La foca monje del Caribe se encuentra en la lista de especies extintas por culpa del ser humano. La última de ellas fue vista en los años 50 del siglo pasado, si bien como ha sucedido con otros animales extintos en las últimas décadas, con el paso de los años se han ido sucediendo noticias de supuestos avistamientos. Y aunque eso en ocasiones se pueda interpretar como esperanzador, lo cierto es que nada puede hacerse por revertir el daño causado.
La foca monje del Caribe (Monachus tropicalis) era el único animal del grupo de los pinnípedos en el Caribe. La primera vez que se tuvo constancia de su existencia fue en 1493, durante el segundo viaje de Colón a América, en el que se cazaron al menos ocho de ellas como alimento. La llegada de los colonos europeos a América marcó también el comienzo del camino de la foca monje del Caribe hacia la extinción.
Diferentes fuentes documentales señalan que había grupos de hasta 500 individuos, casi siempre en islas remotas, arrecifes, cayos o atolones, aunque a veces también cerca de las rocas, en playas o calas. Se estima que existían varios cientos de miles de focas en el Caribe que fueron eliminadas a un ritmo veloz en pocos siglos, pero los conocimientos sobre estos animales antes de su extinción eran escasos.
Caza masiva
A partir del siglo XVII, las focas del Caribe comenzaron a ser cazadas masivamente por su grasa, tal vez por la facilidad de capturarlas cuando se acercaban a las playas a dormir y a descansar, si bien se cree que al igual que otras focas, estas se hicieron más esquivas al contacto con humanos cuando se convirtieron en sus presas. Esta grasa se utilizaba para la lubricación de máquinas, para embarcaciones o como aceite de lámparas y de cocina. También se utilizaban, aunque en menor medida, para comer su carne, para el estudio científico o para colecciones zoológicas.
En 1849, la foca monje del Caribe fue descrita en la literatura científica a partir de un individuo localizado en Jamaica. Hasta 1885, estos animales fueron cazados para alimentar a marineros y pescadores, aunque un documento de la época cita que en un caso, dos focas fueron matadas «por diversión».
En 1886, 49 focas fueron asesinadas en el Golfo de Campeche (México) durante una expedición científica. Once años después, se capturaron dos ejemplares para ser enviados al Acuario de Nueva York, que había abierto sus puertas en 1896. En el siglo XIX, las focas monje habían pasado de ser animales comunes en el Caribe a considerarse «raros».
En 1906, unos pescadores mataron a un ejemplar en aguas de Florida, después de 30 años sin haberse observado focas monje en esta zona.
En 1909, la última población de estos animales se encontraba en aguas mexicanas. Sin embargo, siguieron explotándose para distintos fines. Ese mismo año, otras cuatro focas fueron enviadas al Acuario de Nueva York; y en 1911, una expedición acabó con la vida de 200 focas monje para coleccionistas y científicos. No era extraño en aquel momento que los zoológicos se interesaran por focas monje del Caribe, pues ya era notable que su presencia era cada vez más minoritaria.
A pesar de todo, en 1922 volvió a avistarse una foca monje del Caribe en Florida, que no duraría demasiado tiempo con vida tras ser localizada por un pescador.
No fue hasta 1949 cuando la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza incluyó a la foca monje del Caribe en una lista de mamíferos cuya supervivencia estaba en peligro, aunque se desconocía si quedaba todavía alguna colonia. Cuando se pusieron en marcha acciones para conservar la especie, ya estaba a punto de extinguirse.
Extinción
Las últimas focas monje del Caribe fueron avistadas en 1952 dentro de un pequeño grupo. La documentación existente no permite suponer hasta qué niveles llegaron las capturas de estos animales, pero la caza fue uno de los principales motivos que contribuyeron a su extinción. Tampoco ayudaron las expediciones para capturar focas para enviar a zoológicos, ni las realizadas con fines científicos.
Por otro lado, se cree que la pesca pudo influir también en la reducción de las poblaciones, no tanto por la disminución de los peces de los que se alimentaban, pero sí por el ahogamiento en redes de pesca o la muerte a manos de pescadores que veían a las focas como competidoras en la captura de peces. Además, la ampliación de los asentamientos humanos en el Caribe pudo influir negativamente en las poblaciones de focas, o al menos, en su alejamiento de las zonas más frecuentadas por humanos. Al tratarse de un depredador, su extinción sin duda tuvo efectos ecológicos negativos.
En los años 70, sin embargo, aún quedaban esperanzas de avistar ejemplares de focas en el Caribe, teniendo en cuenta que los animales tenían una esperanza de vida que podía alcanzar los 30 años y hacía unos 20 que se habían visto por última vez. En 1973, la UICN distribuyó folletos en inglés y en español por toda la región en los que se informaba a la población de la posibilidad de acceder a recompensas de 500 dólares si comunicaban avistamientos de la especie. Sin embargo, no se ha podido demostrar que los avistamientos que se produjeron desde entonces fueran realmente de estos animales. Por su parte, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos realizó algunas búsquedas aéreas de focas, sin éxito.
En los 80, continuaron las exploraciones en busca de estos animales y algunos pescadores de las Bahamas afirmaron que habían existido focas monje en la zona durante las décadas de 1960 y 1970. Pescadores de Haití también señalaron haberlas avistado, pero nunca se pudo confirmar que realmente se tratara de esta especie.
Finalmente, en 1996 la UICN catalogó a la foca monje del Caribe como extinta, aunque en Estados Unidos se siguió incluyendo durante más de una década en su listado de especies amenazadas. Nuevas entrevistas con pescadores de Haití y Jamaica a finales de los 90 reavivaron las esperanzas de encontrar individuos de esta especie que podrían haber permanecido aislados en zonas remotas. Estudios posteriores señalaron que probablemente estos avistamientos no se correspondían con focas monje del caribe, sino con focas de casco, manatíes o leones marinos varados. Tras llegar a esta conclusión, una revisión más reciente sobre la situación de las focas monje en Estados Unidos señaló a la especie como extinta definitivamente.
La foca monje del Caribe es la primera especie de focas que se ha extinguido en la época contemporánea como consecuencia de la actividad humana. Otras dos focas del género Monachus, la foja monje de Hawai y la del Mediterráneo, se encuentran a día de hoy en peligro de extinción.
FUENTES CONSULTADAS
Baker, K. (2008). Tantas focas en tan poco tiempo…: La rápida extinción de la foca monje del Caribe. The Monachus Guardian.


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