Las necesidades de los animales pueden verse satisfechas en ciudades, pero es necesario comprender los impactos
Sobrecarga de estímulos, restricciones de espacio y menos autonomía. Son algunos de los impactos del entorno urbano en el comportamiento y el bienestar emocional de los perros que recoge un artículo publicado por el Grupo de Especialidad de Etología Clínica (Gemca) de la Asociación de Veterinarios Españoles Especialistas en Pequeños Animales (Avepa).
El artículo se plantea el objetivo de analizar cómo influye la ciudad en el comportamiento de los perros, qué problemas pueden surgir en relación con la adaptación y qué estrategias pueden contribuir a mejorar la calidad de vida de los animales, con base en la evidencia científica.
«En el entorno urbano, los perros se enfrentan de forma habitual a estímulos intensos, impredecibles y difícilmente evitables, siendo el ruido uno de los más relevantes», explica Sandra Portals Arnáez, autora del artículo.
«El miedo a los ruidos es uno de los problemas de comportamiento más prevalente en perros y se ha descrito una asociación significativa entre este tipo de miedo y la presencia de otros comportamientos relacionados con la ansiedad. Cuando la exposición a estos estímulos se mantiene en el tiempo, puede dar lugar a estados de estrés crónico, con repercusiones tanto conductuales como fisiológicas», agrega.
Sobrecarga sensorial
Además del ruido, las ciudades suponen una sobrecarga sensorial constante, a través de estímulos visuales rápidos, olores intensos y cambiantes y una alta densidad de personas y otros perros que conforman un entorno muy estimulante para los animales. Esto «puede superar su capacidad de procesamiento, especialmente en individuos sensibles o con experiencias tempranas negativas», apunta la autora. Todo ello a pesar de la condición de los perros como animales sociales y adaptables a entornos muy diversos.
De hecho, la falta de previsibilidad y de control sobre los estímulos pueden aumentar su impacto negativo. «La incapacidad de anticipar o evitar un estímulo estresante aumenta su respuesta al estrés y reduce el bienestar del animal, especialmente cuando la exposición es repetida», añade.
Estos impactos se pueden manifestar en los perros en una dificultad para relajarse, hipervigilancia o evitación.
Espacio
En muchos casos, la ciudad también supone restricción de movimientos. Los perros suelen vivir en pisos con poco o ningún acceso a espacios abiertos o naturales. Esto reduce sus oportunidades para llevar a cabo conductas esenciales como la exploración o el olfateo en libertad. Los paseos, además, suelen estar dirigidos por el humano y en muchos casos se impide al animal tomar decisiones de movimiento. «La falta de autonomía y de control sobre el entorno puede ser tan relevante para el bienestar emocional como la falta de ejercicio físico», indica Portals.
En encuentros con otros perros (y a veces con personas), poco predecibles y con los animales atados en la mayoría de los casos, la tensión puede verse incrementada y en algunos perros pueden darse respuestas defensivas, especialmente en los que han tenido déficits en la socialización temprana.
Ventajas de la ciudad
Pero vivir en una ciudad no siempre supone desventajas para los animales. Algunos estudios han sugerido que los perros en entornos urbanos desarrollan mayor tolerancia a la proximidad humana y una mejor capacidad para comprender las señales sociales propias de nuestra especie. Eso sí, «muchos perros aprenden a inhibir conductas o a soportar situaciones estresantes sin que ello implique necesariamente un estado emocional positivo. La ausencia de problemas de comportamiento visuales no garantiza la ausencia de estrés, especialmente cuando este se mantiene de forma crónica», apunta la autora.
Estos problemas pueden darse por la unión entre la predisposición del animal, ciertas experiencias tempranas y factores ambientales sostenidos en el tiempo, con el entorno urbano como posible desencadenante o agravante. «Mejorar la calidad de vida del perro urbano requiere un enfoque integral basado en la prevención primaria, la intervención sobre el entorno y la reducción del estrés», expresa.
La autora recomienda proporcionar espacios tranquilos y protegidos de estímulos intensos para el descanso dentro del hogar y aportar un enriquecimiento ambiental que permita al perro desarrollar conductas de exploración para favorecer su autorregulación emocional y aumentar su percepción de control sobre el entorno.
También destaca la importancia de priorizar la exploración y el olfateo durante los paseos y «adaptar rutas y horarios a la sensibilidad individual del perro».
Para prevenir problemas, Portals apunta a la importancia de una socialización adecuada y progresiva, basada en el contacto con personas, otros perros, ruidos, superficies y contextos urbanos sin una exposición excesiva. «La calidad de las experiencias durante este periodo resulta determinante para la futura adaptación del perro a la vida adulta», explica.
Fuente: Animal’s Health.


Deja una respuesta