Ser vegana en Alemania: mi experiencia

En España, las personas veganas solemos pensar que en otros países de Europa están mucho más adelantados que aquí en lo que respecta al veganismo, es decir, idealizamos a países como Alemania, Finlandia, Suecia o Inglaterra como paraísos veganos. Pero, ¿realmente es así? Por mi experiencia, creo que, en algunos aspectos sí, pero en otros la realidad dista mucho de esta imagen que nos hemos creado. También es cierto que de todos esos países que he mencionado, solo he visitado Alemania, y he vivido allí algunas temporadas, aunque muy cortas. Por eso, solo puedo hablar de mi experiencia en territorio germano y desconozco cómo es el veganismo en otros lugares, aunque he aprendido a no idealizarlos antes de estar allí presencialmente. También estoy convencida de que, por el entorno donde he vivido de Alemania, mis vivencias allí son totalmente diferentes de las de otras personas veganas en este mismo país.

Pero primero, pongámonos en contexto. La primera vez que visité Alemania fue en la Navidad del 2018, y entre ese año y el 2019, he estado allí en diferentes ocasiones, pues la familia de mi pareja vive en este país. Concretamente, viven en un pueblo muy pequeño del oeste, pero muy cercano a grandes ciudades como Frankfurt. Antes de viajar a Alemania, en mi cabeza tenía una visión de su población como gente distante y algo fría, pero respetuosa con los demás y también con el medio ambiente. Tras conocer a diferentes personas, me di cuenta de que allí también existe el racismo, la xenofobia y el especismo, y además, el consumismo masificado está muchísimo más implantado que en España, por lo que me decepcioné un poco al ver que no están tan preocupados por el medio ambiente como pensaba. De hecho, la percepción que tengo es que son las administraciones las que implantan medidas contra el cambio climático o para favorecer la adaptación de personas que huyen de países en conflicto o de la pobreza, pero la sociedad (o al menos, la parte que yo he conocido) se muestra muy crítica con estos asuntos. Incluso mi percepción de los alemanes como personas frías y distantes estaba equivocada, pues los que yo he conocido están siempre bromeando y charlando entre risas. Cuando estaba con ellos y ellas, era yo, la española, la fría, distante y callada.

Veganismo

Pero volvamos al tema del veganismo, aunque he vivido tantas experiencias que no sé por cuál empezar. Sí me gustaría decir que Alemania es uno de los países que más carne produce y consume de Europa, a pesar de ser un supuesto «paraíso vegano», pero eso yo no lo sabía cuando fui allí por primera vez.

Lo primero que me sorprendió fue ver cómo algunos alemanes reclamaban productos españoles como el chorizo o el jamón. También me sorprendió que están dispuestos a gastar mucho dinero en pescado o carne que ellos consideran de calidad, y por alguna razón, la española para ellos es mejor. De hecho, creo que priman la calidad de los alimentos a su impacto medioambiental, y tampoco los he visto muy preocupados por la salud cuando comen perritos calientes o hamburguesas del McDonald’s o del Burger King, establecimientos que, por cierto, se encuentran cada pocos metros al pasar por cualquier autovía, algo que también me sorprendió. Y paradójicamente, en este sentido, prefieren comer por poco dinero antes que acudir a un restaurante local.

Con respecto a los lácteos, el asunto se complica. Y es que en la casa donde yo vivía, se comía carne y pescado, pero tampoco tan a menudo como en mi casa en España. Lo que sí se comía todos los días eran lácteos: leche, quesos, mantequilla o nata no podían faltar en las comidas. Y por una parte, me di cuenta de que les importa que, por ejemplo, la leche, proceda de granjas familiares o extensivas, pero por otro lado, compraban casi siempre en grandes superficies.

De hecho, he visto muy poco comercio local en Alemania, e incluso los establecimientos veganos o ecológicos son grandes supermercados. En este sentido, sí se facilita el día a día a las personas veganas, ya que tienen a su disposición muchísimos más productos que en España. Esto me lleva a la conclusión de que, en la actualidad, vayas donde vayas, siempre tendrás a la sociedad en contra si eres vegano, más allá de la facilidad o dificultad para adquirir productos que se adapten a tu alimentación. Pero no todo es negativo: en Alemania, vi que este tipo de supermercados funcionan, que verdaderamente hay demanda y que hay gente que realmente hace su compra semanal allí, aunque cueste el doble de dinero por ser todo ecológico (porque tengo la sensación de que quienes son veganos en Alemania suelen hacerlo más por el medio ambiente que por los animales).

En definitiva, aún queda mucho por conseguir en el ámbito del veganismo, pero no creo que en España quede aún más por lograr que en otros países. Como aquí, en Alemania también hay mucha costumbre de comer carne y quienes lo hacen no quieren renunciar a su sabor ni tampoco quieren probar alternativas. Además, suelen desconocer cómo funciona la ganadería. No somos tan diferentes. Cuando me preguntan si me iría a vivir a Alemania, la respuesta es sí. No me importaría porque realmente es un país que me gusta, a pesar del frío, pero ahora soy consciente de que me enfrentaría a las mismas situaciones que me enfrento en España desde que soy vegana.

3 comentarios sobre “Ser vegana en Alemania: mi experiencia

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