Investigación sobre animales… ¿Con o sin animales?

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Uno de los ámbitos a los que se opone el veganismo es el de la experimentación y el uso en animales en laboratorios, por ejemplo para probar medicamentos, para medir los efectos del tabaco u otras sustancias o para realizar pruebas de toxicidad de determinados cosméticos y productos de higiene o de limpieza. Estos ensayos generan un enorme sufrimiento a los animales, cuya corta vida suele acabar tras el final de los experimentos o las pruebas que en ellos se hacen, los cuales la mayoría de las veces resultan inservibles para los humanos (aunque si supusieran algún avance tampoco estaría justificado desde el punto de vista del veganismo).

Precisamente, quienes defienden la experimentación en animales sostienen que esta es necesaria para el avance de la ciencia. Lo cierto es que existen alternativas por las que tanto desde la investigación científica o médica como desde otras industrias deberían apostar si quieren trabajar de una forma ética.

Cuando hablamos del uso de animales en investigación, casi siempre nos vienen a la cabeza las pruebas de medicamentos, vacunas, tratamientos contra enfermedades o de productos que utilizamos en nuestro día a día. O lo que es lo mismo, elementos que están pensados exclusivamente para el uso humano. Pero hay otro ámbito de la investigación en el que también se utilizan animales: los estudios sobre los propios animales, ya sea sobre sus capacidades o habilidades o sobre su comportamiento.

De hecho, en pocos días La Zona Veggie ha publicado dos noticias relativas a este tipo de investigación, una sobre un estudio que probaba que las ratas poseen la capacidad de imaginar y otra sobre la inteligencia de las palomas. En ambos se utilizaron animales, si bien los investigadores afirman que no se les causó ningún daño, una afirmación cuestionable, ya que solo el hecho de sacar a un animal de su entorno para estudiarlo puede causarle sufrimiento, independientemente de que no se le maltrate físicamente y se le proporcione comida y agua para que sobreviva.

También podríamos preguntarnos durante cuántos días se mantuvo a los animales fuera de su entorno, si estos fueron criados para ser estudiados o si fueron capturados y en qué condiciones se les mantuvo. Seguramente, los análisis se prolongaron en el tiempo, los animales fueron comprados a granjas o criaderos que venden a laboratorios y se les mantuvo encerrados durante el tiempo que duró el estudio. ¿Qué pasó con ellos después? ¿Fueron liberados? ¿Fueron trasladados a refugios? ¿Se llevaron a otros laboratorios? Tampoco lo sabemos.

Seguramente, para los investigadores que han descubierto que las ratas pueden imaginar sucesos que no han pasado este fue un gran hallazgo, e incluso las personas que defendemos a los animales a veces utilizamos este tipo de descubrimientos para responder a quienes afirman, de una forma u otra, que estos son inferiores. También a quienes nos interesan los animales no humanos o ciertas especies en concreto nos gusta adquirir conocimientos sobre estas, sobre su comportamiento, sobre su desarrollo, sobre cómo funciona su organismo o sobre sus capacidades cognitivas. Nos encanta saber todas estas cosas, pero no lo necesitamos para aprender a respetar a individuos que no son de nuestra especie.

Imagen de Pixabay

Por mucho que nos gusten e interesen otros animales, desde el veganismo no podemos aprobar que sean utilizados en estudios, aunque estos impliquen avances en el conocimiento sobre estos, e incluso puedan servir en un futuro para que gocen de una mayor protección.

Porque la protección de los otros animales no debería basarse en lo inteligentes que son, en sus habilidades o en cómo se comportan, si bien lo más probable es que nos alegremos ante cualquier norma o decisión que se aplique en base a esto y que beneficie a un animal o a una especie en su conjunto. Asimismo, nuestra sed de conocimiento tampoco debería justificar los estudios en los que se usan animales, independientemente del procedimiento que sigan.

Analizar las capacidades de otros animales es seguramente una labor fantástica que debe llenar a quienes la realizan, pero esto no tendría que hacerse desde el uso y la manipulación como si fueran objetos, sino desde la observación, como han planteado algunos científicos, etólogos y zoólogos. Y puede que observando no lleguemos a saber con detalle cómo funciona el cerebro de un animal, pero el respeto hacia este y la ética deben primar por encima del conocimiento.

La observación, por cierto, jamás debería tener lugar fuera del entorno del animal. Por ejemplo, en un zoológico. Y es que uno de los motivos por los que los zoos más frecuentemente defienden la existencia de estos lugares es la investigación que en ellos supuestamente se realiza. En este sentido, cabe mencionar que el aprendizaje que podemos obtener de este tipo de investigación no necesariamente es realista, pues está demostrado que el comportamiento de muchos animales no es el mismo en cautividad que en la naturaleza. Sencillamente, encerrados en un zoo se les priva de la capacidad de desarrollar sus instintos naturales, a veces también de socializar y de un sinfín de comportamientos más. Así que no, los zoos no contribuyen al avance de la ciencia ni deberían sentirse orgullosos de su supuesta investigación, aunque seguirán presumiendo de ello mientras puedan.

Hallazgos accidentales

El contenido de este artículo se basa en el uso de animales para investigar sobre estos mismos, sin ninguna finalidad para los humanos más allá del propio conocimiento. Sin embargo, esto no es tan cierto, pues muchos estudios tratan de desarrollar sistemas o métodos para los humanos y sus descubrimientos sobre animales no humanos son puramente accidentales, durante la fase de pruebas con estos.

Por ejemplo, investigadores pueden tratar de crear un sistema de estudio del cerebro humano que podría aplicarse en neurología, pero antes de llegar a dicha aplicación pasa por un proceso de estudio en ratones y se acaba descubriendo algún dato sobre el funcionamiento del cerebro de estos roedores. En este punto, los científicos que lo han desarrollado y los medios de comunicación los presentarán como una noticia positiva: no solo hemos aprendido algo más sobre los ratones, sino que también se ha diseñado un nuevo procedimiento para humanos que ha sido exitoso en las aplicaciones previas.

Al final, haber conocido datos nuevos sobre el cerebro de los ratones acaba pasando a un segundo plano, como los propios roedores utilizados en el estudio sobre los que nadie se pregunta cómo fueron tratados, de dónde procedían o qué pasó con ellos después. Lo que importan, como suele ocurrir, son los humanos.

6 respuestas a «Investigación sobre animales… ¿Con o sin animales?»

  1. […] desde el enfoque del veganismo, ya que se utilizaron animales, algo sobre lo que ya dejamos clara nuestra posición. Pero creemos que es positivo dar a conocer este tipo de investigaciones porque en esta sociedad […]

  2. […] como este contribuyan a un mayor conocimiento sobre otras especies, en este caso los ratones, el uso de animales en investigaciones en las que son sometidos a experimentos no está exento de un importante debate […]

  3. […] experimentar dolor, característica común en el reino animal. Por desgracia, muchos de estos estudios se han desarrollado dañando a los peces para comprobar su reacción, como algunos en los que se […]

  4. […] el estudio, los investigadores reprodujeron diferentes sonidos ante huevos de pinzones cebra, ave autóctona de Australia. Tras su […]

  5. […] La Zona Veggie no apoya el uso de animales con fines científicos en ningún caso. Los individuos utilizados suelen ser criados con el […]

  6. […] también causan perjuicios a los demás animales, con lo que nos encontramos con la paradoja de hacerlos sufrir para demostrar que sufren, razón para exigir que el estudio de la etología salga de los laboratorios y se lleve a cabo en […]

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