Alimañeros, el cuerpo de extinción franquista de animales salvajes

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El desarrollo de la agricultura y la ganadería ha estado vinculado, desde hace siglos, con la persecución hacia animales salvajes que se consideran «dañinos» para estas actividades, ya sea depredadores que atacan a los animales en granjas o herbívoros que se alimentan de los cultivos o construyen sus madrigueras en estos.

Podemos señalar que los gobiernos no se han tomado en serio la conservación o la protección de la naturaleza hasta hace pocas décadas, y todavía en la actualidad, con normativas sobre esta cuestión, siguen permitiéndose prácticas que sí son realmente dañinas para los animales y el medio en el que habitan. Al fin y al cabo, los intereses humanos siempre han ido primero.

Sin embargo, en un momento dado se pasó de la defensa de la agricultura y la ganadería frente a los animales salvajes a los que se consideraba una amenaza, a veces también para los humanos, a la defensa de la caza como negocio, que experimentó un auge en el siglo XIX. Esta ya no era solo una actividad recreativa para el entretenimiento de las clases altas, y mucho menos un método de supervivencia. Los cazadores se habían dado cuenta de que podían obtener importantes beneficios económicos por la venta de pieles, plumas o simplemente animales disecados que acabarían decorando un mueble en cualquier casa o expuestos en una pared como trofeo.

Ya entonces se recompensaba también económicamente la caza de lobos y zorros en España, bajo esa supuesta defensa de la ganadería y las personas. Poco a poco, empezó a premiarse también la caza de otras especies como tejones, gatos monteses, hurones o garduñas. A comienzos del siglo XX, se incluyó en la lista a aves rapaces y linces, cuya caza a día de hoy es furtivismo. En definitiva, molestaba cualquier carnívoro salvaje que pudiera arrebatar a los cazadores presas como conejos o perdices.

Alimañeros

En 1953, el régimen franquista creó las Juntas Provinciales de Extinción de Animales Dañinos y Protección de la Caza, o simplemente Juntas de Extinción de Alimañas, definidas por la investigadora Carolina Márquez como «el último gran impulso oficial a la persecución indiscriminada de depredadores«. En 1944, se había creado un junta similar en Cantabria, esta vez por iniciativa de los ganaderos vacunos, pero a partir de la disposición de 1953, se fueron constituyendo en diferentes provincias.

El objetivo de las juntas era organizar los planes de caza; suministrar venenos, trampas y otros medios a los cazadores (alimañeros) y recompensarlos por cada animal capturado. Entre sus víctimas se encontraban lobos, zorros, linces, jinetas, comadrejas, garduñas, gatos monteses, nutrias, tejones, turones, culebras, víboras, lagartos, búhos, buitres, águilas, cuervos, gavilanes, halcones, milanos o urracas. Para las aves, también se recompensaba la «caza» de sus huevos, que aparecen contabilizados en los documentos oficiales de capturas de la época por parte de los alimañeros.

Curiosamente, algunos de los animales víctimas de los alimañeros no suponían ningún peligro ni para la ganadería, ni para las personas ni para los cazadores, como las culebras o los lagartos.

Para la caza de estos animales, cualquier método estaba permitido, ya fueran cebos, batidas, venenos, cepos, lazos o cualquier otra trampa.

La recompensa económica varió en función del año, la provincia o el animal cazado. Para obtenerla, los alimañeros mostraban una parte del animal, como una oreja, el rabo o la piel. Esto motivó la existencia de fraudes: a veces una misma pieza era presentada en más de una ocasión para obtener el dinero, en una España rural sumida en la pobreza en la que hacerse alimañero podía suponer un respiro para algunas familias.

En 1956, se publicaron unas «Hojas divulgadoras» con titulares muy similares a los que hoy vemos en algunos medios de comunicación cuando se hace referencia a animales salvajes, envueltos en sensacionalismo. Así, estas hablaban de «alarmante multiplicación de lobos», catalogados como «plagas» o del acercamiento de estos a los pueblos. Eso sí, en ellas también se reconoce que algunos ataques de lobo son en realidad provocados por perros asilvestrados, algo que todavía siguen negando muchos ganaderos, aunque se sabe desde hace al menos 68 años si atendemos a la fecha de este documento.

Hubo muchas otras publicaciones de este tipo, en las que se hablaba de las diferentes especies de de los supuestos daños que ocasionaban.

Las Juntas de Extinción de Alimañas fueron desapareciendo en la década de 1960, y sus competencias pasaron a ser asumidas por las Comisiones Provinciales Delegadas de Asuntos Económicos, si bien su actividad duró hasta la década siguiente.

