Los animales no se fabrican a medida, aunque así lo dan a entender los criaderos y parecen pensarlo aquellas personas que buscan un teckel de pelo largo, un chihuahua de color negro o un majestuoso golden retriever y no un cachorro mestizo de la perrera, de padres también mestizos y desconocidos, abandonado tras nacer en una camada no deseada.
El 28 de mayo se celebra el Día del Perro sin Raza. Un día para hablar de todos aquellos por los que nadie pregunta en la protectora, de esos que a la mayoría de las personas les parecen «feúchos», de los que fueron rescatados (o no) de aquel contenedor del pueblo al que fueron arrojados por un irresponsable que no esterilizó a su perra, y de esos que no se venden. Se regalan cuando a otro irresponsable le da pena lanzarlos a un contenedor o a un pozo, pero igualmente quiere deshacerse de ellos rápido. Y también se adoptan, aunque esto suele llegar después del abandono, del contenedor o del regalo. Porque excluyendo a los perros de razas utilizadas para la caza o el pastoreo, la mayoría de los canes que llegan a las perreras y protectoras de nuestro país son mestizos.
¿Pero qué importa la raza? ¿Qué es eso del pedigrí? ¿Qué importa el tamaño, el color de pelo, si tiene o no tiene manchas? Un perro no es un bolso que tiene que ir conjuntado con tu ropa, ni una herramienta para presumir, ¿de qué? Estamos hablando de seres sintientes, no de objetos, aunque en realidad, la raza sí importa. Importa para los perros que por culpa de ser de una determinada raza seleccionada genéticamente tienen dolores de por vida, más riesgo de sufrir patologías graves y una esperanza de vida mucho más corta que la de cualquier mestizo. Importa también para los perros sin raza que por tener un aspecto concreto nadie se interesa por ellos.
Los seres humanos deberíamos aprender un poco más de los perros. A ellos no les importa si la persona con la que comparten su vida es blanca, negra o asiática, de pelo largo o corto, rubia o morena, alta o baja, más o menos guapa.
Muchas personas odian las comparaciones entre humanos y animales no humanos. Pero lo cierto es que todos somos eso, animales. Si nos parece que no tendría sentido adoptar a un hijo en función de su color de piel, su tamaño o su árbol genealógico, ¿por qué normalizamos esto con los perros, seres sintientes como nosotros? ¿Por qué hay personas que siguen gastándose cientos de euros en un cachorro de raza mientras hay miles de mestizos esperando en las protectoras?


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