La ganadería es una de las principales responsables del cambio climático, a pesar de que casi nadie la menciona cuando se pone de manifieste esta problemática o tratan de buscarse soluciones. En los escasos momentos en los que se habla de la ganadería, suele hacerse referencia al metano, pero esta actividad también produce CO2.
En total, entre el 25% y el 30% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero proceden del sistema alimentario, del que forman parte la agricultura y la ganadería, si bien la primera se desarrolla, sobre todo, para alimentar a los millones animales que viven en granjas y no tanto para la población humana, por lo que estamos ante un mismo problema.
Según la FAO, la ganadería es responsable del 14’5% de todas las emisiones provocadas por la actividad humana, y aunque esta es la cifra más aceptada en el ámbito científico, investigaciones recientes hablan de que debería actualizarse hasta el 16’5% o incluso más. Algunos expertos señalan que seguir una dieta basada en plantas tendría un impacto más positivo que dejar de viajar en avión o usar un coche eléctrico.
Cuando hablamos de emisiones, no solo nos referimos a las que se generan dentro de las propias granjas por la generación de gases en el organismo de animales como las vacas, sino también al uso de maquinaria agrícola en los cultivos que los alimentan, el transporte de animales o de productos derivados de estos, las fábricas…
Dentro de las emisiones causadas por la ganadería, aproximadamente el 65% procede de las granjas de cría de vacas para carne o leche. Solo el sector lácteo emite el 4% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
Si tenemos en cuenta el sistema alimentario en general, la carne es responsable del 57% de todos los gases de efecto invernadero procedentes de la producción de alimentos, casi el doble que los alimentos de origen vegetal (29%), pero cualquier alimento procedente de la ganadería suele superar el porcentaje de los vegetales en cuanto a impacto medioambiental.
Entre los vegetales, el chocolate o el café ocupan los primeros puestos en la lista de emisiones. Pero si comparamos la carne de vaca con los guisantes, la primera emite 60 kilos de CO2, mientras que los segundos generan un kilo por kilogramo de alimento. Por cada 100 gramos de proteína, la carne de vacuno emite casi 50 kilos de CO2. El cordero, algo menos de 20 kilos. Las gambas, 18 kilos y los cerdos, siete.
Los cereales, por su parte, generan casi tres kilos de emisiones por cada cien gramos de proteína; y la soja, casi dos kilos.
Si la ciudad de Edimburgo solo consumiera alimentos de origen vegetal, se evitarían tantas emisiones como si se retirara más de medio millón de coches de las carreteras. En Estocolmo, la reducción equivaldría a retirar 935000 coches.
Fuente: Plant Based News.


Deja un comentario