El pasado domingo tenía lugar en Madrid una mascletà ideada por el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida, tras haber prometido a modo de broma inocente que si el PP ganaba las elecciones en Valencia trasladaría a Madrid esta tradición valenciana. Si el hecho en sí ya es un disparate, aún más lo es que se haya celebrado en una zona donde habitan más de 100 especies de aves y otros animales, a sabiendas del impacto que tiene la pirotecnia sobre estos.
A Almeida no le ha importado que las organizaciones ecologistas y animalistas se le hayan echado encima, ni siquiera ha escuchado las peticiones de trasladar el evento a otro lugar si tan empeñado estaba en celebrarlo, aunque en cualquier otra parte también habría tenido impacto sobre la fauna porque ¡sorpresa!, no estamos solos en el mundo. Pero Almeida y sus defensores deben pensar que sí, que no compartimos el planeta con otros animales o que la biodiversidad no tiene importancia en comparación con el supuesto beneficio económico de una mascletà de siete minutos. Por cierto, siete minutos de pesadilla para las aves de Madrid Río, para los perros y gatos que viven en la zona o para el perro de algún iluminado al que se le ocurrió llevarlo a sufrir un rato.
Resulta inexplicable e incomprensible que un juez autorizara esta idea descabellada, pero así fue, pese a que 500 personas se concentraron ante el Ayuntamiento en rechazo a la mascletà. Para la alcaldesa de Valencia, 500 personas «catetas» que no entienden las tradiciones valencianas, como si una tradición lo justificara todo.
Ojalá esas 500 personas no hubieran tenido razón. Ojalá la mascletà hubiera pasado por Madrid Río sin pena ni gloria, como un evento más. Ojalá las aves y otros animales hubieran vivido el domingo como un día como cualquier otro. Pero lejos de ser así, a las pocas horas de la mascletà ya circulaban por redes sociales imágenes de patos muertos, y algunos medios se hacían eco de ello. También hemos visto a las gaviotas huyendo de la pólvora y a un ganso del Nilo desesperado porque ha perdido a su pareja. Todo ello gracias a la fotógrafa Estela de Castro, que no ha dejado de compartir información al respecto en y que hizo un llamamiento para documentar las consecuencias de la mascletà.
Hasta ahora, no sabemos con exactitud la magnitud de esas consecuencias, pero es prácticamente seguro que no solo ha muerto un pato y no solo ha desaparecido un ganso del Nilo. Y es que no es ningún secreto que la pirotecnia daña, e incluso mata a animales de muy diversas especies. En 2021, los fuegos artificiales de Nochevieja dejaron a cientos de pájaros muertos en las calles de Roma, aunque para la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, «los patos de Valencia lo resisten todo, pero en Madrid, patas arriba a la primera».
Pues no, Ayuso. Los patos de Valencia no lo resisten todo, aunque probablemente tampoco les suelan poner explosivos en su casa. Probablemente Ayuso ignora o quiere ignorar que muchos valencianos que conviven con perros comienzan las Fallas deseando que terminen, que los colectivos animalistas y ecologistas de Valencia también protestan contra la pirotecnia y que las organizaciones de protección animal valencianas se ven obligadas a transmitir cada año recomendaciones para evitar que los perros y gatos sufran cuando comienzan sus tradicionales fiestas.
Y ahora en Madrid, esta tradición importada podría volver a repetirse, porque Almeida pretende consolidar el evento. Esperemos que ahora sí, la justicia tome cartas en el asunto y no vuelva a aprobar esta pesadilla insoportable.


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