El uso de animales en la industria audiovisual

A lo largo de mi vida, he visto muchas películas en las que los protagonistas eran animales. De pequeña, me encantaba Air Bud (1997) y toda la saga que vino después, Beethoven (1992), Un perro de otro mundo (2003), Liberad a Willy (1993), y otras que veía -y todo el mundo ve- sin plantearse cómo han sido grabadas, cómo se ha tratado a los animales y cómo es posible que se comportaran de cierta manera para las escenas. Paradójicamente, algunos de estos largometrajes muestran un mensaje positivo con respecto a los animales, aunque estos hayan sido maltratados para rodarlos. Porque los animales no son actores, y no podemos pretender que lo sean. Pese a ello, existen empresas que se dedican exclusivamente a facilitar todo tipo de especies para rodajes de cine o televisión, o para anuncios publicitarios.

Todo actor o actriz tiene un guion que seguir a la hora de interpretar un papel. Sin embargo, está claro que ningún animal no humano va a ceñirse a un guion, por lo que cuando estos participan en una producción audiovisual son entrenados para que realicen ciertos comportamientos, muchas veces a base de malos tratos o privación de alimentos. En algunos casos, la tortura y el estrés ha sido tal que los animales han acabado muriendo.

Desde el siglo pasado, se han utilizado animales en el cine. Prueba de ello son las numerosas películas bélicas o del Oeste en las que se simulan guerras con decenas de caballos. De hecho, durante el rodaje de La carga de la Brigada Ligera (1936), algunos caballos fueron asesinados tras lesionarse grabando algunas secuencias, y precisamente esto motivó leyes de protección animal en el cine. Pero el maltrato animal en la industria del cine no es algo del pasado, sino que aún está presente en muchas producciones. De hecho, hace pocos años se difundió por Internet un vídeo en el que un perro era maltratado durante el rodaje de la película Tu mejor amigo (2017).

Otro caso bastante conocido es el de Snow Buddies (2008), película infantil para la que se utilizaron varios cachorros de Golden Retriever de pocas semanas de vida, que fueron separados de su madre con la finalidad de hacerlos «trabajar» en esta película. Al menos cinco de estos perros murieron y otros tantos enfermaron. La vida de Pi (2012) o El Hobbit (2012) también han sido denunciadas por asociaciones como PETA (Personas por el Trato Ético a los Animales) por sus malas prácticas con respecto a los animales que utilizaron. En España, uno de los casos más recientes ha sido el de la película Blancanieves (2012), en la que murieron nueve toros durante el rodaje. También han sido polémicos el uso de animales en programas como Gran Hermano o Vaya Fauna.

Tecnología

Es cierto que, durante los rodajes con animales, hay un veterinario. Pero las organizaciones animalistas reclaman mayores controles, pues esto no es suficiente. De hecho, hay muy poca información sobre las horas que se obliga a los animales a «actuar», sus entrenamientos o las condiciones en las que se les mantiene. Ni siquiera la frase «ningún animal ha sido dañado durante el rodaje de esta película» garantiza que realmente se haya respetado a los animales, pues aunque estos no hayan sufrido en las grabaciones, no sabemos cómo han sido los entrenamientos o en qué situación se han mantenido.

Por ello, hay colectivos que llevan años pidiendo que se endurezcan los controles sobre el uso de animales en producciones audiovisuales, aunque lo cierto es que, en pleno siglo XXI, ya no es necesario utilizarlos para rodar películas, anuncios o series de televisión. Prueba de ello es la película Ben Hur (2016), que recreó digitalmente las escenas con caballos de la película original de 1959, en la que murieron casi un centenar y participaron más de 2000 equinos.

Es cierto que este tipo de tecnologías son costosas y solamente las grandes producciones que cuentan con inversiones importantes pueden permitírselo. Pero es hora de apostar por ello y que por fin los animales dejen de ser utilizados como objetos, privados de sus instintos, de su libertad, y muchas veces hasta de comida o sueño. Ya no es necesario mostrar caballos reales para grabar un largometraje medieval, una telenovela o un anuncio. Tampoco hace falta torturar a perros para que aprendan a jugar al baloncesto. Ni a perros ni a ningún otro animal.

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