Un nuevo estudio prioriza las legumbres sobre la carne y los huevos en el grupo de alimentos proteicos

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Aumenta la ingesta semanal recomendada en Estados Unidos

Las legumbres deben priorizarse sobre la carne y los huevos en el grupo de alimentos proteicos, según el Comité Asesor de las Guías Alimentarias para 2025-2030 de Estados Unidos, que ha tomado como referencia un estudio de este mismo año. La ingesta recomendada en este país, además, debería pasar de 1’5 a 2’5 tazas (unos 500 gramos) por semana por cada 2000 kilocalorías.

El estudio alerta del exceso del consumo de carne entre los estadounidenses, acompañado de una ingesta insuficiente de legumbres, y analiza datos sobre tendencias de consumo entre 1999 y 2018.

Solo el 17’2% de los estadounidenses consume legumbres en su día a día, con notables disparidades entre los distintos grupos demográficos. Entre 2017 y 2018, solo el 19’9% de la población alcanzó el objetivo de 1’5 tazas semanales recomendado en la guía anterior, y solo el 10’9% ingería 2’5 tazas semanales.

El consumo de legumbres es mayor entre los mexicoamericanos (33’3%) y menor entre los grupos negros no hispanos (12%). También muestran una mayor ingesta de estos alimentos los hombres y las personas con menor nivel educativo e ingresos más bajos.

Además, la ingesta de legumbres descendió en el país a partir del año 2000, pero se recuperó después del 2008. Las alubias son las legumbres más populares, seguidas de las lentejas, los garbanzos y los guisantes. Los investigadores asociaron las lentejas y los garbanzos a estatus socioeconómicos más altos y consideran que estos resultados ofrecen una valiosa perspectiva para orientar la promoción de legumbres entre subgrupos específicos de la población estadounidense.

La industria cárnica, una piedra en el camino

A pesar de las recomendaciones de los expertos sobre la necesidad de reducir el consumo de carne, tanto por la salud humana como por los animales y el planeta, la industria cárnica se mantiene fuerte como un lobby muy poderoso.

En Estados Unidos, dos estudios recientes han revelado que la industria cárnica, a través de la Asociación Nacional de Ganaderos (NCBA), conocía desde 1989 el impacto climático de la producción de carne de vacuno, pero tomó medidas calculadas para mantener a la población desinformada. La NCBA «trabajó para ocultar la ciencia«, en palabras de la profesora Jennifer Jacquet, de la Universidad de Miami, por medio de tácticas similares a las que históricamente ha empleado la industria tabacalera.

«La industria cárnica y láctea no quiere que los consumidores piensen que tienen algún poder, o que sus elecciones marcan la diferencia», sostiene Jacquet. Organizaciones independientes y reputadas como el World Resource Institute y EAT-Lancet han hecho frente a esta retórica poniendo de manifiesto la importancia de reducir el consumo y la producción de alimentos de origen animal para abordar la crisis climática.

La historiadora Naomi Oreskes explica que «existe una larga y bien documentada historia de intentos por parte de la industria de minimizar, desacreditar e incluso negar rotundamente la ciencia que demuestra los daños de sus actividades».

Así, desde 1989 la estrategia de la industria cárnica ha consistido en asumir «un papel de liderazgo para influir a su favor en la normativa«, sostiene Jacquet. Por ello, se ha dirigido a personas influyentes, políticos, medios de comunicación, e incluso al sector educativo.

En los años 90, campañas como la Beyond Beef Coalition trataron de animar a la población a reducir a la mitad el consumo de carne de ternera, pero la industria cárnica respondió con contundencia y se esforzó en impedir la cobertura mediática de estas acciones o de libros y otros contenidos que defendían la alimentación basada en plantas. «Obstaculizaron significativamente la comprensión pública del papel de las vacas y el cambio climático», apunta Jennifer Jacquet.

La industria cárnica, además, se ha visto beneficiada por subvenciones para desarrollar sus propias investigaciones y estrategias de comunicación favorables a su mensaje, hasta el punto de que en 2023 una encuesta reveló que el 74% de los estadounidenses consideraba que dejar de comer carne tendría poco o ningún impacto en la crisis climática.

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