El sector ha emprendido «una intensa estrategia de sustitución generacional forzada»
El porcentaje de la población española que asiste a festejos taurinos sigue estancado en el 8% desde hace seis años, y ha caído un 15% en la última década, según datos de las encuestas de Hábitos y Prácticas Culturales del Ministerio de Cultura. Todo ello a pesar del impulso artificial de las subvenciones, la promoción institucional en la que se invierten cientos de millones de euros para su fomento y el Bono Cultural Joven.
«La imagen de una tauromaquia ‘viva’ y ‘popular’ se sostiene sobre una base demográfica en declive y una intensa estrategia de sustitución generacional forzada«, apuntan desde AnimaNaturalis.
La aparente estabilidad del porcentaje de asistencia en los últimos seis años se debe a una pérdida de público adulto y mayor que ha sido compensada por un aumento de los jóvenes de entre 15 y 24 años. El porcentaje de personas que acudieron a espectáculos con muerte del animal, como las corridas de toros, también sigue estancado en el 5’9% de asistencia, un punto menos que hace diez años, lo que implica una caída del 15%.
«Los datos muestran que la tauromaquia no está creciendo, sino resistiendo a base de subsidios y políticas de promoción dirigidas a los jóvenes», señala Aïda Gascón, directora de AnimaNaturalis en España. «Se está intentando maquillar el declive natural de una práctica cada vez más rechazada por la sociedad, utilizando dinero público para captar nuevas generaciones que de otra forma jamás se acercarían a una plaza de toros», añade.
Según los datos del Ministerio de Cultura desde 2006, el desplome de asistencia a espectáculos taurinos ha sido del 18% (del 9’8% en 2006 al 8% en 2025).
La asistencia a corridas de toros entre adolescentes de 15 a 19 años ha aumentado 3’8 puntos porcentuales, tras la inclusión de la tauromaquia en el Bono Cultural Joven, que otorga 400 euros a cada persona que cumple 18 años para utilizar en actividades culturales. AnimaNaturalis denuncia que esta política «ha actuado como mecanismo de captación artificial. Los jóvenes de entre 15 y 24 años son hoy el único grupo que crece en participación taurina, mientras que las franjas adultas -especialmente de 65 a 74 años- caen drásticamente. En este grupo, tradicionalmente el núcleo más fiel a la afición, la asistencia disminuyó 1’8 puntos porcentuales».
«El relevo generacional de la tauromaquia no es fruto del interés espontáneo, sino de una ingeniería cultural pagada con dinero público«, señala Gascón. «Sin las subvenciones, los abonos bonificados y la promoción institucional, las plazas de toros estarían vacías».
Gascón sostiene también que «la tauromaquia no se mantiene por pasión ciudadana, sino por respiración asistida. Los datos son claros: sin dinero público y campañas de propaganda, las plazas estarían vacías. El Estado está forzando a las nuevas generaciones a mirar hacia una violencia que la mayoría de la sociedad ya ha dejado atrás».
Festejos populares
Por su parte, el único formato que crece de forma sostenida es el de los festejos populares, generalmente gratuitos y de acceso abierto, como encierros, vaquillas o toros embolados. Estos han experimentado un incremento del 0’7% de asistencia, un dato que, junto al descenso de la asistencia a espectáculos con muerte «indica que la ‘nueva afición’ se incorpora principalmente a los eventos festivos locales, no a las corridas regladas y profesionales».
El auge de los festejos populares preocupa especialmente a las organizaciones animalistas, ya que son difíciles de controlar y en ellos se produce el mayor número de muertes accidentales cada año, tanto de animales como de personas.
Estamos viendo cómo la tauromaquia se reinventa para sobrevivir, infiltrándose en las fiestas de los pueblos bajo la apariencia de tradición o folklore, y en muchas ocasiones secuestrando los presupuestos municipales«, apunta Aïda Gascón. «Pero detrás de cada encierro o vaquilla hay un animal aterrorizado, golpeado y humillado por diversión. No hay justificación cultural que pueda sostener eso».
Sin el apoyo del dinero público, la tauromaquia no tardaría en perder su base de reemplazo y dejaría al descubierto su crisis estructural.
Rechazo social
La mayoría de los animales rechaza el maltrato animal en las plazas de toros. Una encuesta de I&O Public para CAS International reveló que el 77% de la población considera que la tauromaquia causa demasiado sufrimiento, y el 58% apoya su prohibición. En la encuesta participaron personas residentes en España, Francia y Portugal, países europeos en los que persisten los festejos taurinos.
«Los jóvenes no quieren ver animales sufrir, quieren un país que avance hacia la empatía y el respeto. Por mucho dinero que inviertan en sostener la tauromaquia, el futuro será de quienes entienden que la compasión también es cultura», concluye Gascón.
El sector taurino celebra como «estabilidad» su dependencia, para AnimaNaturalis, «un intento desesperado por mantener una tradición cruel que ya no representa los valores de una sociedad moderna y compasiva«.


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