Un informe aboga por la protección del lobo como especie esencial para el equilibrio ecológico

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Los lobos son depredadores clave en la Península Ibérica

Cumplir las leyes de conservación, la correcta utilización de los fondos europeos para medidas preventivas, la lucha contra el furtivismo y los envenenamientos, el incremento de los pasos de fauna en puntos críticos de atropellos o la realización de peritajes científicos en indemnizaciones para evitar fraudes. Son algunas de las medidas que propone el informe de PACMA «Protección estratégica de especies para la conservación de espacios naturales: el lobo» para garantizar el mantenimiento de la especie.

El informe define a la especie como esencial para el equilibrio ecológico y explica que «el lobo ibérico es una subespecie única y un depredador clave en los ecosistemas de la Península Ibérica. Controla las poblaciones de herbívoros y mesodepredadores (carnívoros de menor tamaño), favoreciendo la biodiversidad y mejorando los sistemas vegetales e hidrológicos. Con su capacidad de autorregularse mediante la territorialidad y la supresión reproductiva, no necesitan control humano en condiciones naturales».

Hasta el siglo XIX, los lobos estaban repartidos por casi todo el país, con entre 7000 y 9000 individuos. Pero durante el siglo XX, y especialmente entre los años 50 y 70, la caza y la fragmentación de su hábitat supusieron un duro revés para la especie. A finales del siglo XX, los lobos habían pasado de ocupar 440000 kilómetros cuadrados en España a ocupar unos 82000 kilómetros cuadrados, principalmente en el noroeste.

A pesar de que desde entonces la especie ha vivido una lenta recuperación parcial, sobre todo gracias al aumento de sus presas y a la disminución de la caza, su población sigue limitada al noroeste de la Península (solo un 30% de su distribución histórica) y ha perdido diversidad genética debido a la endogamia, lo que puede aumentar la incidencia de enfermedades graves. Actualmente, se estima que sobreviven entre 1500 y 2000 individuos. «Para una verdadera recuperación, sería necesario que los lobos volviesen a las áreas históricas fuera del noroeste español, restaurando así sus funciones ecológicas cruciales», apunta el informe.

Desde el siglo XIX, el uso de trampas, venenos o los disparos de cazadores han sido una de las principales amenazas para los lobos, apoyada por la presión de los ganaderos que los acusan de ataques a sus animales. Actualmente, se sigue matando a lobos ilegalmente con estos métodos, pero «la falta de sanciones administrativas en los cotos de caza donde se encuentran animales envenenados fomenta la impunidad», afirman.

Entre 1993 y 2017, se registraron 133 muertes de lobos por veneno, mayoritariamente en Castilla y León, Asturias y Galicia. El veneno y las trampas también afectan a otras especies. Por todo ello, PACMA aboga por «reducir el conflicto entre ganaderos y lobos, mejorando la protección del ganado y las medidas de vigilancia».

Además de la caza, los atropellos o el expolio de camadas son otras amenazas para los lobos. En la A-1, se ha identificado un punto negro donde se han registrado muertes de varios lobos atropellados, lo que ha influido en su dispersión hacia Segovia o Guadalajara. Otro punto crítico es la A-52, en la Sierra de la Culebra, que carece de mantenimiento y sus medidas de seguridad han quedado obsoletas.

Enfermedades como la sarna, la leishmaniosis y la leptospira también amenazan a la especie, si bien es difícil conocer el impacto de estas con exactitud. Se ha confirmado que estas causan sobre todo la muerte de cachorros y que a menudo son transmitidas por perros.

Precisamente, la fragmentación de las poblaciones de lobos es uno de los motivos por los que estos pueden hibridarse con perros que dan lugar a híbridos fértiles y ponen en riesgo la identidad genética del lobo. Esto es especialmente preocupante cuando los machos alfa son víctimas de la caza furtiva, lo que debilita la cohesión de la manada.

De cara a la sociedad, la imagen del lobo se ha tornado negativa por la atribución a estos animales de ataques a los animales en granjas extensivas, muchas veces protagonizados por perros, si bien los ganaderos solo puede acceder a las indemnizaciones cuando el ataque ha sido realmente provocado por un lobo.

El informe propone soluciones como «adoptar medidas de manejo y protección del ganado que incluyen la identificación y marcaje adecuado de los animales, preferencia por razas autóctonas, confinamiento nocturno, construcción y mantenimiento de cercados, uso de perros de protección y la presencia de pastores con el ganado».

El documento también identifica una serie de entidades que suelen acrecentar toda esta problemática, como las administraciones públicas, los sectores de la ganadería y la caza, los sindicatos agrarios, las federaciones de caza, los ministerios, los políticos o la prensa. El lobo está protegido por diferentes normativas a nivel europeo y estatal, pero «algunos partidos políticos y medios de comunicación intentan revertir esta protección, difundiendo información manipulada para criminalizar al lobo».

Por su parte, las comunidades autónomas con mayor presencia de lobos han elevado las indemnizaciones por ataques de esta especie, lo que ha perpetuado esa criminalización a la especie.

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