El nuevo informe de la Comisión EAT-Lancet incide en la necesidad de lograr una alimentación basada en vegetales
La Comisión EAT-Lancet acaba de lanzar un claro llamamiento a un cambio alimentario global en su informe 2025, en el que destaca la necesidad de aumentar la producción de legumbres y reducir la de carne. Los sistemas alimentarios podrían decidir el futuro del planeta y una transición generalizada hacia dietas ricas en vegetales podría evitar hasta 15 millones de muertes prematuras al año y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a más de la mitad.
El informe integra datos de salud pública, medioambientales y sociales bajo el lema «Cambiar la alimentación, cambiar el mundo», y muestra cómo las dietas actuales están empujando al planeta más allá de sus límites. Sin un cambio sistémico, solo la alimentación podría aumentar la temperatura más allá de los 1’5 grados centígrados del Acuerdo de París, incluso si se redujeran las emisiones relacionadas con los combustibles fósiles.
Este cambio sistémico pasa por la transformación de la agricultura, la reducción del desperdicio alimentario y el reajuste de las dietas para llegar a un modo de alimentación «seguro y justo».
En términos de salud, el estudio compara los patrones alimentarios actuales con la dieta de salud planetaria propuesta por la Comisión EAT-Lancet, y estima que si esta se adoptara, podrían reducirse en un 27% las muertes prematuras a nivel mundial. También aborda la falta de acceso a dietas nutritivas de miles de millones de personas en todo el mundo, y que más de la mitad de la población global no puede acceder regularmente a una alimentación saludable.
La Comisión pone la justicia social en el centro y destaca que el 30% más rico de la población es responsable de más del 70% del daño medioambiental del sistema alimentario, mientras que muchos trabajadores de esta industria carecen de salarios dignos, protecciones o voz.
En comparación con el informe de 2019, el de 2025 introduce nuevos marcos, desde el clima hasta el uso de la tierra, el agua dulce, la contaminación, los microplásticos o los pesticidas.
Aunque siguen siendo flexibles, las recomendaciones actualizadas hacen hincapié en el aumento del consumo de cereales integrales, legumbres, frutos secos, frutas y verduras, y en la reducción de la carne roja, las grasas saturadas, el azúcar y la sal. También contempla la adaptación de la dieta a las culturas y las limitaciones de recursos.

Aumentar en un 190% la producción de legumbres
En cuanto a la agricultura, el informe indica que la producción de legumbres tendría que aumentar hasta un 190%, la de hortalizas entre un 42% y un 48%, a la par que la producción de alimentos de origen animal debería reducirse entre un 22% y un 27% para ajustarse a los límites planetarios.
El estudio alude a la necesidad de mejorar las prácticas agroecológicas y la conservación de los ecosistemas, apoyar a los pequeños agricultores y acabar con las desigualdades como vías de solución.
Reacciones
La organización ProVeg International ha elogiado este énfasis en las dietas basadas en vegetales, pero ha advertido que su adopción requerirá un gran esfuerzo: «Está claro que aún queda mucho por hacer para garantizar que los países incorporen las recomendaciones de esta dieta en sus directrices alimentarias nacionales, junto con una estrategia de aplicación eficaz«, ha señalado Jasmijn de Boo, directora general de ProVeg. Para la organización, son claves las políticas sobre la comercialización, venta y subvención de los alimentos para que las dietas sostenibles sean más que una aspiración.
La investigadora Anna-Lena Klapp sostiene que muchas directrices dietéticas siguen ignorando los modelos alimentarios basados en vegetales, tras corroborarlo en un estudio respaldado por Proveg que analiza las recomendaciones nacionales de un centenar de países. Hasta un 18% de estas directrices omiten por completo la proteína vegetal, mientras que otras muchas no ofrecen orientación sobre la obtención de hierro o calcio en dietas basadas en plantas.
«Si bien los alimentos de origen animal pueden representar una importante fuente de nutrientes, el consumo excesivo y la ganadería intensiva también contribuyen a los principales retos globales a los que se enfrenta actualmente la humanidad, como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, el bienestar animal y la salud pública», apunta Klapp.
Sin embargo, también han surgido críticas al informe. Algunas señalan que no aborda de forma profunda las diferencias culturales y las particularidades regionales. Otras aluden al comportamiento de los consumidores y sus entornos alimentarios. En este sentido, la Comisión enmarca las dietas como un eje de una transformación multidimensional e indica que las transiciones no pueden ser impuestas ni verticales.
Este podría ser un tema de debate en la COP30 que tendrá lugar en Brasil el próximo noviembre. Para ProVeg, los gobiernos deben establecer compromisos claros para que la dieta de salud planetaria no se quede en un proyecto, sino que pase a ser una hoja de ruta.
La Comisión EAT-Lancet también se enfrenta al poder de la industria cárnica, que ya ha organizado campañas de desinformación contra los resultados científicos anteriores.
Fuente: VegNews.


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