Cuánto les molesta a algunas personas que haya menús vegetarianos en los colegios y qué poco se enfadan cuando en los comedores escolares reinan la pasta con tomate, los yogures azucarados y las carnes procesadas; o cuando una vez en casa, sus meriendas consisten en pan con crema de chocolate y gominolas, y sus cenas en pizzas y hamburguesas, productos a los que se les acostumbra desde el carrito. ¿Será esto porque lo que realmente les molesta es que se cuestionen sus costumbres, su normalidad y sus gustos, o aceptar que comer animales no es moralmente aceptable?
No podemos educar a las infancias en el cuidado del planeta sin incluir a los otros animales, o incluyéndolos como meros accesorios de los ecosistemas o como recursos. Porque los animales, además de ser partes fundamentales del equilibrio ambiental, son seres sintientes, y esto es algo que a veces se olvida en los libros de texto, aunque si se lo transmitimos así a los niños y niñas, ¿cómo explicarles después que comer animales es aceptable? Aunque no lo creamos, porque tendemos a menospreciar a la infancia, muchos y muchas se dan cuenta desde edades tempranas de estas contradicciones, e incluso algunos se atreven a plantear el vegetarianismo en casa, sin éxito en la mayoría de los casos. Con éxito, en otros casos en los que eso les puede acarrear bullying, incomprensión o un desprecio (y menosprecio) que a día de hoy sale del círculo de las personas conocidas y se transmite a través de las redes sociales.
Todavía tenemos que desprendernos de muchos prejuicios. Una madre mallorquina acaba de conseguir que su centro escolar permita que su hijo vegano pueda llevar su propia comida de casa, algo que hasta ahora se le impedía, y de hecho se impide por norma en la mayoría de los colegios. El centro seguirá sin opciones veganas en su menú, pero al menos cumplirá con aquello de la conciliación. Los comentarios en redes sociales son espeluznantes, porque llevamos años escuchando las mismas sandeces:
- Que el niño no es vegano, que son los padres. Otra vez menospreciando a los menores, como si muchos niños veganos no hubieran decidido por sí mismos no comer animales. Y los que lo hacen porque en su casa se come cien por cien vegetal, al final no están haciendo nada distinto a lo que hacen otros niños y niñas: comer lo que hay en casa.
- Que la madre debería darle libertad de elección a su hijo. ¿También le damos libertad de elección a los niños omnívoros, o a muchos que plantean no comer carne y se les niega? De nuevo, los niños y niñas comen lo que hay en casa.
- «Que se lleve un táper». El comentario de quienes no han pasado del titular y de quienes ignoran que la mayoría de los colegios no permiten llevarse la fiambrera.
- Que qué barbaridad y que le quiten la custodia a la madre. A lo mejor lo que habría que quitar a algunas personas es la permisividad de poner este tipo de comentarios.
- Que está en peligro la salud del menor y que los niños y niñas en etapa de crecimiento necesitan grasa/proteína animal. ¿Y esto por qué? ¿Porque siempre se ha comido carne? ¿Porque beber un vaso de vino con las comidas es buenísimo para la salud? ¿Porque patatas? Es increíble como a día de hoy las ciencias de la salud ya no ponen en duda que las dietas basadas en plantas pueden ser perfectamente saludables en todas las etapas de la vida, pero aún hay personas que siguen repitiendo que hay que ponerles chuletones a los niños y niñas. Y lo del vaso de vino también.
Mientras tanto, hay alumnos y alumnas sin acceso a sus comedores escolares o con acceso a opciones muy limitadas y que no cubren sus requerimientos nutricionales porque alguien con poder de mando no se ha desprendido de los prejuicios. Y no, no sirve con quitarle la carne picada y el queso a los macarrones con tomate, ni con alimentarse de las patatas fritas que acompañan a los filetes.
Pero los prejuicios no solo los soportamos en los comedores escolares españoles. En todo el mundo han llegado a los tribunales denuncias de madres y padres a los colegios de sus hijas e hijos por este motivo, y tenemos precedentes que han logrado con éxito que los colegios cumplan su obligación de proporcionar a sus alumnos y alumnas una alimentación equilibrada y saludable, independientemente de sus creencias o ética, como en Dinamarca o Estados Unidos, donde la industria láctea es tan fuerte que numerosas escuelas tienen dificultades para incluir alternativas vegetales.
Poco a poco, se van dando pasos. En agosto, se publicó un informe que encontró mejoras notables en los menús escolares de hasta 25 distritos escolares de California en cuanto a su oferta plant-based.
En 2019, solo un 7% de las opciones eran vegetales, mientras que en 2023 la cifra ascendió al 11%. Las escuelas secundarias lideran el camino, con un 56% de ellas con menús basados en plantas todos los días en 2023, en comparación con el 36% de 2019. Pero el número de escuelas primarias que ofrecen opciones semanales basadas en plantas aumentó más del triple, del 16% al 60%. A su vez, el informe encontró una reducción significativa de carnes altamente procesadas y de platos principales con alto contenido en queso desde 2022.
Sin embargo, una cuarta parte de los distritos analizados todavía no ofrecen opciones vegetales. Otra cuarta parte sigue ofreciendo una única opción muy pobre y no siempre vegana, como pan con mantequilla y miel, o con mantequilla de cacahuete y mermelada.
El informe concluye algo que es extrapolable a otros países: necesitamos cambios políticos que velen por las infancias veganas y vegetarianas.


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