Hoy puede parecernos extraño y fuera de lugar, o algo propio de países a los que consideramos «menos avanzados», pero hasta hace no demasiados años existían puestos de venta de animales en las Ramblas de Barcelona, los cuales no han sido desmantelados definitivamente hasta este mes de febrero de 2025.
El inicio de la venta de animales, concretamente aves, en las Ramblas se ha datado hace más de 150 años, a mediados del siglo XIX. Los puestos de venta se ubicaron, casi siempre en la Rambla dels Estudis, también conocida como Rambla dels Ocells (Rambla de los Pájaros), aunque durante mucho tiempo fueron ambulantes. Los comerciantes situaban las jaulas en las que se encontraban los pájaros en el suelo, a la espera de que los viandantes se fijaran en ellos. El origen de esta actividad se ha atribuido al propietario del edificio situado en el número 2 de la calle de la Boquería, que en 1843 habría mandado construir una jaula grande a base de troncos que llenó de aves.
El 3 de marzo de 1892, el diario La Vanguardia daba cuenta de la inauguración del mercado de pájaros en la Rambla dels Estudis, aunque pasarían años hasta que fueran instaladas casetas o quioscos fijos. Las aves eran consideradas objetos de comercio como las flores, turrones o frutas y verduras que se vendían en otros puestos callejeros que fueron reubicándose o incluso desapareciendo conforme tenían lugar los cambios urbanísticos.
Por estas paradas de venta pasaron tanto aves domesticadas como salvajes, entre ellas canarios, periquitos, diamantes, gorriones, las famosas cotorras que después pasaron a considerarse «invasoras«, jilgueros, picogruesos, verderones, pinzones, palomas, tórtolas, perdices o codornices. Estas dos últimas atrajeron la atención de los cazadores, que se convirtieron en clientes habituales junto a quienes querían un pájaro para decorar su salón. También llegaron a venderse aves para consumo, como pavos, pollos y gallinas por una concesión a los comerciantes que les permitía vender animales vivos que no cabían en el Mercado de la Boquería.
A esta concesión han vuelto a aludir los pajareros cuando se les ha reclamado el abandono de su actividad. Sin embargo, ni en el siglo XIX, ni posteriormente su finalidad fue proporcionar alimentos a la población, sino más bien el lucro del mascotismo que a veces se entremezcló con la explotación animal para consumo y con fines cinegéticos.

Estos animales, como es fácil suponer, nunca estuvieron en las mejores condiciones. Y es que no solo habían sido privados de libertad y utilizados como objetos para generar un beneficio económico, sino que también soportaron prácticas crueles como ser cegados a propósito para que su canto fuera más sonoro, algo que terminó ilegalizándose. En ocasiones, el sonido de las aves deseosas de libertad atrajo a pájaros que sí eran libres, como gorriones que anidaron en los árboles de la Rambla dels Estudis.
Restricciones
Las restricciones a la venta de animales en las Ramblas barcelonesas no son cosa de la conciencia animalista de la década del 2000 en adelante, sino que encontramos precedentes ya en los años 20 del siglo pasado.
En 1922, la Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Cataluña se mostró preocupada por los pájaros de las Ramblas y por el impacto de los cazadores que los utilizaban. El debate llegó a las autoridades de la ciudad y en 1923, la Comisión Municipal Permanente acordó limitaciones en la venta, tenencia y transporte de aves vivas o muertas en la vía pública. Sí se permitía la venta de canarios, especies exóticas o que no procedieran del entorno salvaje. El incumplimiento de esta medida se penalizaba con el decomiso y una multa de cinco pesetas.
Sin embargo, la Exposición Internacional de 1929 impulsó el comercio que tenía lugar en las Ramblas y los vendedores de aves se vieron beneficiados.
Durante la Guerra Civil (1936-1939) y la posguerra, los comerciantes de pájaros se vieron abocados a la escasez que afectó a toda la población. Su actividad era una forma de subsistencia para sobrevivir a la miseria, pero la ciudadanía no estaba pensando en ese contexto en adquirir un canario para decorar el salón. Además, otras personas ajenas a esta actividad empezaron también a vender pájaros capturados en libertad en otros puntos de la ciudad.
