¿Para qué sacar las especies extintas de los museos?

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Clonar animales es posible, así como lo son otras muchas prácticas científicas éticamente cuestionables, motivo por el cual no se llevan a cabo a gran escala. Pero la clonación ya es una realidad. En algunos lugares, puedes clonar a tu perro cuando este fallezca, por una suma considerable de dinero, por supuesto. Otra extravagancia más que podría parecer muy bonita, pero que realmente roza lo macabro: por mucho que veas a tu perro reflejado en otro individuo, este no deja de ser eso, otro individuo. Otro individuo con su personalidad y comportamiento, que pueden ser opuestos al de su clon. Otro individuo con sus necesidades, que no tienen necesariamente que ser las mismas que las de su clon. Otro individuo que podría vivir con consecuencias indeseadas de la clonación.

Clonar al animal con el que has compartido tu vida es un acto egoísta, porque al hacerlo estás pensando en ti y en tus deseos, no en ese otro individuo, ni por supuesto en su clon. Tampoco piensas en los miles de perros abandonados que necesitan un hogar, aunque no sean de la misma raza, color o tamaño que te gustaría.

Pero resulta que no solo es posible clonar perros y gatos en base a los deseos de una persona. También lo es la clonación de animales extintos, algo que nos venden como una maravilla, ¿pero para qué traer de vuelta especies extintas? Sigue siendo un acto de ego humano y antropocentrismo. Lo que nos están diciendo es: ¡Mira lo que hemos logrado! o ¡qué especie tan avanzada la humana!, expresiones que pueden traducirse en «somos superiores». ¿Y los animales no humanos, dónde quedan?

Más allá de mostrar al mundo nuestra supuesta superioridad, ¿para qué traer el mundo animales extintos?

Hay muchos motivos por el que una especie puede haberse extinguido. Algunas lo hicieron hace miles de años, por ejemplo por cambios en el clima. La crisis climática actual, provocada por la acción humana a diferencia de los cambios de temperaturas del pasado, también está llevando a la extinción a numerosas especies. La desaparición de otras tiene también que ver con el impacto del ser humano: la caza, la ganadería, la deforestación, la destrucción de hábitats son algunos de los motivos.

Sea cual sea el caso, ¿para qué traer al mundo animales que ya han perdido su hábitat, independientemente de que se extinguieran hace miles de años o ayer? ¿Por qué no centrarse en conservar las especies que no se han extinguido, muchas de las cuales están al borde de hacerlo? En esto último es en lo que deberían enfocarse los recursos científicos, no en traer a mamuts a un mundo totalmente diferente al que dejaron.

Devolver a la vida especies extintas no solo es un acto de ego y antropocentrismo, sino también de irresponsabilidad. ¿Qué impacto podrían tener en los ecosistemas y en el conjunto de la biodiversidad? ¿Qué consecuencias tendría la clonación? ¿O van a ser traídas de vuelta para mantenerlas en zoológicos cosificadas como objetos de exposición? ¿No nos conformamos con exponer sus esqueletos, cuerpos disecados o fotografías en museos?

Además, la clonación de individuos vivos no tendría ningún valor científico, como puede tenerlo la clonación de tejidos u órganos con fines terapéuticos. El único valor de la clonación es el económico que beneficia a ciertos intereses, como el ganadero, por aquello de la productividad y la rentabilidad; o el de la minoría de millonarios que creen que dominan el mundo y tienen a su alcance caprichos como viajar al espacio o clonar a su perro.

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