Miles de especies están en peligro de extinción, en mayor o menor nivel. Algunas estimaciones citan a más de 20000 animales, otras hablan de al menos un millón de especies que podrían desaparecer en cuestión de décadas. Unas 5200 se encuentran en peligro crítico, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). En España, 208 de las 80000 especies registradas están amenazadas.
La ciencia ya ha dado nombre a este fenómeno. Estamos ante la sexta extinción masiva, que a diferencia de las anteriores, está provocada por la actividad humana que ha devastado ecosistemas enteros, otros los ha degradado, contamina la atmósfera con gases de efecto invernadero y los entornos naturales con sustancias tóxicas, y a pesar de todo ello sigue produciendo a niveles jamás vistos. La gran industria no para porque el capitalismo manda, a pesar de esta gran extinción, mientras campañas publicitarias y medios de comunicación nos hablan de la huella de carbono y de las cero emisiones netas que se traducen en nada.
Son muchas las víctimas de este capitalismo salvaje, desde comunidades locales de países empobrecidos hasta los animales considerados de granja en explotaciones ganaderas que se han convertido en una de las principales fuentes de emisiones, o individuos salvajes que sufren la deforestación, la pérdida de sus hábitats, el furtivismo o la crisis climática, aunque siempre habrá algún zoológico que vendrá a recordarnos que está contribuyendo a su conservación. Y medios de comunicación que le compren el discurso.
Como esos medios, organizaciones ecologistas y personas de a pie que están muy preocupadas por la extinción de las abejas y otros polinizadores porque sin estos no podrían producirse alimentos, así como les preocupa la pérdida de biodiversidad por el riesgo que supondría para la salud pública al estar los seres humanos más expuestos a enfermedades y por la pérdida de especies sin las cuales los ecosistemas podrían desregularse, y por lo tanto, obtendríamos menos recursos de ellos.
¿Cómo definir esto? ¿Antropocentrismo? ¿Egoísmo? Por supuesto que la producción de alimentos, la salud pública y la obtención de recursos son temas claves a los que hemos de prestar atención, pero el problema de la extinción de especies animales no se reduce a cómo esta afecta a la humanidad. No somos las únicas víctimas de nuestros actos.
Los animales no humanos importan como individuos sintientes que sufren las consecuencias de la actividad humana, un enfoque para nada frecuente cuando se aborda la sexta extinción masiva. A lo sumo, se habla sobre el impacto medioambiental de determinadas extinciones, que sin perderlo de vista, no deja de estar otra vez interconectado con el sufrimiento animal.
Luego están quienes contra la extinción proponen más ganadería, más apicultura, más caza y más tauromaquia, porque sin ganadería las vacas, los cerdos y las gallinas se extinguirían; sin apicultura se extinguirían las abejas, y para que no suceda son explotadas; sin cazadores lo harían las especies «invadidas» por otras que causan sobrepoblación, e incluso los propios ganaderos que sufren ataques de depredadores; y sin tauromaquia se extinguiría el toro «de lidia», que ni siquiera es una especie. Pero este tipo de afirmaciones no merecen contestación ni atención cuando se trata algo tan sumamente importante como la sexta extinción masiva.


Deja un comentario