El canto de las gallinas refleja su estado de ánimo, y a los criadores les es indiferente

,

Pollos y gallinas reflejan su estado de ánimo y se comunican con sus semejantes a través de su canto. Con este informan sobre la presencia de comida, advierten sobre una situación de peligro, sobre la jerarquía o sobre la puesta de un huevo. Esta afirmación ya era conocida en el ámbito científico, pero en 2024 investigadores australianos quisieron poner a prueba a personas del sector de la cría de estas aves o interesadas en ellas para comprobar si saben distinguir si están contentas o frustradas escuchando sus voces. Los resultados de su investigación se han publicado en Royal Society Open Science.

Los casi 200 participantes en este estudio escucharon grabaciones de audio de gallinas y un 69% supo identificar a las que estaban contentas por haber recibido un «premio» (comida) y las que estaban frustradas por no haberlo recibido. Cuando las aves sabían que detrás de una puerta había comida, producían cacareos rápidos y agudos o «staccato», pero cuando no había nada respondían con cacareos «gakel» (quejidos y llamadas largas).

Así, los autores concluyeron que las personas que se dedican a la cría de estas aves pueden identificar su estado emocional. Sin embargo, no vemos que esto se traduzca en bienestar real para los pollos y gallinas criados en granjas, hacinados sin ver la luz del sol y sacrificados con poco más de un mes en el caso de los pollos criados para engorde y menos de dos años para las gallinas explotadas por sus huevos.

Luego están los criadores denominados «aficionados», que tienen por hobby incubar huevos de gallinas de diferentes razas, una especie de mascotismo entremezclado con la explotación, porque también se comen sus huevos. Si están fecundados puede que los utilicen para criar, incubándolos ellos mismos en sus incubadoras y no la gallina, por supuesto. Después de la eclosión, tal vez los vendan a otros «aficionados». Estos seguramente comen pollo, y también huevos fritos, porque si fueran veganos no serían «aficionados» a la cría de aves porque sí.

De hecho, probablemente si fueran veganos pondrían implantes a sus gallinas para que no sufrieran en la puesta de huevos, lo que les impediría reproducirse. Y es que a día de hoy prácticamente todas las gallinas, independientemente de su raza, sufren la selección genética a la que han sido sometidas durante generaciones para incrementar su puesta de huevos. Aunque el caso más exagerado es el de las denominadas gallinas «ponedoras» habituales en las granjas, con 300 huevos anuales, es muy difícil encontrar gallinas de otras razas que pongan 30 huevos al año coincidiendo con su etapa reproductiva, lo natural para la especie y para nada deseado por los criadores.

¿Pero qué les importa esto a los criadores y «aficionados»? Queda muy chic presumir de tener huevos azules, verdes o color chocolate puestos por gallinas araucanas, ameraucanas, olive eggers o marans, raras y exóticas donde las haya y víctimas de una cría masiva destinada al comercio de huevos fecundados o individuos vivos de la que poco se habla.

Los criadores del estudio con el que empieza esta reflexión pueden distinguir si una gallina está feliz o no, pero lo cierto es que nunca han escuchado a las gallinas. Si lo hubieran hecho, habrían dejado de tratarlas como objetos y de explotarlas, porque tanta explotación es una granja de gallinas denominadas «ponedoras» como un jardín de una vivienda con unas casetas llenas de paja con gallinas mal llamadas «libres» que ponen «huevos caseros».

Hay que escuchar a los animales. Escucharlos de verdad. De nada nos sirve tener tantos conocimientos sobre su comportamiento, comunicación y biología si no los utilizamos para satisfacer sus necesidades e intereses.

Deja un comentario

Entrada anterior:
Entrada siguiente:
contenido relacionado

Descubre más desde La Zona Veggie

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo