Una campaña en seis provincias españolas busca conocer el impacto de los tendidos eléctricos en los individuos que acaban de volar del nido
Nueve espacios de la Red Natura 2000 son, este verano, objetos de seguimiento para conocer cómo afectan estas instalaciones a las aves jóvenes que en estas fechas acaban de emanciparse y son especialmente vulnerables a las colisiones y electrocuciones. La campaña tiene lugar en Zamora, Salamanca, Sevilla, Huelva, Cáceres y Badajoz, y durará hasta finales de septiembre.
Las electrocuciones y colisiones con tendidos eléctricos son la tercera causa de ingreso de aves más frecuente en los centros de recuperación de fauna.
Muchas especies de aves crían durante la primavera y el verano, y cuando los juveniles comienzan a emanciparse, su inexperiencia en el vuelo y el desconocimiento del terreno aumentan su exposición a estas amenazas. Los tendidos eléctricos suponen un factor crítico para la supervivencia de algunas especies de aves, según SEO/BirdLife, por lo que es clave reducir la mortalidad no natural por esta causa para la conservación de numerosas especies.
El riesgo aumenta en las aves de mayor tamaño, como el águila imperial ibérica, el águila perdicera, el milano real o el buitre leonado, aunque también afecta a aves más pequeñas como cernícalos o córvidos.
SEO/BirdLife explica que «los juveniles tienen más dificultades para maniobrar en el despegue y en el aterrizaje y calcular distancias al posarse, esto los lleva a aterrizar de forma desequilibrada sobre apoyos eléctricos peligrosos. A su vez los juveniles de las especies de mayor envergadura requieren mayor espacio para maniobrar, por lo que son más propensos a fallos en el posado y en el despegue desde estos postes. Otros, como los del búho real o del buitre leonado, tienen un despegue lento porque necesitan mayor impulso para alzar el vuelo desde estos posaderos estrechos».
Las aves jóvenes también necesitan descansar con más frecuencia, y los postes eléctricos pueden llamar su atención para hacerlo dentro de las áreas donde campean, normalmente con escasa cobertura arbórea. Su capacidad de percepción espacial y de respuesta ante obstáculos también es más reducida. El problema se intensifica en pasos migratorios, áreas de dispersión juvenil o de alimentación.
La campaña de este verano está abierta a la implicación de la ciudadanía para localizar los puntos donde tienen lugar las colisiones y electrocuciones. Sin embargo, en estas fechas los cadáveres se descomponen con mayor facilidad y son más fácilmente localizables por los carroñeros, incluidas las hormigas, por lo que se pide a los participantes estar pendientes de cualquier rastro que indique que en un punto concreto se produjo un incidente. Los datos se comunicarán a las compañías titulares de las infraestructuras y a las consejerías competentes de medio ambiente, para solicitarles la corrección de puntos peligrosos o el balizamiento con dispositivos anticolisión.


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