«Todos los mamíferos marinos que pasan por estas aguas están en peligro»
«Ocho delfines calderones estaban siendo arrastrados hasta la playa con anzuelos de acero atravesándoles la cabeza. Una cría yacía junto a su madre descuartizada, con el agua teñida de rojo por la sangre». Es el relato espeluznante de la organización Dolphin Project de lo que sucede en la isla de Lembata (Indonesia), donde sus miembros acaban de impartir una formación sobre el rescate de ballenas y delfines varados. Los hechos se contextualizan en un pueblo de balleneros llamado Lamalera. «Todos los mamíferos marinos que pasan por estas aguas están en peligro«, alertan.
Dolphin Project denuncia que esta aldea se ha distanciado mucho de sus tradiciones originales, y ahora se utilizan métodos más modernos y crueles en las matanzas de ballenas, orcas y delfines. Ya en 2017 los activistas documentaron la matanza de una familia de orcas compuesta por dos adultos y una cría. «Nada ha cambiado», señalan.
Este año, la organización incluso ha captado a un niño jugando sobre el cuerpo de un calderón, una prueba de la exposición a la infancia de la violencia de estas matanzas violentas.
Dolphin Project explica que la carne de los cetáceos antiguamente se destinaba a alimentar a los aldeanos, pero «ahora se vende mucho más allá de la comunidad», lo que ha dado lugar a prácticas insostenibles. Ya no hay límites en cuanto a número, especies o condiciones en que los mamíferos marinos son cazados.
La Comisión Ballenera Internacional puntualiza que el pueblo de Lamalera está exento de la prohibición de la caza de ballenas, y lo justifica porque «sus prácticas se realizan de forma tradicional para la subsistencia». Sin embargo, las investigaciones demuestran que esto ya no es así, al igual que sucede en otras matanzas similares y más conocidas a nivel global, como las de Taiji o las Islas Feroe.
Normas que años atrás estaban vigentes ya no se cumplen. Entre ellas se encontraba el límite de caza de tres ballenas dentadas al año, la estacionalidad de las cacerías entre mayo y septiembre, o la prohibición de capturar a hembras embarazadas. «Estas normas ya no se respetan y se cazan fuera de la temporada tradicional, incluso hembras preñadas. Esta explotación insostenible se ve agravada por la creciente población de la aldea, por lo que las cifras de mamíferos marinos siguen disminuyendo», lamentan desde Dolphin Project.
Estos animales se reproducen lentamente y la caza de hembras embarazadas o de crías puede tener consecuencias irreversibles.


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