Definición de «animalista»

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Animalista: persona nacida en una ciudad que no debe posicionarse contra la caza porque mantiene a su perro encerrado en un piso y lo saca a pasear con correa y vestido con jersey o chubasquero; que jamás ha estado en el campo, ni lo conoce, ni sabe lo que es una vaca; que puede que haya dejado de comer carne o que siga consumiéndola mientras critica la tauromaquia y que antepone los derechos de los animales a los de las personas. Si eres un cuñado de bar, estarás totalmente de acuerdo con esta definición. Si te consideras animalista o eres vegano o vegetariano, probablemente te han definido así en alguna ocasión.

Pero nada más lejos de la realidad. Si eres animalista o si simplemente consideras que la caza, la tauromaquia o la carne son cuanto menos moralmente poco aceptables, sabrás de sobra que ninguno de estos factores se justifica porque haya perros viviendo en pisos o paseando con jersey.

El cuñado de bar de la definición con la que comienza este texto suele traducirse en personas que realmente no admiten que cazar, matar toros en plazas por diversión o matar animales en mataderos son hechos moralmente poco aceptables, porque probablemente les guste la caza, la carne y las corridas de toros. Pero el cuñado de bar no siempre es un ganadero, un cazador o un torero o aficionado a la tauromaquia. El cuñado de bar puede ser cualquiera que trate de justificar su relación de dominación con los demás animales. Una relación de dominación que puede ejemplificarse en la aprobación de la caza sin ser cazador, o del denominado «control de plagas», o del consumo de carne por el sabor y la costumbre, de la tauromaquia porque «genera empleo» o de que los perros vivan en el campo encerrados en casetas porque así no ladran ni hacen caca.

Aunque el término «animalista» genera cierto rechazo para un sector del veganismo, el cuñado de bar poco sabe de los debates internos del movimiento, por lo que puede que utilice este o «vegano» indistintamente. Después nos dicen que quienes no tenemos ni idea somos nosotros, ¿pero acaso saben ellos de qué están hablando cuando mencionan las palabras «veganismo» o «animalismo?

En fin… Vayamos al meollo de la cuestión. En primer lugar, una persona animalista, vegetariana o vegana no tiene porqué haber nacido en una ciudad. La que escribe estas líneas ha nacido y vivido prácticamente toda su vida en un pueblo, y hay muchas más, que incluso proceden de familias de ganaderos o cazadores. Pero independientemente de eso, dado que hay más personas viviendo en ciudades que en pueblos y dadas las pocas oportunidades que ofrece el mundo rural, es lógico que haya más animalistas en ciudades. Y eso no es algo negativo.

En cualquier caso, tampoco es que vivir en una ciudad predisponga a las personas a hacerse animalistas o veganas, ya que eso puede depender de muchos otros factores. Pero si así fuera, ¿cuál es el problema? Si ser de ciudad te hace ser animalista, ¡bravo por los animalistas de ciudad!

Por otro lado, cualquier perro que viva en un piso con todas sus necesidades cubiertas (varios paseos diarios, alimentación, atención veterinaria, respeto y cariño) va a ser siempre mucho más feliz que cualquier perro usado para la caza o el pastoreo como una herramienta. Eso no se discute, por mucho que los perros utilizados para estas actividades tengan acceso al exterior sin correa (cuando lo tienen, porque los perros de cazadores pasan la mayor parte del tiempo encerrados también). Además, muchas personas que vivimos en pueblos tenemos restringidas las salidas al campo con nuestros perros, precisamente por la presencia de cazadores. En cualquier caso, no serían pocos los animalistas que se trasladarían de la ciudad al pueblo si tuvieran la posibilidad y de ello dependiera el completo bienestar de sus perros.

Por cierto, tampoco son pocos los animalistas que se informan sobre si es o no adecuado vestir a los perros. Podría decirse que algunas de las personas que los visten los tienen como un complemento, no porque sean animalistas. Otras puede que hayan llegado a la conclusión de que un jersey protege a los animales del frío, tras observar sus reacciones a la climatología. ¿Cuál es la crítica?

Ah, sí. La crítica es que se le da más importancia al bienestar de los animales que al de las personas. Una crítica muy especista, por cierto, pero es probable que el cuñado de bar no conozca esta palabra, así como tampoco es capaz de concebir que preocuparse por los animales no humanos no es incompatible con las causas humanas. Ahora cabría preguntarse por qué causas se preocupa el cuñado de bar.

Otra crítica es que no conocemos a los animales. Pero no es cierto. O al menos no suele serlo. Muchas personas veganas o animalistas llevan santuarios, refugios o protectoras. Otras tantas colaboran con ellas. Por supuesto que conocen a los animales, pero los conocen como son realmente, o como son cuando salen de la explotación. El cuñado de bar, sin embargo, probablemente solo los conozca cuando están dentro de la explotación o por lo que un ganadero le ha contado. Otras personas veganas o animalistas no tienen demasiados conocimientos sobre los demás animales, pero no pasa nada, no es necesario hacer un máster en etología para entender que son seres sintientes que merecen respeto.

Y sí, hay personas que rechazan la tauromaquia o la caza pero siguen comiendo carne. De hecho, muchas veganas hemos pasado por ahí antes de dejar de consumir animales, y solo era el primer paso en este camino. Otras siguen siendo firmes opositoras de la tauromaquia o de la caza y nunca dejan de comer carne, tal vez porque no han entrado en el matadero donde acabaron con la vida del animal que tienen en su plato, o por la costumbre, comodidad o sabor. Claro que esto es criticable, pero no desde la defensa de la tauromaquia y la caza, sino desde la defensa del veganismo.

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