Miles de personas de todo el Estado español se están volcando para ayudar a las y los afectados por la DANA en Valencia y otros lugares. Prácticamente la mayoría de las capitales cuentan con puntos de recogida de alimentos y otros enseres para enviar a los puntos que han quedado inundados y que todavía acumulan el barro que muchas personas voluntarias, también de todo el país, están ayudando a retirar.
La ayuda también les está llegando a los animales no humanos, para los que también se han habilitado puntos de recogida de alimentos, medicamentos, mantas, camas, transportines u otros objetos; y a quienes también han acudido a ayudar in situ personas voluntarias.
Las víctimas no humanas de la DANA probablemente pueden contarse por decenas de miles, porque en estas cifras se mueve la cría en la industria de la explotación animal para consumo. Hablamos de animales en granjas que nunca debieron nacer, en las que viven enjaulados o hacinados en el suelo, encerrados tras gruesas paredes de cemento. Granjas de las que es imposible escapar ante inundaciones de estas características. Para la industria solo son pérdidas económicas al mismo nivel que las materiales. Desde una visión ética, los hechos como mínimo deberían invitarnos a reflexionar sobre la crueldad de este sistema de producción, consumista y capitalista que lleva a los animales no humanos a situaciones extremas, tanto cuando tiene lugar una catástrofe como en las condiciones habituales de funcionamiento de las granjas.
Desgraciadamente, poco trascenderán noticias al respecto de las víctimas de la DANA en granjas, y si trascienden, será desde un enfoque especista que hable de pérdidas económicas.
También en redes sociales probablemente estemos viendo decenas de publicaciones sobre perros o gatos desaparecidos o encontrados solos, en cuyo caso se busca a su responsable, pero no de animales considerados de granja. Es normal, los animales en granjas están fuera del campo de visión de la mayoría de las personas. Nadie sabe lo que pasa en las granjas ni piensa en lo que puede haber pasado tras una DANA. Situación similar es la de los perros utilizados por cazadores que los mantienen encerrados en casetas dentro de fincas privadas a las afueras de los pueblos a los que nadie ve.
Dejar de comer productos de origen animal no solo es una manera de contribuir a paliar la emergencia climática que lleva a inundaciones como esta, sino que también es una buena forma de contribuir a evitar que decenas de miles de animales mueran ahogados, o sencillamente, que mueran tempranamente, porque ese iba a ser su destino en la industria. También podemos ayudarlos colaborando con los refugios y santuarios afectados, en los que viven los animales considerados de granja que han podido salir del infierno de la ganadería.
Por supuesto, las protectoras de perros y gatos también nos necesitan, ya que muchas han perdido de un día para otro todo lo que habían logrado por y para los animales en años.
Por desgracia, cada vez que suceden inundaciones, incendios, terremotos o circunstancias similares, solemos toparnos con comentarios que nos recuerdan lo malas personas que somos quienes nos interesamos por los animales. Pero querer ayudar a los animales no humanos no es incompatible con hacerlo con los miembros de nuestra especie, y colaborar donando alimentos o dinero para una protectora o refugio no nos convierte en malas personas.
Sí nos convierte en personas con empatía hacia el sufrimiento ajeno. Que pensamos en los gatos de las colonias felinas que se han quedado sin refugios, construidos con mimo por sus gestoras; en los animales ahogados en tiendas en las que no deberían estar, en los que quedaron atrapados en sus hogares a los que no se puede acceder, en los que viajaban en camiones de camino al matadero pero el sistema de explotación los mató en la carretera antes de llegar, o en la fauna salvaje sobre la que tardaremos en saber qué consecuencias ha tenido la DANA.
Por supuesto, eso no impide que nos preocupemos por el camionero que conducía ese camión, por los trabajadores de las tiendas de animales o por los responsables de perros y colonias felinas. De hecho, puede que no consideres importante difundir sobre la búsqueda de un perro desaparecido con la DANA, pero hacerlo también es una forma de ayudar a su tutor, humano, que sufre por ello.
Mientras tanto, la emergencia climática va a más. Pronto veremos más desastres sin precedentes porque los días pasarán y volveremos a la normalidad consumista, los daños materiales se repararán y se volverán a criar miles de animales que ocuparán el espacio donde antes estuvieron los que se ahogaron en la DANA. No hay demasiadas esperanzas de que la clase política que no ha querido gestionar esta situación con la urgencia que merecía haga nada para impedirlo.


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