La cautividad no es una opción

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Ni para divertirse, ni para conservar, ni para aprender. La cautividad nunca es una opción, y no solo porque tener animales en cautiverio no es divertido, ni es una solución de conservación, ni sirve para aprender nada, sino también porque incluso si encerrar a seres sintientes para toda la vida tuviera algún aspecto positivo, seguiría sin estar justificado.

Cuando hablamos de cautividad, nos referimos a zoológicos, acuarios, parques marinos o a esos animales exóticos comprados en el mercado ilegal que acaban en casas a miles de kilómetros de su hábitat natural. También podemos hablar de todas aquellas aves que se mantienen en jaulas simplemente porque nos gusta su canto, o esos peces que tenemos en minúsculas peceras. ¿Hay algo más cruel que condenar al encierro a un animal con la capacidad para volar o a seres que podrían disponer de ríos o mares enteros?

Siempre que dos o más personas hablan de este tema, hay quien responde con la típica frase: «Si no tuviéramos a canarios enjaulados o a peces de colores en peceras se extinguirían». Y sí, puede que esos animales sean incapaces de vivir en libertad, pero si ellos pudieran hablar, responderían que prefieren la extinción, porque es mejor no existir a reducir la existencia de un ser a una vida de sufrimiento.

Esta respuesta puede servir también para todos esos zoológicos que se justifican diciendo que contribuyen a a conservación de las especies, cuando el único motivo por el que crían animales es para seguir haciendo negocio de ellos ofreciéndolos como atractivo para los visitantes que pagan su entrada y llenan de billetes los bolsillos de sus dueños. Lo que todavía no han entendido es que los animales no humanos también son seres sintientes, no objetos de exposición.

Puede haber diferentes métodos de conservación de animales salvajes en peligro de extinción, más o menos efectivos, pero condenarlas al cautiverio no es uno de ellos, precisamente porque son animales salvajes. ¿Qué sentido tiene criar individuos si jamás podrán desarrollar sus comportamientos naturales? Muchos animales salvajes se esconden ante la presencia de humanos, algo que en los zoos no pueden hacer. Es realmente cruel. Si queremos conservar especies, hagámoslo con programas respetuosos, y no dentro de recintos de unos pocos metros cuadrados que no son nada en comparación con la sabana, la selva o los polos.

Lo mismo sucede en acuarios y parques marinos. En estos últimos, es habitual ver a cetáceos realizando espectáculos en pequeñas piscinas, tanto en tamaño como en profundidad, que no son nada en comparación con la inmensidad del océano. ¿Y todo para qué? ¿Para entretener a a gente? Existen otras formas de ocio que no implican encerrar animales en piscinas, ni someterlos a entrenamientos crueles (nuevamente para enseñarlos a comportarse de una forma totalmente ajena a su naturaleza, al igual que en los circos que todavía utilizan animales) ni obligarlos a criar para perpetuar este sufrimiento en nuevos individuos.

En el siglo XXI, estos lugares ya deberían haber desaparecido, pero si aún existen es porque todavía hay personas que pagan su entrada. Personas que se ríen cuando ven a una orca haciendo piruetas o cuando ven a un gorila comiendo un plátano dentro de un recinto de cristal. Personas que se ríen por puro desconocimiento, aunque les digan que la visita al zoo conlleva aprender más sobre los animales. Lo cierto es que quienes realmente conocen a los animales no se ríen ni aplauden cuando ven a un animal en cautividad.

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