Ha comenzado agosto. Ese mes en el que muchos pueblos de España celebran sus fiestas populares en honor a sus respectivos patrones, algo que suena muy divertido, pero no lo es tanto. La parte triste es que todavía en el 2023 un buen número de municipios siguen incluyendo en sus programas de fiestas encierros, capeas o variantes.
En estos programas, podemos ver de todo: encierros con toros recorriendo las calles del pueblo perseguidos por la multitud, toros ensogados, toros embolados, suelta de vaquillas de unos pocos meses de edad y hasta encierros para niños.
La mayoría de las personas que participan en estos espectáculos porque les parece divertido se molestan cuando alguien les recuerda que un encierro o una capea también es maltrato, aunque no implique la muerte directa del animal como en el caso de las corridas de toros. Pero es necesario llamar a las cosas por su nombre, y probablemente la palabra «maltrato» sea una de las que mejor defina este tipo de eventos. Negarlo es cosificar a los animales e ignorar su sufrimiento.
¿Crees que a una vaquilla que ha pasado sus pocos meses de vida junto a su madre en un prado tranquilamente le gusta que unos hombres le tiren del rabo y de los cuernos, que le den golpes, que la estresen y que la hagan correr por una plaza sin salida? ¿Crees que para ella es un juego? ¿Crees que a unos toros acostumbrados a despertarse cada día sobre la hierba les encanta que los trasladen en un camión hasta un pueblo donde son obligados a correr por calles de asfalto que jamás han visto en su vida? Si piensas que a los bóvidos les gusta participar en estos festejos, cambia su presencia por la de tu perro, ¿a que ya no es tan divertido?
Y si aún sigues creyendo que a los toros les gustan los encierros, o que les prendan bolas de fuego en los cuernos, por mucho que seas de campo y presumas de ello, no sabes nada de animales, porque el hecho de que tú no percibas su sufrimiento no significa que este no exista. Y el hecho de que te lo pases genial en estos festejos y los esperes con ansia durante todo el año no justifica su celebración. Y no, tampoco la justifican las ganancias que obtienen los bares gracias a los aficionados que acuden a la fiesta, porque hay muchas formas de generar dinero en los pueblos sin pasar por el maltrato animal.
Muchas personas antitaurinas que hemos crecido en pueblos o que vivimos en ellos no comprendemos que sigan organizándose festejos taurinos en honor a un santo, cuando con la excusa de celebrar al patrón del municipio podrían realizarse tantísimas actividades de ocio culturales de verdad. Porque la tauromaquia no es cultura.
Que durante unos días del año se obligue a unos toros a correr por las calles de un pueblo, se les someta a burlas, atosigamiento, estrés…, o que se haga lo propio con una cría de vaca es un anacronismo en toda regla, y no solo por el espectáculo en sí, sino por lo machista que resulta ver a una mayoría de hombres jóvenes, a veces no demasiado sobrios y queriendo demostrar no se sabe muy bien qué corriendo delante de un toro, pasando por delante de su cabeza, tirándole del rabo o dándole unos toques por la espalda.
Los encierros y capeas no son espectáculos inocentes. Cada vez aparecen más vídeos en las redes sociales con imágenes vergonzosas en cuanto al trato a los animales en estos festejos: un hombre saltando encima de una vaquilla o un toro quemado por el fuego son solo algunos de los últimos que hemos visto. Y no precisamente porque los aficionados sean ahora más brutos que antes, sino porque ahora pueden grabarse este tipo de imágenes y antes no, y si se hacía, se quedaban como un recuerdo personal, tal vez en un teléfono móvil que ya ni siquiera funciona.
Por desgracia, los festejos taurinos que no son corridas de toros siguen atrayendo la visita de muchas personas a algunos municipios, pero no hay motivos para pensar que toda esa gente no acudiría si se organizaran otro tipo de fiestas. También por desgracia, algunas veces estos eventos acaban en trágicos sucesos, con muertes de personas que habrían sido totalmente evitables. A veces también terminan con la muerte de algún animal, a lo que llaman «accidente«, aunque pocos se dan cuenta de que ese animal, al igual que todos los que participan en estos festejos, tarde o temprano iba a terminar en un matadero.


Deja una respuesta