Así es mi Navidad vegana

No me gusta demasiado la Navidad. En primer lugar, porque soy sensible hacia el sufrimiento animal y lo paso mal viendo tantos animales muertos o corderos con sus madres las semanas anteriores que después desaparecen de los pastos mientras la gente gasta su dinero en comprar sus cuerpos. En segundo lugar, porque no soy creyente. Y en tercer lugar, porque me entristece ver cómo hay personas que compran compulsivamente sin pararse a pensar, y en definitiva, porque mi forma de pasar estas fiestas difiere bastante de lo habitual.

Durante mi infancia, sin embargo, disfrutaba mucho más de la Navidad, no solo porque eran días de vacaciones, sino también por los regalos que siempre me hacían muchísima ilusión e incluso escribía la carta a los Reyes Magos y a Papá Noel meses antes de las fiestas navideñas. En Nochebuena, mi familia se reunía como tantas otras, y recuerdo años en los que había una mesa larga en la que estaban gran parte de sus miembros, tanto familiares paternos como maternos. Todos juntos. Mi madre y mi tía se pasaban la tarde cocinando y a mí me gustaba porque era el único día del año en el que hacíamos una cena así.

Pero eso se acabó a causa de discusiones absurdas, y a partir de entonces no volvimos a celebrar la Navidad de esa forma tan multitudinaria. Solo mi madre, mi padre, mi hermana y yo, y hasta hace pocos años, mi abuela también. Antes de la pandemia, celebraba la Nochebuena en casa; y la Nochevieja, con la familia de mi novio, en la que llegamos a estar un máximo de ocho personas en la mesa, así que este día se quedaban solos mi padre, mi madre y mi hermana.

Digamos que en mi casa no está demasiado vivo el «espíritu de la Navidad», como en otras familias, pero en cierto modo, me alegro de que sea así. En realidad, sí decoramos el árbol, ponemos las luces, nos hacemos regalos, vemos las campanadas y a veces, sacamos la vajilla especial, pero los días pasan como en cualquier otro momento del año, o al menos esa es mi percepción. Tengo la suerte de que a mis padres no les gusta comer corderos, ni cabritos, ni cerditos bebés. Tampoco veo pavos en mi mesa, y muy rara vez veo conejos. La única carne que comen es de ternera, de cerdo y de pollo, y quizá de vez en cuando, algún otro animal. En Navidad, esto no cambia, y mi madre casi siempre hace pollo en Nochebuena, además de langostinos, que son sus preferidos para las celebraciones (incluso cuando es mi cumpleaños, aunque sabe que soy vegana y no los voy a comer).

Evidentemente, ninguna de las recetas de Nochebuena de mi madre es apta para mí, pero me las arreglo bastante bien. Y como diferente a los demás, pero no tengo que aguantar comentarios hirientes durante la cena. De hecho, me gustan más mis comidas navideñas actuales que las de antes de ser vegana, ya que siempre en aquella época estaba convencida de que cualquier otro día del año comía mejor que en Nochebuena, y esto se debía a que mi madre preparaba los mencionados langostinos, que nunca me han gustado. Ahora tampoco es que me prepare nada especial, pero esto depende mucho de las ganas que tenga ese día de cocinar. Incluso diría que prefiero invertir mi tiempo en preparar un postre vegano para todos que una cena especial para mí sola, porque me conformo con comer rico, y para ello no hace falta que me esfuerce demasiado ni que me prepare algo diferente, pues comer vegano suele ser sencillo y delicioso. A eso se añade que si quisiera hacer una cena más elaborada para Nochebuena, tendría que pensarlo con antelación, buscar ideas y comprar los ingredientes, y este año ya voy bastante mal de tiempo. Quizá otro año sea distinto, pero no es algo que me quite el sueño.

Como he comentado antes, algunos años he pasado la Nochebuena en casa de mi pareja. Allí sí está más vivo ese «espíritu de la Navidad», pero también podía cenar cien por cien vegetal sin inconvenientes, aunque sí tenía que ver esos animales muertos que no estoy acostumbrada a ver en mi casa, y algunas veces, también tuve que escuchar comentarios incómodos. Mi suegra siempre tiene opciones para mí, incluso cuando le digo que no se preocupe (más que nada, para evitar que se confunda, porque a veces me compra productos vegetarianos que llevan lácteos o huevo), pero aún así, no es difícil cenar bien y vegano con ellos. El problema, más que la comida, son esos comentarios de los que ya he hablado.

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Turrones y regalos

En estas fechas, hay ciertos dulces navideños que nunca faltan en mi casa, como turrones, mazapanes, mantecados, polvorones y bombones, pero los que compra mi madre o mi hermana no son veganos, así que me salto esa parte de la Navidad. Un año encontré un turrón vegano, pero acabé aborreciéndolo después de comprarlo varias veces durante esas fiestas.

Esto no es algo que me preocupe demasiado. Puedo pasar las navidades perfectamente sin probar un turrón o un polvorón, y obviamente, tampoco gasto mi dinero en estos dulces, pero es cierto que todos los años acabo recibiéndolos como regalo, y ya he asumido que eso es algo que se va a repetir cada Navidad, por mucho que diga que soy vegana o que no lo quiero (por supuesto, con amabilidad hacia esa persona que solo buscaba tener un detalle). Al final, muchos de esos bombones han acabado en el estómago de algunos de mis familiares, y en ocasiones, he optado por volver a regalarlos a otra persona, aunque estoy convencida de que lo mejor es insistir en que no los quiero, sin sonar borde, ni mucho menos.

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Y hablando de regalos, otra cosa que también me gusta hacer en Navidad es auto-regalarme algo relacionado con el veganismo. Este año, ya he comprado un libro, pero también me gusta colaborar con santuarios u organizaciones animalistas comprando sus calendarios, agendas o cualquier otro objeto que tengan a la venta. Y si tengo la ocasión, también hago este tipo de regalos a otras personas, pero solo si sé que tienen cierto grado de sensibilidad, si sé que les va a gustar. Es cierto que me sentiría rara regalando una taza de un santuario a alguien que sé que va a echar leche de vaca en ella, o regalando una camiseta donde pone algo relacionado con el veganismo a alguien que rechaza los valores de este, pero si es una persona que está en potencia de ser vegana, no dudaría en hacerle un regalo que ayude al movimiento.

Esto ha sido un resumen de cómo paso las navidades y cómo lidio con situaciones difíciles. Hay otras vivencias de las que podría hablar, como cuando he acudido a cabalgatas donde había animales sin saber lo que iba a encontrar, o cuando voy al supermercado y veo a la gente como loca comprando marisco. En esos momentos, reflexiono con pena sobre la estupidez humana. Pero pese a todo, creo que lidio bastante bien con estas fechas, quizá por mi contexto personal o por mi negativa a celebrarlas como el resto de la gente. Lo que sí tengo claro es que cada vez más personas dejan a los animales fuera de sus cenas, incluso de la de Nochebuena, y eso es una gran noticia.

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