Medidas bienestaristas como forma de avanzar hacia la abolición

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Dejar de triturar y gasear pollitos macho, ampliar el espacio para los animales que permanecen confinados en granjas, prohibir mutilaciones sin anestesia, condiciones más estrictas durante el transporte de animales vivos… Son solo algunas de las medidas que organizaciones en defensa de los animales llevan reclamando que se implementen en la industria ganadera, y de hecho, en algunos países ya se han impuesto algunas o se están debatiendo.

Este tipo de planteamientos es lo que las personas veganas denominamos «bienestarismo«, pues se trata de propuestas que buscan mejorar el llamado «bienestar animal», pero cuyo objetivo no es la abolición de la explotación hacia los animales. Hay quienes llegan aún más allá y afirman que este tipo de medidas no sirven más que para perpetuarla, ya que afianzan la creencia de que los animales en granjas están bien, disponen de todos los cuidados necesarios y son tratados adecuadamente, y esto sería algo así como una manera de justificar que se sigan explotando.

Lo cierto es que actualmente, es prácticamente imposible que quienes están en el poder dejen de apoyar el sistema ganadero. Sería demasiado «impopular». Pero sí está en sus manos imponer normas más estrictas en base a la mayor concienciación de la población acerca de la situación de los animales criados para consumo.

El propio sector es consciente de esa creciente preocupación social, y por eso cada vez vemos más publicidad de carne «de bienestar animal», que habitualmente procede de granjas tan cuestionables como las que no se anuncian en estos términos, y cuyas prácticas están alejadas de toda ética. Por ejemplo, no son aislados los casos de ovejas con problemas de movilidad que no pueden seguir al rebaño y acaban siendo abandonadas en medio del monte sin atención veterinaria. Sí, esas mismas que pastan en libertad en idílicos prados junto a un adorable pastor con su mastín. A lo mejor tenemos que empezar a pensar que la ganadería extensiva no es tan idílica como algunos creen. Por si alguien no había caído, los animales que proceden de este tipo de explotaciones acaban en los mismos mataderos que los demás, y no existen mataderos «de bienestar animal«.

Por eso, aunque los animales dejen de vivir en jaulas, no por ello dejarán de ser explotados, y aunque los pollitos macho ya no sean triturados, la producción de huevos seguirá matando a las gallinas. Pero en el punto de la historia en que nos encontramos, la transición del sistema de cría en jaulas hacia uno sin estas o la sustitución de la matanza sistemática de pollitos por nuevas tecnologías, como propone Igualdad Animal, es una forma de avanzar hacia la abolición.

Las personas veganas no vamos a consumir de nuevo productos de origen animal porque estos cambios se produzcan, y tampoco es a nosotras a quienes se dirige la industria cárnica cuando presume de «bienestar animal» y la puesta en marcha de políticas bienestaristas no va a detener la explotación, pero que esto se esté debatiendo en lugares como la Unión Europea, solo es una muestra más de que el cambio ya ha comenzado.

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