Por qué no puedes tener una iguana en casa

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Desde el pasado 29 de marzo de 2024 es ilegal la tenencia de animales exóticos como iguanas, serpientes y arañas venenosas, escorpiones o primates, entre otros. La entrada en vigor de esta medida, recogida en la Ley de Bienestar Animal aprobada el año pasado, ha generado reacciones de todo tipo, desde la frustración de quienes ya no podrán lucrarse de forma legal de la venta de estos animales hasta el enfado de las administraciones que ahora tendrán que hacerse cargo de ellos.

En este sentido, podemos debatir sobre cómo se está gestionando esta prohibición, sobre si debería dotarse de medios a las instituciones públicas o refugios para acoger a posibles animales decomisados o sobre cómo debería actuarse con estos. Podemos debatir muchos puntos, pero nunca será una mala noticia que tu vecino ya no pueda tener una pitón en casa.

Ahora la pregunta es: ¿Por qué tu vecino quiere tener una pitón en casa? Tu vecino es consciente de que se trata de un animal salvaje y no una especie domesticada, de que su tenencia puede acarrear ciertos peligros para él y para su entorno y de que es un animal exótico. Eso es justo lo que le llama la atención. Tu vecino no quiere o no le basta con convivir con un perro o un gato. A él le gusta lo raro, lo diferente, y le gustan las serpientes, pero no tiene ni idea de pitones, por mucho que haya leído. Porque si supiera algo de pitones, sabría que una vivienda no es hogar para una serpiente y que su hábitat está a miles de kilómetros. También sabría que no sirve una amplia jaula de cristal con agua, vegetación y un tronco por el que trepar para que no se aburra.

Al final, tu vecino está utilizando a la pitón como ese aficionado a los coches que se compra su vehículo más deseado para no sacarlo nunca del garaje, mientras no para de hacerle fotos para ponerlas en redes sociales y no pierde la ocasión de enseñárselo a cualquier visitante para ver una vez más esa reacción como de asombro que tanto le gusta. Con la diferencia de que un animal no es un coche ni un objeto, y eso es lo que los criadores y aficionados a los animales exóticos todavía no han entendido. Porque un animal no existe para decorar la casa de tu vecino, y tampoco para coleccionarlo como hacían los monarcas del pasado cuando conquistaban nuevos territorios. Y porque una persona no puede ser aficionada a los animales exóticos como si de sellos o de fútbol se tratara.

Tu vecino también es un irresponsable por tener una pitón en casa. Es irresponsable porque no es lo mismo que se le escape el perro, con todo el drama que ello puede generar, a que se le escape la serpiente. Un animal, como todos los exóticos, que puede resultar peligroso para otras personas y animales, no solo ante hipotéticos ataques, sino también porque puede suponer una amenaza para la salud pública, por aquello de la zoonosis que tan vinculada está con el comercio de especies exóticas. También puede causar estragos en las poblaciones de otros animales, y después es cuando nos echamos las manos a la cabeza y nos inventamos que algunas especies son «invasoras«.

Es ilógico. Llamamos a otros animales «invasores» cuando hemos sido los humanos quienes los hemos criado o incluso capturado en su hábitat para trasladarlo a miles de kilómetros de distancia. Ya bastante tienen los pobres con tener que adaptarse a un entorno que no es el adecuado para ellos como para que encima los persigamos bajo la etiqueta de «invasores».

De eso saben mucho los cerdos vietnamitas, que también están en la lista de animales cuya tenencia es ilegal en España. «Ahora está de moda tener un cerdo vietnamita, que es como un perro pero más guay, y además no crece nada», se decía hace unos años. Luego el cerdo creció y ya no era tan «guay». Comía demasiado, y en el monte seguro que dispondría de mucha más comida que la que su propietario podía ofrecerle, así que en un alarde de responsabilidad y mucho amor por los animales, decidió abandonarlo. ¿Pero entonces, no era como un perro? ¿Al final era un animal salvaje o doméstico?

Es conveniente recordar este perfil de propietario «responsable» de cerdo vietnamita en un momento en que todo este sector de aficionados a lo que llaman «mascotas» exóticas se muestra muy triste porque ya no pueden tenerlas. ¿Pero qué es lo que les entristece? ¿Que han perdido un objeto de decoración? ¿Que no podrán comprar otro igual, o al menos no de forma legal? ¿Realmente creen que tenían un vínculo emocional con una serpiente o una iguana? Si tanto querían a su animal exótico, ¿por qué no les alegra que tenga la posibilidad de acudir a un centro, refugio o santuario donde se le pueda ofrecer un espacio más adecuado para su especie?

Y otra pregunta curiosa: si tanto querían a su animal exótico, ¿por qué se empeñan en llamarlo «mascota»? «Mascota» es un término horrible que define muy bien esa cosificación de los animales de la que estamos hablando.

Criar no es conservar

Ahora los criadores también dicen que «criar es conservar» para justificarse, porque saben que en general no se entiende muy bien que alguien quiera tener una tarántula en casa. Por eso, afirman hasta la saciedad e incluso se autoconvencen de que criar animales exóticos contribuye a su conservación. Como los zoos. Ambos tienen algo en común, y es que los dos se lucran a costa de los animales, y desde el momento en que alguien gana dinero de esta manera, los individuos pasan a un segundo plano. Digamos que la atención que se les presta obedece a ese beneficio económico, no al bienestar del animal.

Lo cierto es que el comercio de animales exóticos es una lacra que en muchos lugares del mundo ha llevado al borde de la extinción a numerosas especies, a causa de la caza o captura de individuos en libertad para venderlos. Criar a estas especies fuera de su hábitat para su tenencia como «mascotas» no solo no va a contribuir a su conservación, sino que además es absurdo que esta dependa de la idea de mantenerlos encerrados en jaulas o en viviendas. Si quieres contribuir a la conservación de los chimpancés, apoya a organizaciones en los países donde estos viven que se encargan de esta labor, no pagues por tener a uno de ellos en casa.

Los del «criar es conservar» también dicen que los animales cuya tenencia es ilegal significa la condena a muerte de los que ya han sido adquiridos de forma legal o que estos han quedado desprotegidos. ¿Pero cómo que condenados a muerte? ¿No era que sus propietarios los amaban? ¿Cómo les van a quitar la vida? ¿O se refieren a que serán las administraciones las encargadas de hacerlo?

No vamos a negar que puede suceder que algunas administraciones alegarán una falta de recursos para justificar el sacrificio de posibles animales decomisados, o que intentarán que cualquier asociación se haga cargo de ellos sin importar a qué tipo de especies se dediquen. Pero este no es el objetivo de la norma, y el destino de estos animales debería ser un refugio o santuario adecuado a sus necesidades. Aunque los criadores no se lo crean, estos existen en España, aunque no estaría de más que las administraciones les echaran una mano, al menos de vez en cuando.

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