Los países ricos no han mostrado un compromiso firme por los ecosistemas y las especies
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad (COP16) ha concluido tras ser suspendida por la falta de consenso en cuanto a financiación después de haber dejado este debate para el final, precedido de intentos previos fallidos por los desacuerdos entre países. La COP16 ha dejado en el aire numerosas peticiones de gobiernos y organizaciones, pero también se han producido algunos avances.
Así, se ha reconocido el papel de los pueblos indígenas y las comunidades afrodescendientes y locales en la protección de la biodiversidad, una cuestión que se venía retrasando desde la cumbre de Bolivia de 2016. Brasil ha liderado la iniciativa de crear un Órgano Subsidiario Permanente sobre el Artículo 8j, que asegura el papel de las comunidades indígenas y locales en la toma de decisiones.
Sin embargo, Brasil también ha sido acusado por entidades ecologistas de haber promovido una visión mercantilista de la naturaleza, junto con Argentina, Arabia Saudita o Canadá.
Otro punto positivo es que se han producido avances en la protección de las áreas marinas en aguas internacionales, cuyas especies están amenazadas por la pesca y otras actividades. También se ha reconocido que la crisis climática y la pérdida de biodiversidad están interconectadas y deben abordarse de forma conjunta y coordinada.
Por su parte, la Unión Europea, Reino Unido, Estados Unidos o Japón, territorios ricos que son los que más contribuyen a la pérdida de biodiversidad, se han resistido a la creación de un fondo contra esta, lo que revela una falta de compromiso con la inversión en la protección de los ecosistemas y las especies que los habitan.
Los países en desarrollo abogaban por un fondo dedicado a la biodiversidad independiente del Fondo Global para el Medio Ambiente (GEF), una propuesta liderada por Colombia, que acogía la cumbre en la ciudad de Cali y que ha desarrollado un papel destacado durante el evento.
Los países desarrollados, sin embargo, sí se han comprometido a aportar 396 millones de dólares al Marco Global de Biodiversidad del GEF, muy por debajo de objetivo marcado previamente de 20000 millones de dólares para 2025 y 30000 para 2030, una aportación que sigue siendo voluntaria y que se contrapone a los siete billones que estos países invierten en proyectos que destruyen la naturaleza.
Esta ha sido la COP con mayor presencia de empresas y en la que estas han ejercido más presión a las delegaciones. «La financiación de la biodiversidad sigue estancada tras una ensordecedora ausencia de promesas creíbles por parte de los gobiernos ricos y un lobby empresarial sin precedentes», ha lamentado Celia Ojeda, responsable de Biodiversidad de Greenpeace. En este sentido, los ecologistas condenan que no se hayan tomado medidas para identificar o recortar las inversiones públicas o privadas destinadas a actividades destructoras de la biodiversidad. También han mostrado su decepción por la falta de liderazgo de la Unión Europea.
Hasta ahora, solo 44 de 196 países han presentado planes nacionales para proteger la biodiversidad, que en muchos casos se quedan cortos. 152 países no han presentado ningún plan.
Desde el sector ecologista, también lamentan que se hayan eliminado las referencias a los combustibles fósiles como emisores de gases de efecto invernadero; a la bioenergía como posible amenaza para los bosques, y por ende, para la biodiversidad; y a actividades que provocan deforestación ilegal, como la minería o las talas. También ha desaparecido del Marco de Evaluación y Seguimiento el compromiso de generar informes que evalúen el progreso de cada país o la posibilidad de formular propuestas de políticas vinculantes por parte de la convención.
Por último, no han prosperado propuestas para salvaguardar los bosques de los monocultivos, que principalmente se plantan para alimentar a los animales en granjas.
Las decisiones tomadas antes de la suspensión de la cumbre siguen siendo válidas, y las negociaciones deberán continuar en otra fecha y lugar aún no establecidos.


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