las señoras millonarias que pueden presumir de un cuero exclusivo, obtenido no se sabe muy bien cómo pero no de las granjas que todos conocemos, y «vegetal» aunque sea de origen animal, para que parezca que no hay maltrato. Básicamente, una gran mentira.
Pero volvamos a los bolsos de cocodrilo. Uno solo de estos accesorios requiere la piel de al menos dos reptiles, criados en granjas donde permanecen confinados hasta que son despellejados y asesinados.
Los cocodrilos no deben vivir en granjas, sino en su hábitat natural, curioseando con esa discreción que los caracteriza, nadando, construyendo sus nidos y protegiendo a sus crías.
Pero seguramente para Hermès el hacinamiento de los cocodrilos en granjas sin luz ni aire fresco donde son despellejados es natural, tradicional y exclusivo. La vida de los reptiles no se valora en dinero como el de los bolsos de esta marca, pero sí es exclusiva. Es suya. No nos pertenece.


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