Desde hace varios años, se acepta el acceso de perros, pero los felinos hasta ahora eran una tarea pendiente
Un gato ha accedido por primera vez a una residencia pública de larga estancia para personas sin hogar en Barcelona. Es también la primera vez que se da un caso de este tipo en España. Desde 2016, ya se permitía la entrada de perros en centros residenciales privados, medida que se extendió a la red pública a partir de 2022, pero no para gatos.
El gato, llamado Age, debió haber accedido junto a su tutor en la residencia el año pasado, pero un incendio retrasó la entrada. Durante este tiempo, el gato ha recibido los cuidados necesarios y ha sido identificado, vacunado y desparasitado.
La red de centros públicos cuenta con un convenio de colaboración multidisciplinar para atención veterinaria. También percibe una pequeña subvención para la alimentación de los animales.
Tras años de esfuerzos, la organización FAADA ha acogido la noticia con satisfacción: «Aunque estos recursos son un tránsito y no la solución definitiva, permitir la convivencia mientras se encuentran en este tránsito es vital. Nadie debería verse obligado a elegir entre un techo y su compañero de vida. Esta apertura garantiza que el proceso de inclusión social se haga sin romper los vínculos afectivos que mantienen a las personas a flote, ahora también con gatos», señalan.
La historia de Age marca un hito en la atención social en España, al reconocer los lazos entre las personas sin hogar y los animales con los que conviven. También supone un paso significativo hacia una intervención social más digna y respetuosa.


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