Aguafiestas. Así te llamarán algunas personas si te posicionas contra los festejos taurinos, si te niegas a formar parte de una mesa un día de asado, si no quieres que tus hijos vayan a la excursión del cole al zoo o si afirmas que la pirotecnia mata. Pero es que así es. La pirotecnia mata. Y por desgracia, esa es una realidad que ya hemos visto en múltiples ocasiones. Cuando no mata, también hemos comprobado que aterra tanto a animales no humanos como a humanos, por mucho que a ti te divierta. Tener un poco de empatía, y sobre todo respeto, no es ser aguafiestas.
Quienes convivimos con perros y gatos hemos comprobado, muy probablemente, el impacto de la pirotecnia en los animales. Y sí, hay perros y gatos que no reaccionan o cuya reacción no pasa de unos ladridos o una expresión de sorpresa, pero esto no puede servir como argumento a favor de la pirotecnia, ya que con un solo animal que muera o sufra por su causa, ya debería ser suficiente motivo para replantearse su uso. Aún así, seguimos viendo a personas con sus perros en eventos que incluyen fuegos artificiales. Y personas con perros y gatos que defienden la pirotecnia. Otras, sin embargo, optamos por quedarnos en casa en ciertas fechas señaladas para cuidar de ellos.
Pero los animales con los que convivimos no son los únicos que sufren con la pirotecnia ruidosa. También lo hacen las especies salvajes, como esas aves que no dejan de ser otros habitantes de nuestras ciudades y pueblos a los que solemos prestar poca o ninguna atención. Ahí fuera hay aves con crías, descansando, migrando o buscando alimento. Esas imágenes de cientos de pájaros muertos en Roma después de que la ciudad diera la bienvenida al 2021 debieron servir de ejemplo para replantearse el hecho de celebrar las tradiciones de una manera más respetuosa con el resto de las especies. Tres años después, no hemos aprendido demasiado, aunque algunas capitales del mundo ya han dejado atrás el ruido.
En 2022, un estudio publicado en la revista Society of Conservation Biology reveló que los gansos salvajes modifican su comportamiento, su vuelo y su lugar de descanso tras eventos de pirotecnia, lo que a largo plazo, tiene un efecto negativo sobre las aves, y la conservación de estas no está precisamente en su mejor momento. El estudio realizó un seguimiento de más de 300 individuos de cuatro especies de gansos en los doce días anteriores y posteriores a Nochevieja en países de Europa.
Los animales volaron más alto y más lejos tras los fuegos artificiales y cambiaron con más frecuencia su lugar de descanso para dormir, lo que implicó un mayor consumo de energía y por tanto, más esfuerzo para buscar comida que lo compensara. Esto, a su vez, les puede llevar a estrés o los puede llevar a alimentarse de cultivos agrícolas, desencadenando las consiguientes quejas de los agricultores. Según los investigadores, los gansos gastaron un 10% más de energía que antes de la pirotecnia. Unos minutos de fuegos artificiales pueden tener un impacto de días de duración en los animales. El Ayuntamiento de Madrid no debía conocer este estudio ni otros similares cuando organizó en febrero una mascletà en un entorno repleto de aves. ¿Respeto? ¿Qué es eso?
Ni el Ayuntamiento de Madrid ni otros muchos ayuntamientos del mundo deben saber tampoco que existen alternativas a la pirotecnia más respetuosas con los animales. No necesitamos esos grandes estruendos para disfrutar de unos fuegos artificiales. Existe la pirotecnia sin ruido. Tal vez los responsables de todos esos ayuntamientos que siguen gastando dinero público kilos y más kilos de pólvora tampoco saben que hay otras especies en el mundo cuya capacidad auditiva es muy superior a la humana y que viven estos eventos con auténtico pavor. ¿Es eso o es que no les importan los animales? ¿Y los animales humanos, tampoco les importan? Porque al final la pirotecnia no solo hace daño a las otras especies.


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