Navidad y animales

Ha llegado la Navidad, una época de celebración para algunos, pero de sufrimiento para otros. De celebración para quienes se reúnen en familia a comer un cordero sin pararse a reflexionar. De sufrimiento para las víctimas, los animales de consumo, o para aquellos que serán un regalo de Papá Noel o de los Reyes Magos. Y para muchas personas veganas, estas no son fiestas especialmente felices. Por eso, esta semana voy a dedicar algunas de las entradas del blog a hablar sobre Navidad y veganismo, y hoy quiero hacerlo empezando por lo que sufren los animales llegadas estas fechas.

Creo que la mayor parte de la población no es consciente de los números. Es normal. No se habla de eso. ¿Cuántos corderos, cerdos, cabritos o pavos han nacido en los últimos meses fruto de partos programados para que después estos animales se conviertan en la cena de Nochebuena? ¿Cuánto está ganando la industria cárnica con esto? ¿Cuántos crustáceos y moluscos van a morir para vender sus cuerpos a precios desorbitados? ¿Cuántos de estos serán hervidos vivos? Imaginemos a miles de familias celebrando la Navidad con animales muertos en sus platos. Imaginemos los números si nos referimos a hostelería. ¿Realmente podemos hacernos una idea?

Puede que antes no me fijase, pero ahora sé que todos esos corderos que he visto con sus madres pastando en el campo en las últimas semanas van a terminar en un plato. Quizá si más gente se parase a reflexionar cuando pasa por carreteras rurales en las que se ven esas imágenes que parecen idílicas, si más gente se parase a pensar que esos corderos serán la comida de Navidad de su familia y de otras, las cosas serían diferentes. Pero la industria, evidentemente, no va a hacer ningún tipo de promoción refiriéndose a eso, porque es experta en ocultar el sufrimiento, y a veces incluso de hacerlo pasar por algo bueno.

Pero lo cierto es que solo son bebés. Unos bebés cuyo nacimiento ha sido programado, pero que son vidas, que no quieren morir en un matadero, que no quieren separarse de sus madres y sus madres tampoco quieren separarse de ellos. Hablo de los corderos porque es uno de los platos más frecuentes en estas fiestas navideñas, y también porque las ovejas son los animales más habituales en las ganaderías de la zona donde vivo, que sí, son extensivas o ecológicas en su mayoría, pero que no están exentas de sufrimiento. Pero podría referirme también a cabritos o a cerditos. No importa, también son vidas.

Como también lo son esos camellos o dromedarios obligados a asistir a cabalgatas, o esos burros encerrados en belenes vivientes como si fueran figuritas. Estamos en el siglo XXI, no me puedo creer que con la tecnología de la que disponemos no seamos capaces de organizar cabalgatas entretenidas y sin animales que no entienden el griterío, o porqué les caen constantemente caramelos encima.

Por no hablar de todos esos perros que han nacido en criaderos cuyas madres son explotadas para tener camadas una y otra vez, y que después son llevados a tiendas con escaparates llamativos que llaman la atención de cualquier niño o niña a quien no han enseñado que un animal es una gran responsabilidad, ¿pero cómo se lo van a enseñar, si ni siquiera los padres y madres son responsables? Animales a los que poco a poco, irán desatendiendo, hasta despreocuparse totalmente de ellos y abandonarlos como un objeto que ya no tiene uso. Esto no solo es aplicable a perros, sino también a cualquier otro regalo de Navidad que tenga vida. ¿Cuándo entenderemos que los animales no son regalos, que no se compran y que no son cosas? Ah, y tampoco son comida.

6 comentarios sobre “Navidad y animales

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