El apoyo institucional no devolverá la asistencia masiva a los espectáculos taurinos

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Las plazas de toros abarrotadas de espectadores son cosa del pasado, y cuando lo están, no se debe precisamente a que el público vuelva a sentirse identificado con la denominada «fiesta nacional». A día de hoy, la tauromaquia sobrevive gracias a las subvenciones, y el sector es consciente de ello. Desde las pasadas elecciones municipales y autonómicas, hemos visto cómo personajes vinculados al mundo taurino ocupan puestos públicos de la mano de la derecha, ¿les servirá esto para recuperar al público?

Desde luego, lo que sí harán es aumentar todavía más el gasto público en espectáculos taurinos, las ayudas a este sector y la promoción de este por todas las vías posibles. Pero cuando les recordemos que las plazas siguen vacías, nos dirán que los pueblos se llenan cuando hay festejos populares y nos enviarán imágenes de corridas de toros con el aforo completo. Y sí, hay espectáculos taurinos en los que esto sucede, ¿pero a qué se debe?

  • Entradas gratuitas. La mayoría de los festejos populares taurinos que se desarrollan a lo largo y nacho de España son totalmente gratuitos, lo que anima a la gente a acudir. En otros casos, se regalan entradas a corridas de toros o se ponen a precios muy reducidos o se recurre a «machistadas» tales como poner la entrada gratuita para las mujeres o los niños. Otras veces hacen un lavado de imagen organizando corridas benéficas en la que el dinero recaudado se destina a diferentes causas.
  • Corridas con toreros famosos. El hecho de contratar a figuras conocidas del mundo taurino es una llamada de atención a todos los aficionados a las corridas de toros del país, y a veces también a personas menos aficionadas que solo acuden porque está cierto torero que sale en la televisión o en las revistas. Si un taurino te manda una foto de una plaza abarrotada, probablemente ese día estuvieran presente varios de estos personajes.
  • Fiesta. En el caso de los festejos populares, buena parte de los asistentes son jóvenes, y muchos de ellos afirman acudir «por la fiesta», en un intento de pasárselo bien y sin pensar demasiado en el sufrimiento de los animales. Probablemente, si en el mismo pueblo no se organizaran espectáculos con toros, la afluencia sería similar.
  • Aficionados de otros lugares. Cuando los amantes de la tauromaquia señalan que determinado pueblo «es muy taurino», tal vez se estén equivocando. Numerosos festejos atraen la atención de aficionados procedentes de otros lugares o de curiosos que simplemente están pasando allí sus vacaciones, mientras los habitantes del municipio se quedan encerrados en sus casas durante el encierro por si ocurriera algún imprevisto.

La realidad es que menos de la mitad de los ciudadanos españoles acuden a festejos taurinos. Por tanto, la tauromaquia es minoritaria en nuestro país, aunque se venda como nuestra seña de identidad ante el resto del mundo.

No necesitamos políticos que promocionen y apoyen la tauromaquia. Necesitamos políticos valientes que sean capaces de condenarla. No podemos esperar esto de la derecha que sitúa a toreros en consejerías, pero sería fantástico que los partidos que se autodenominan progresistas dieran más pasos hacia la abolición sin dejarse presionar por ganaderos, toreros o alcaldías.

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