El comercio de aves en las Ramblas empezó a recuperarse en las décadas de 1950 y 1960, cuando empezaron a verse en los puestos otros animales que no eran solo aves: cachorros de perro, tortugas, peces, serpientes, iguanas, conejos, hámsteres o primates que todavía han sido rescatados del confinamiento de una vivienda hace poco tiempo. También se incluyeron otras aves exóticas que antes no se vendían en las Ramblas, como papagayos, tucanes o algunas especies de búhos. Con ellos se ofrecían también a los compradores comida para los animales o accesorios como jaulas y peceras. Por supuesto, el contrabando era el origen de muchos de estos animales. Otros eran traídos por comerciantes extranjeros, e incluso llegaron a venir en un viaje con marines estadounidenses.

Pero el reflote de este mercado no cambió la situación de los animales ni la percepción social sobre ello. El 9 de febrero de 1969, La Vanguardia publicó una carta firmada por Enrique Giralt Barroso, inspector provincial de los Vigilantes Honorarios Forestales, en la que relataba que «es fácil ver, al atardecer antes de retirar las paradas, cómo se retiran de algunos de los jaulones pájaros muertos o moribundos que se arrojan al suelo. También hay animales encerrados en jaulas inadecuadas para su tamaño, peceras en las que casi no cabe el pez que la habita, cachorros ateridos de frío y otros hechos similares que demuestran una total indiferencia al posible sufrimiento animal«.
El inspector recuerda una denuncia interpuesta a un pajarero por la venta de una lechuza protegida cuya captura estaba prohibida. También en relación con la ilegalidad, señala que otros comerciantes venden ardillas sin permiso. La carta acaba pidiendo al gremio un trato humanitario a los animales y el cumplimiento de la legislación.
En 1970, se inauguraron nuevos paradas fijas similares a quioscos que sustituían a los puestos ambulantes. También se acordaron concesiones con el Ayuntamiento de Barcelona. El 30 de diciembre de ese mismo año, La Vanguardia publica una carta al director de una lectora preocupada por el estado de los animales en las Ramblas: «¿Quién ha contemplado los pájaros y demás animales que allí se albergan durante una noche invernal? En esos momentos se suman el frío, los ruidos y luces de la ciudad. Los pájaros se sitúan al fondo de las jaulas, tapándose mutuamente; y es fácil verlos semi-colgados de los barrotes interiores. Me pregunto si nadie piensa darles las ‘buenas noches’ a los animales, brindarles calor y oscuridad en su encierro para que puedan dormir. Es obligación nuestra cuidar de que vivan en las mejores condiciones posibles y no podemos desatendernos de ella».
A principios de los años 90, se impusieron nuevas restricciones a los comerciantes de animales sobre la venta de especies que no fueran aves y sobre la tenencia de los pájaros en las casetas durante la noche. También se les obligó a mejorar la disposición de agua corriente en sus puestos. Sin embargo, siguieron viéndose en sus puestos animales que no eran pájaros, como conejos, roedores, tortugas o iguanas a precios desorbitados.

Fin del comercio de pájaros
Con la entrada del siglo XXI, llegaron nuevas leyes de protección animal con las que la venta de animales en la vía pública era incompatible, hasta el punto de que las pajarerías de las Ramblas incumplían sistemáticamente ordenanzas municipales y la ley catalana.
La eliminación de los puestos de venta de pájaros de las Ramblas se anunció por primera vez en septiembre de 2006, cuando el Ayuntamiento decidió que estas paradas deberían desaparecer a partir de enero de 2007 y que se acordarían indemnizaciones a los comerciantes o una reconversión a otra actividad, aunque finalmente se les concedió una prórroga.
En estos años, no fueron pocas las manifestaciones y campañas contra esta actividad, cuyas reivindicaciones fueron muchas veces ridiculizadas. Entre ellas se encontraban el rechazo a las condiciones en que se mantenía a los animales, cuestiones de salud pública y de normativa vigente, la realidad del abandono que sufren millones de animales, incluidos los exóticos, a causa de las compras compulsivas; o el hecho insólito de la existencia de pajarerías callejeras en una ciudad europea.
Entre las organizaciones animalistas que promovieron estas campañas se encuentran FAADA, Libera, AnimaNaturalis, ADDA, FEDAN o Ecologistas en Acción que sostenían que los puestos de venta de pájaros incumplían tanto la legislación catalana como las ordenanzas municipales que no solo delimitan las condiciones de ruido y el espacio del que deben disponer los animales, sino que prohíben directamente su venta en la vía pública. Los comerciantes se defendían alegando que trataban «bien» a los animales y que cumplían la ley por estar en disposición de licencias.
El 2007, ya no se hablaba de la supresión de las pajarerías, sino de una reducción de la cifra de puestos, y en 2008, el Ayuntamiento, con una corporación distinta a la del 2006, cedió a las peticiones de los pajareros y les permitió permanecer en las Ramblas a cambio de que adaptaran una serie de condicionantes higiénicos y sanitarios establecidos por el Colegio de Veterinarios, que había advertido del mal estado de los animales por el hacinamiento, la estructura de las jaulas, el ruido de una calle transitada por millones de personas, la falta de aislamiento del frío o del calor o el estrés provocado por algo tan simple como la colocación de las jaulas en el suelo, ante la mirada amenazante para los animales de los viandantes.
Pero en 2009, se estableció la supresión definitiva de las once paradas que permanecían, y se acordó su reconversión en quioscos de venta de recuerdos para turistas, entradas, dulces o helados. La última pajarería no cerró hasta noviembre de 2013, tras un expediente sancionador.
El rastro de estos puestos ha permanecido en las Ramblas hasta febrero de 2025, después de que el Ayuntamiento ordenara el desahucio de las casetas por una serie de incumplimientos con respecto a las concesiones y porque no se contemplan en los nuevos planes de urbanismo, y tras una larga batalla judicial con los comerciantes.
Según FAADA, más de 13000 animales murieron entre 2004 y 2010 en estas paradas. ¿Podemos hacernos una idea de los que murieron y sufrieron desde mediados del siglo XIX hasta el año 2013?
FUENTES CONSULTADAS Y ARTÍCULOS RELACIONADOS
ADDA (2006). Campaña de firmas contra la venta de animales en La Rambla barcelonesa.
AnimaNaturalis (2007). Protesta contra los puestos de animales de Las Ramblas.
AnimaNaturalis (2008). Venta de animales en las Ramblas vuelve a ser polémica.
Barcelona Noticia (s.f.). Las Ramblas de Barcelona: de mercado de pájaros a paseo renovado.
Castells, M. (2024). Ultimátum del Ayuntamiento de Barcelona a los antiguos pajareros de la Rambla: deben entregar ya las llaves de las paradas. Ara.
Del Castillo, A. (2005). La venta de animales en la Rambla se acabará en 2006. 20 Minutos.
El Mundo (2009). Los vendedores de pájaros de Las Ramblas pasarán a vender souvenirs.
El Periódico (2013). El último puesto de animales de la Rambla de Barcelona deja de venderlos.
FAADA (2013). Cierra el último quiosco de Las Ramblas que vendía animales.
FAADA (2009). Las paradas de las Ramblas siguen infringiendo la ley 6 años después.
Fernández, D. (2022). Los pajareros tendrán que abandonar en una semana las Ramblas de Barcelona tras 160 años de historia. La Razón.
Fernández, R. (2015). Recordando La Rambla dels Ocells. El Tranvía 48.
Jordà. L. (2024). Barcelona cierra definitivamente más de la mitad de los quioscos de los antiguos pajareros de la Rambla. Time Out.
La Vanguardia (2013). Barcelona prohíbe definitivamente la venta de pájaros en La Rambla.
Palmer, J. (2025). Empieza el derribo de los antiguos puestos de pajareros de la Rambla de Barcelona. El Nacional.
Remesar, A. y Dánae, M.A. (2012). Imágenes congeladas. La imagen del centro histórico.
Torné, G. (2010). Aplicació pràctica de la llei de protecció dels animals a les botigues.
Torres, M., et al. (2009). La venda d’animals a La Rambla de Barcelona.
Vázquez, A. (2024). El Supremo pone fin a la lucha de las antiguas pajarerías de la Rambla de BCN para ser patrimonio inmaterial. El Periódico.


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