Los animales dentro de la industria de la alimentación mueren de una forma muy cruel e injusta. Pero si hay un ejemplo de atrocidad normalizada a la hora de matar a un animal se da cuando las langostas y otros crustáceos son hervidos vivos, ya sea en nuestras propias casas como parte del menú navideño o en establecimientos de restauración.
Cuando compramos carne o pescado, lo habitual es pagar por el animal ya muerto. De hecho, cualquier consumidor se escandalizaría si el carnicero le vende una vaca viva en lugar de un par de chuletas, y muchas más personas serían vegetarianas si no existieran los mataderos donde otros se encargan de acabar con la vida de los animales para convertirlos en productos. Esto cambia en el caso de los crustáceos. Y es que no es raro ver a estos animales caminando sobre el hielo en pescaderías o en el mercado de la ciudad, sobre todo en algunas épocas del año, junto a otros individuos de su especie también vivos y otros muertos. ¡Caminando sobre el hielo! ¿Cómo puede pasar la gente ante ellos indiferente? Sí, caminando sobre el hielo horas antes de ser introducidos en agua hirviendo.
Hay quienes consideran que comer una langosta, cangrejo, bogavante o centollo es un manjar, y están dispuestos a pagar sumas importantes de dinero en restaurantes donde incluso pueden escoger a la que quieren del acuario. Las langostas y otros crustáceos son, de hecho, la seña de identidad de muchos restaurantes en zonas costeras, algunos para minorías selectas que pueden pagar lo que les pidan y otros para un público más generalista, aunque es cierto que a veces la oferta de langostas vivas se asocia a restaurantes de lujo.
También es cierto que los crustáceos no forman parte del menú diario de las personas en los países occidentales, y que suelen asociarse a ocasiones especiales. Pero eso no cambia la crueldad que supone sumergir a un animal en agua hirviendo. Y no importa si este grita o no, si siente más o menos dolor. Porque lo que no se puede negar es el sufrimiento de un individuo tratando de salir sin éxito de una olla tapada con agua caliente durante los que son los últimos minutos de su vida. Lo que no se puede negar es que ese animal no quiere morir.
Este cruel proceso ha propiciado que muchas personas que comen carne y pescado no consuman langostas que han sido hervidas vivas. A otros, sin embargo, los crustáceos les son indiferentes y niegan la evidencia de su sintiencia, aunque esta negación solo es la excusa para seguir comiendo sin plantearse el sufrimiento que padecen los otros animales. Pero por mucho que te guste el marisco, la vida de los animales y el respeto hacia estos debería estar por encima de tus preferencias.
Algunos países ya han prohibido cocer crustáceos vivos, y otros han prohibido mantenerlos vivos en superficies con hielo en supermercados o restaurantes.


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