«Ganado» es la típica palabra que una persona vegana y antiespecista jamás utilizaría. Según la RAE, el término hace referencia al «conjunto de bestias que se apacientan y andan juntas», y pone como ejemplo «ganado ovino, cabrío, vacuno…» La RAE utiliza el sustantivo «bestias» para denominar a los animales domesticados criados principalmente para obtener alimentos, una palabra tan antigua y especista como «ganado». Ambas, además, restan valor a los animales como seres sintientes y los cosifican. Para la RAE, «bestia» es un «animal cuadrúpedo» en su primera acepción, un «animal doméstico de carga» como el caballo o la mula en su segunda acepción y un «monstruo» en la tercera.
Desde el veganismo, entendemos que los animales no son ganado, ni son bestias, ni son de carga, ni son monstruos. Lo cierto es que todos estos significados subyacen en la sociedad del siglo XXI, que utiliza un lenguaje que no es más que su propio reflejo. Y el lenguaje con el que definimos a los demás animales no deja de ser el reflejo del trato o consideración que les otorgamos.
Existen diversas interpretaciones sobre el origen del término «ganado», si bien todas lo relacionan con la riqueza o el poder (riqueza y poder para quien explota a los animales, por si cabía alguna duda), o lo que es lo mismo, equiparan a los animales criados por la ganadería con bienes tales como el dinero o las propiedades materiales.
Una de las explicaciones del origen de la palabra «ganado», y por ende, «ganadería», sostiene que proceden del vocablo «ganancia«, cuya aparición se remonta al gótico ganan, que significa «codiciar»; al germánico waidanjan, que significa «cosechar»; al nórdico gana, que significa «desear con avidez»; o al noruego gana, que significa «mirar con ansia». Esta interpretación no es descabellada si tenemos en cuenta que a los animales criados para producción se situaban y sitúan al mismo nivel que los bienes materiales de los que se obtiene riqueza.
También se ha señalado que los animales domesticados formaban parte del botín de guerra que el vencedor obtenía antiguamente del enemigo tras los saqueos, es decir, se consideraban una ganancia. En el botín, por cierto, también se incluían las mujeres.
Sin embargo, no está claro que estos sean los verdaderos orígenes del término «ganado», pues se han identificado vocablos como ganatum, ganato, kanato o ganado en el léxico hispánico al menos desde el siglo VIII, y todos ellos hacían referencia a los animales explotados, también llamados «bestias mansas» para diferenciarlos de los animales salvajes.
Así, muchos investigadores coinciden en un origen latino de las expresiones «ganado» o «ganadería», y se alejan de la interpretación que las vincula con el verbo «ganar» de posible procedencia nórdica.
Sin embargo, en latín la voz que habitualmente se refiere a los animales criados para producción es pecuarius, que ha dado lugar al término «pecuario» en español. Este es definido por la RAE como «perteneciente o relativo al ganado». Curiosamente, el vocablo latino es también origen de la palabra «pécora«, que en italiano significa «oveja» y que la Academia define como «res o cabeza de ganado lanar», de la que deriva la expresión «mala pécora».
De la misma raíz etimológica es el término latino pecunia, que significa «dinero». Ahora sí, no cabe duda de que desde hace siglos los animales explotados por la ganadería son considerados bienes y no seres sintientes. El lenguaje ha influido decisivamente en las posteriores legislaciones al respecto.
Además, pecus en latín significa «rebaño» o «cabeza de ganado». En la economía agraria romana, la riqueza se medía en función la cantidad de la cifra de animales que poseía una persona o comunidad y estos representaban un valor económico.
Se cree que el pecus o pecuarius latino podría haber derivado en el vocablo «ganado» tras las variaciones propias del latín vulgar y su evolución al castellano. Otros sugieren que el término se habría formado de manera independiente.
En el léxico medieval, la voz «ganado» no solo se refiere a animales dentro de sociedades típicamente agrarias en las que estos eran considerados alimento, sino también a riqueza en un ámbito general, si bien el significado que ha perdurado es el vinculado a la explotación animal.
De ellos no solo se obtenían alimentos como carne o leche, sino también pieles o abono. También se utilizaban como medios de transporte y fuerzas de arrastre o carga. La carne, los lácteos o las pieles no tardaron en entrar en los mercados, aunque solían acabar en las mesas y armarios de las personas más pudientes. La posterior intensificación de la ganadería e industrialización del sector no han hecho que se deje de hablar de «ganado», un término que aún se usa porque en efecto, los animales siguen siendo considerados objetos de producción que benefician al ganadero, reconocido por la sociedad como su legítimo propietario.


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