La caza y la tauromaquia son actividades más bien propias del pasado y con fecha de caducidad. El apoyo social a ambas es cada vez más reducido. Los jóvenes no quieren ser cazadores ni toreros, y las excepciones no son suficientes para que ninguna de las dos pueda sobrevivir. Si todavía lo hacen es porque sí cuentan con el apoyo de las instituciones. Tanto los cazadores como los toreros y otras personas vinculadas a estos ámbitos son conscientes de esta realidad y tratan, por todos los medios, de acercarse a la juventud y de dar una imagen blanqueada de la crueldad que significan para los animales y de una modernidad de la que realmente carecen, porque si caminaran de acuerdo a los tiempos, ya deberían haber dejado de caminar para convertirse en historia.
Durante los días previos a las elecciones generales del 23 de julio, el mundo de la caza dio mucho de qué hablar con el «observatorio de violencia animalista» que se pretendía crear si el PP y Vox llegaban al Gobierno. Afortunadamente, no va a ser así. En ese mismo acuerdo que los cazadores firmaron con los dos partidos de derechas también se proponía el fomento de la caza y de la tauromaquia entre los jóvenes y las mujeres.
Esto no es una casualidad. La caza y la tauromaquia son dos mundos tremendamente machistas y quienes las practican suelen ser hombres. Las pocas mujeres cazadoras y toreras que existen deben haber escuchado comentarios machistas miles de veces, pero esta no es la imagen que quieren dar la caza y la tauromaquia. Pese a ser actividades que carecen de respeto por los animales no humanos y por muchos humanos, estas quieren ser vistas como igualitarias a ojos de la sociedad, y por eso quieren llamar la atención de las mujeres.
Lo cierto es que la inmensa mayoría de las mujeres, al igual que los jóvenes, no quieren ser cazadoras ni toreras. Las mujeres preferimos defender a los animales, no quitarles la vida. Prueba de ello es que la mayoría de las personas que conforman el movimiento animalista o que son veganas son mujeres, mientras que la mayoría de quienes cazan y torean son hombres.
Por supuesto, una mujer es libre de decidir si quiere ser cazadora o torera en un país donde la caza y la tauromaquia son legales, y de hecho, hay mujeres que toman esta decisión. Ahora bien, que no pretendan vendernos esto como algo moderno, igualitario y feminista, porque no lo es. La caza y el toreo, ya sean practicados por hombres o mujeres, perpetúan los valores del patriarcado, no luchan contra ellos.
Esos valores pueden ser la violencia, la dominación, la fuerza, la superioridad, la carencia de empatía o de compasión… que han caracterizado al patriarcado durante toda la historia. Hablamos de la violencia contra los animales que ha venido realizándose durante siglos en espectáculos, en rituales, en la cría para consumo, en las guerras, etc. Una violencia que también ha vertido el patriarcado contra otros seres humanos, particularmente las mujeres. También es esa dominación con respecto a otras sociedades consideradas inferiores, contra las propias mujeres y contra los animales no humanos; y esa creencia de que los hombres son más fuertes, de que las mujeres y los animales no humanos son débiles y que las cualidades de compasión o empatía asociadas a las mujeres son inferiores. Sobre todo ello profundiza la filósofo Alicia H. Puleo en libros como Claves Ecofeministas para rebeldes que aman a la Tierra y a los animales (2019).
La caza o la tauromaquia no son más que un alarde de esa violencia patriarcal. Porque no cabe duda de que un cazador cree que puede dominar al ciervo y un torero cree que puede dominar al toro, porque piensan que son más fuertes y superiores. Eso sí, lo hacen desde una posición de desigualdad, con escopetas y banderillas, sin escapatoria para el toro en el caso de las corridas y también para los animales cazados en algunas modalidades de caza, aunque prefieren omitir esta parte de la realidad mientras se venden como actividades modernas.
La tauromaquia y la caza son todo lo contrario del feminismo. La imagen de un torero en una plaza de toros o de un cazador con su escopeta no pueden recordar más al patriarcado. Un patriarcado que cazadores y toreros prefieren perpetuar, y por eso no resulta extraño que se alíen con partidos de derechas para crear observatorios contra activistas animalistas. La falsa inclusión de las mujeres en ambas actividades no es más que otro intento más de lavado de imagen. Que no nos engañen.


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