La Navidad ya ha terminado en muchos de los países en los que se celebra. En otros como España, todavía falta una semana de comidas que consisten en bebés cocinados, como corderos o cerditos; de regalos que no necesitamos y compras compulsivas y de luces por todas partes que a quienes además de veganas, tenemos un mínimo de conciencia ecológica, no nos alegran la vista. Y todo ello acompañado de nuestros familiares, que a veces se empeñan en incomodarnos continuamente con preguntas y comentarios sobre el veganismo.
Por muchas luces, decoración bonita, regalos y momentos familiares, la Navidad no es especialmente agradable para la mayoría de las personas veganas, seguramente a excepción de quienes escogen pasar estas fechas con mesas sin animales.
Aún así, no podemos evitar que la cifra de animales en mataderos se multiplique en este momento del año, aunque cada vez somos un colectivo más grande, y eso sí hará el cambio en un futuro tal vez no muy lejano. Tampoco podemos evitar, por ahora, los belenes vivientes con animales reales; las cabalgatas con camellos, dromedarios o caballos; la pirotecnia en Nochevieja o las cajas de regalo debajo de un árbol de las que sale un cachorro el próximo 6 de enero.
Y a todo eso tenemos que sobrevivir en los próximos días. El siguiente reto es la Nochevieja, que de nuevo muchas de nosotras volveremos a pasar con nuestros familiares que prepararán una cena en la que predominarán los animales. Después de la cena, llegarán los fuegos artificiales, y con ello la pesadilla para los perros y gatos con los que convivimos, los que viven en las calles y las aves y otros animales cerca de entornos urbanos.
Cinco días después vendrán las cabalgatas, muchas de ellas con animales. Este año, ciudades como Gijón han optado por organizarlas sin animales, en lo que sin duda ha influido la presión de quienes defendemos a los animales y la mala imagen que transmiten las ciudades que todavía los utilizan en cabalgatas. Tal vez las denuncias en redes sociales, que sin duda volveremos a ver este 2025, sean la única forma de que otros ayuntamientos dejen a los animales en paz el 5 de enero de 2026.
Al día siguiente toca abrir regalos, y aún hay personas que no han comprendido que los animales no lo son porque no son objetos, al igual que no son comida porque no son productos. Y es que el 6 de enero también es un día de reuniones familiares en torno a mesas donde los cuerpos de los animales volverán a estar presentes, y de postre un roscón que suele estar relleno de nata. Ojalá este año se vendan muchos roscones veganos, que saben igual, contienen las mismas sorpresas y no se han explotado animales para hacerlo.
¿Y después? Después se acabó la Navidad hasta el próximo diciembre, aunque puede que desde octubre ya quieran vendernos bombones, polvorones y turrones. Después seguirá la explotación animal, pero también el activismo. A principios de 2025 finaliza el plazo para reunir el medio millón de firmas necesario para que la tauromaquia deje de ser patrimonio cultural. Estamos en la recta final para lograrlo y puede que así 2025 signifique la decadencia definitiva de la tauromaquia en España.


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