Miles de animales han sufrido torturas desde los años 60, sin desarrollar prometidos tratamientos para humanos
Estados Unidos cuenta con siete centros nacionales de investigación de primates (NPRC), que han recibido miles de millones de dólares de los contribuyentes desde su creación en la década de 1960. La organización PETA pide que dejen de financiarse estos centros cuyos experimentos han demostrado su ineficacia, además de implicar torturas a miles de animales. PETA critica las propuestas de recortes del Gobierno actual, dentro del recién creado Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), al mano de Elon Musk, en lugar de cesar el presupuesto a estos centros.
«Los contribuyentes también financian los horrores que se cometen en estos laboratorios«, señalan, como infectar a primates con patógenos mortales, pruebas de vacunas que no han llegado a desarrollarse o sometimiento de animales a altas temperaturas hasta la muerte.
PETA ha documentado cómo un macaco soportó diarrea crónica durante seis años en el Centro Nacional de Investigación de Primates de Wisconsin. El animal era conocido como «r12001», como el resto de primates que son identificados por números.
Otro primate utilizado en un NPRC fue criado y utilizado exclusivamente para ensayos sobre el virus del Zika, y desde los años 80, numerosos animales han sido utilizados para hallar una vacuna contra el VIH que todavía no ha llegado.
El centro de Washington, por su parte, acumula una tasa de costes indirectos del 83’1%, muy por encima de otras áreas de investigación, lo que PETA define como «despilfarro a manos llenas que puede y debe eliminarse».
«Estos centros han abierto un camino de agonía, tormento y muerte para cientos de miles de monos en sus más de 60 años de existencia, pero no han abierto nuevos caminos hacia las prometidas vacunas y curas para las enfermedades que asolan a los humanos. Pero el dinero sigue llegando», denuncian.
El Gobierno creó los NPRC para la investigación médica y farmacéutica, pero el objetivo inicial ha fracasado. «Hoy solo sirven como lugares de inconmensurable dolor, miseria y muerte y como caldo de cultivo de enfermedades», señalan desde PETA. Ya en 2013, el Instituto Nacional de Salud (NIH) admitió que la mayoría de experimentos con chimpancés, nuestros parientes más cercanos, eran innecesarios. Dos años después, cerró el NPRC de Nueva Inglaterra.
Actualmente, permanecen los centros de California, Oregón, Texas, Tulane, Washington, Wisconsin y Emory, todos ellos pertenecientes a universidades. Los NPRC han acumulado años de denuncias y citaciones por infringir la normativa, siempre en relación con negligencias y casos de tortura extrema a animales. PETA sostiene que los centros han fracasado en su objetivo durante décadas, y continúan fracasando porque siguen recibiendo dinero público.


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