No. El sabor no es lo más importante

En las mentes de muchas personas, no entra la posibilidad de renunciar a la carne por su sabor. Para ellas, no es comparable comer vegetales a comer carne, porque disfrutan más con esta última, aunque además del sabor, entran en juego otras cuestiones como la creencia de que es saludable o que es el único alimento que puede darnos fuerza. Pero ni la carne está más rica que muchas recetas veganas, ni es el alimento más saludable, ni nos va a dar más fuerzas que otras comidas. Lo que sí va a provocar es sufrimiento y dolor, pero como no nos afecta directamente, a muchos les da igual.

Tengo que reconocer que la carne nunca ha sido mi alimento favorito, en ninguna de sus vertientes. Muchas veces, ni siquiera me gustaba su sabor. De pequeña, prefería repetir el primer plato antes que comer una chuleta o un chuletón de segundo, y solo me gustaban ciertos filetes y otras preparaciones con carne en la que esta estaba tan procesada que ni siquiera se percibía su procedencia. Y estas recetas que sí me gustaban, no estaban deliciosas por la carne en sí, sino por cómo habían sido elaboradas, con especias, condimentos o salsas. Porque esto último es lo que realmente da sabor a la carne, y por cierto, suele ser de origen vegetal, lo que hace más fácil la tarea de «veganizar» platos cárnicos.

Con el pescado sucede lo mismo. Necesitamos cocinarlo, rebozarlo, añadir condimentos o acompañarlo con salsas para que nos guste. De hecho, no creo que a nadie le guste ni siquiera su olor antes de ser cocinado, al igual que sucede con la carne. Y sí, los vegetales también están mucho más ricos cocinados y condimentados que crudos o sin nada añadido, pero también se pueden consumir tal y como salen de la tierra, y no pasa nada, ni resulta indeseable.

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Más allá del sabor

Pero más allá de un sabor, hay una cuestión de peso, y es que la carne lo único que provoca es sufrimiento. Un sufrimiento del que a veces no nos damos cuenta o no queremos darnos cuenta, pero existe, desde que el animal nace hasta el momento de su muerte, desde su despiece hasta que alguien adquiere una parte de su cuerpo en un supermercado, haciendo que la demanda aumente y que muera otro animal más.

Podríamos hablar de otros problemas causados por el consumo de carne, como la aparición de ciertas enfermedades, la sobreexplotación agrícola, el cambio climático o la ingente producción que da lugar a un gran desperdicio de alimentos. Pero aquí quiero centrarme en el dolor que provocamos a los animales, tanto por las condiciones en que son criados, como por la forma como son asesinados o el fin para el cual esto se produce, que es más económico que de necesidad alimentaria.

Porque no. El sabor no es lo más importante. No merece la pena explotar a los animales hasta que no dan más de sí, hacinarlos y degollarlos por un simple sabor que se puede conseguir sin sufrimiento. No hay razones de peso para comer carne en la mayoría de los países occidentales, y si lo hacemos es por pura costumbre. A menudo nos dicen a las personas vegetarianas o veganas que nos perdemos un manjar si no comemos carne o pescado. Lo cierto es que son los omnívoros quienes se pierden las delicias de los alimentos de origen vegetal, la apertura de mente que una alimentación vegana nos regala, y el hecho de saber que nadie ha muerto por su comida.

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