Comedores veganos en colegios e institutos

Siempre digo lo mismo: las nuevas generaciones son el motor del cambio hacia un futuro más respetuoso con los animales, y prueba de ello es que muchos niños están mucho más concienciados con este tema que los adultos, y cada vez hay más familias veganas y, por tanto, sus hijos e hijas también lo son. Pero a veces las instituciones van con más retraso y, por ejemplo, en los colegios e institutos son reticentes a incluir menús veganos porque existe la falsa creencia de que es una alimentación deficiente en nutrientes. Eso sí, cuando alguien no come carne por motivos religiosos o por alergias o intolerancias, entonces no hay peligro de deficiencias; y cuando se da dulces como postre a los niños, tampoco parece haber ningún peligro. En España, asociaciones como Feumve luchan por cambiar esto.

En mi experiencia personal, cuando era pequeña no había comedor en mi colegio y los niños acudíamos a casa a comer, pero en aquella época ni siquiera sabía lo que era el veganismo, así que supongo que si hubiese tenido comedor me habría conformado con lo que hubiera cada día. Sí recuerdo el tipo de almuerzo que llevaba para comer en el recreo, o para los días que salíamos de excursión, y nunca era fruta. Me acuerdo de que a estas horas, por el contrario, comía patatas fritas, bocadillos con algún embutido, bollería o galletas. Y nadie me dijo, o increpó a mi madre por darme esos productos tan insanos al colegio. Quizá era porque todos los niños llevábamos lo mismo para el recreo, y nadie se salía de la norma. Sin embargo, cuando aparece un niño o niña vegana, inevitablemente es algo que llama la atención.

Más adelante, cuando fui al instituto, en este sí había comedor. Creo que esta ha sido la época de mi vida en la que peor me he alimentado. Y es que me costaba mucho comer lo que ponían por muchas razones: las prisas, el sabor, la vergüenza de ser la única en la mesa que escogía las lentejas en lugar del pollo o que ya empezaba a plantearme ciertas cosas. Sin embargo, yo estaba convencida de que, en esa situación, sería imposible hacerme vegetariana o vegana. El primer año que fui a este instituto, recuerdo que la mayor parte de los días no iba a cenar al comedor, sino que acudía a un bar que había al lado para comprar una hamburguesa. Y esa era mi cena cuatro días de la semana. Tampoco nadie me dijo que podía tener carencias. Más adelante, por suerte, perdí este hábito. Pero recuerdo que muchas veces las comidas o cenas eran pura fritanga, con postres como yogures o leche con nesquik, y meriendas como pan con nocilla, con chocolate o con chorizo. Siempre había ingredientes de origen animal, incluso en preparaciones que pueden hacerse cien por cien vegetales sin inconvenientes, como las legumbres.

Lo que intento decir es que la alimentación tal y como la llevamos en los países occidentales, y concretamente en las primeras etapas de la vida, no es la más sana del mundo, pero comer mal está tan normalizado que nadie se preocupa ni se le da importancia a esto, en general. Por tanto, deberíamos cuestionarnos si un niño o niña vegana va a tener carencias por no comer nada de origen animal pero un niño o niña que come gominolas y bollería todas las tardes no va a tener ningún problema de salud. De hecho, yo misma, en mi casa, y cuando era pequeña, tomaba bollería prácticamente todos los días, ya fuese por la mañana, después de comer o para merendar. Y estoy segura de que si hubiese comido más frutas y verduras, me habría ahorrado varias visitas al dentista. Esto tampoco significa que mi madre lo haya hecho mal, simplemente no tenía la información ni los conocimientos nutricionales básicos.

Tampoco quiero decir que la alimentación vegana sea sana. Porque el veganismo no es una cuestión de salud, sino de ética, y puede llevarse de muchas maneras. Yo misma soy consciente de que los procesados veganos que consumo no son precisamente saludables. Y cuando se trata de la infancia, sería conveniente que los colegios se informasen algo más antes de cerrarse a la opción de incluir menús veganos en los comedores.

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