En 1970, se estableció una nueva Ley de Caza (la anterior era de 1902). Con esta norma, se eliminaron las recompensas económicas por matar animales salvajes, se incluyó el término de «especie protegida» y se señaló cuáles eran las consideradas cinegéticas, los métodos de caza permitidos o las épocas del año en que estaba permitido cazar.

Poco a poco, llegaban a nuestro país medidas de protección y conservación de especies que ya estaban implantadas en otros países, algo que culminó en los años 80 con la entrada de España en la Unión Europea. Por supuesto, estas medidas nunca han gustado a los cazadores.

Hoy el sector de la caza trata de dar una imagen de modernidad mientras todavía siguen apareciendo de vez en cuando representantes de organizaciones de cazadores en medios locales reivindicando la figura del alimañero y pidiendo su regreso, en alguna ocasión quejándose de los depredadores que se alimentan de conejos a la vez que señalan a estos de «plaga» por sobrepoblación.

Pero el impacto negativo de los alimañeros y la caza en general es innegable y es sencillo comprobarlo acudiendo a los documentos oficiales sobre las capturas de animales durante la existencia de las juntas. Por ejemplo, entre 1955 y 1959 se cazaron más de 200 lobos, incluyendo a crías, en las provincias de Cáceres o Granada, donde hoy la especie es inexistente.

FUENTES CONSULTADAS

Andújar, F. (2021). Animales dañinos. Datos de una figura recurrente para una historia ambiental. Ser histórico.

Calzada, J. (2010). El lince ibérico en el Ordenamiento Jurídico. De alimaña a exterminar a especie protegida. En Calzada, J., Mora, M., Giles, R., y Márquez, C., Lince ibérico: aspectos jurídicos para la conservación de la especie, Málaga, SECEM, 21-48.

García, D. (2022). El lobo, de animal «dañino» a animal «protegido». Abogacía Española.

Márquez, C. (2015). El control de depredadores en España: análisis histórico, incidencia actual del uso de cebos envenenados y perspectivas de futuro. Universidad de Málaga.

Palacios, C.J. (2008). Piden el regreso de los alimañeros. 20 Minutos.

Paulos, C. M. (2020). Conocer, la mejor forma de preservar. El hexágono.

Vargas, J.M. (2010). Predadores versus alimañas: el paradigma de Félix y el lobo. Encuentros en la Biología, 129(3), 32-34.

WWF (2018). El medio ambiente, un derecho constitucional.

5 responses to “Alimañeros, el cuerpo de extinción franquista de animales salvajes”

  1. […] entre 7000 y 9000 individuos. Pero durante el siglo XX, y especialmente entre los años 50 y 70, la caza y la fragmentación de su hábitat supusieron un duro revés para la especie. A finales del siglo […]

  2. […] Durante décadas, el lobo se ha visto como un enemigo para la ganadería, mientras los cazadores han reclamado sus cuerpos como trofeos. Se acusa a la especie de atacar a animales considerados de granja que pastan en extensivo, ataques por los que los titulares de las explotaciones reciben cuantiosas ayudas. Esto no solo ha llevado a notificar falsos ataques, sino también a fomentar el rechazo y la persecución al cánido, que durante el período en que ha estado prohibida su caza se ha visto amenazado por el furtivismo. […]

  3. […] Esta misma semana ha finalizado el censo de lobos del Gobierno, que concluye que «en España hay menos lobos que linces«, tal como ha manifestado el secretario de Medio Ambiente, Hugo Morán. Sin embargo, el lince goza del máximo estatus de protección y su caza está prohibida, medida que, entre otras, ha permitido su recuperación en los últimos años tras décadas de persecución en las que, como el lobo, era considerado una «alimaña«. […]

  4. […] sin la menor misericordia . La situación actual no difiere en absoluto de aquellas fatídicas Juntas de Extinción de Animales Dañinos y Protección de la Caza, que operaron como tales entre 1954 y 1962 y que fueron creadas para justificar la matanza de miles […]

  5. […] En todo el mundo, el lobo ha visto reducida drásticamente su área de distribución histórica como consecuencia de siglos de persecución. Una persecución que siempre ha estado directamente relacionada con la ganadería: la presencia de depredadores amenaza los intereses económicos de quienes se lucran de la explotación de animales que son presa en la naturaleza. A su vez, los cazadores tradicionalmente han odiado a los depredadores por interferir en su actividad. Las leyendas y cuentos populares transmitidos por la tradición oral y escrita han contribuido aún más al desprestigio del lobo, que hasta hace pocas décadas era catalogado como una «alimaña«. […]

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